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domingo, 30 de marzo de 2014

Fiesta de la Encarnación en Paraguay

 

 

 

Misa solemne con la forma extraordinaria del Rito Romano, en la  fiesta de la Encarnación, en la casa de la Fraternidad Arca de Maria, en Ciudad del Este, Paraguay. Celebra el Vicario General, Padre Dominic Carey.

Un saludo a nuestros amigos de Paraguay.

 

Visto en Acción Litúrgica.

El Espíritu Santo no es un titiritero

 

 

 

Desmitificar tópicos sobre el Papa, por lo general vigentes en el catolicismo neoconservador de matriz ultramontana, tiene un coste. Nunca falta la reacción de alguien, más o menos dolido, que viene a recordar al desmitificador algunos puntos de doctrina católica sobre los que pareciera dudar o no tuviera en consideración. Cuando uno lee a estos vengadores anónimos del neoconservadurismo se pregunta qué ideas sobre la Iglesia y el Papa están implícitas en sus comentarios. Intentaremos analizar algunas.

1.- El pontificado no es un sacramento. No se debe pensar en el pontificado como si fuera el bautismo de un adulto que produce un cambio ontológico radical en quien lo recibe, perdonando el pecado original y los pecados personales. El pontificado no es como un segundo bautismo; y si fuera posible hacer la analogía, habría que recordar que el bautismo de adultos no suprime las malas inclinaciones provenientes de la vida pasada del converso. De manera que ningún cardenal es perdonado de sus pecados ni rectificado en sus malas inclinaciones por llegar a ser Papa: conserva intactos su temperamento y su carácter; el conjunto de virtudes intelectuales y morales, y de los vicios que se le oponen, que conforman su segunda naturaleza.

En cuanto al sacramento del orden sagrado el Papa no recibe un cuarto grado del orden, que no existe; no es más que un obispo; y por este título el Papa es igual al resto de los obispos del mundo.

Igual a los obispos en cuanto al orden, la superioridad del Papa está en la potestad de jurisdicción. El Papa no recibe un nuevo sacramento sino un oficio singular: el primado. Es un obispo diocesano –obispo de Roma- con los poderes primaciales. Tampoco se trata de un oficio no episcopal, sino del primado de un obispo (con potestad suprema, plena, inmediata y universal) sobre toda la Iglesia; por ello recibe el nombre de obispo universal u obispo de toda la Iglesia.

2.- El Espíritu Santo asiste al Papa. Una verdad que no se puede negar ni poner en duda. Y sin embargo, cabría decir: “¡Oh, Asistencia!, ¡cuántas tonterías se dicen en tu nombre!

Para no errar desde el principio, se debe entender que el Espíritu Santo asiste a la Iglesia en múltiples formas y no de manera unívoca. En primer lugar, el Paráclito garantiza una Iglesia indefectible hasta la Parusía, lo que pone límites al potencial daño que pudieran causarle los malos papas, pero no imposibilita períodos de decadencia eclesial como la crisis arriana o el actual desastre postconciliar. También, bajo determinadas condiciones estrictas, el Espíritu Santo presta al Papa una asistencia infalible que obsta a que se equivoque en algunos de sus actos: es el carisma ministerial de la infalibilidad, un singular privilegio del sucesor de Pedro. Por ello pudo decir el cardenal Guidi, durante las sesiones del Vaticano I: “no se debe decir que el Papa es infalible, porque no lo es. Lo que hay que decir es que determinados actos del Papa son infalibles”.

Existe una importante cantidad de actos pontificios que cuentan sólo con una asistencia falible, en la que es posible encontrar errores, insuficiencias, olvidos, tensiones, momentos críticos... La mentalidad ultramontana nubla la inteligencia para captar de modo realista esta falibilidad pontificia y produce mitificaciones piadosas que Castellani llamaba fetichismoafricano. Cuando los papas se equivocan, o pecan, no lo hacen porque el Paráclito les niegue su asistencia, sino porque libremente deciden no corresponder a su acción. Tenemos el ejemplo de los dos ladrones del Evangelio, Dimas y Gestas para la tradición, ambos asistidos por Cristo en el momento final de sus vidas. Uno, el buen ladrón, se dejó asistir; el otro, rechazó la ayuda del Señor. Asimismo, el Espíritu Santo nunca dejó de asistir al Papa Juan XXII y sin embargo se equivocó en un punto de doctrina. Parafraseando a Newman, ¿acaso el Paráclito omitió su asistencia divina a san Pedro en Antioquía, cuando san Pablo se le resistió, a San Víctor cuando excluyó de su comunión a las Iglesias de Asia, a Liberio cuando excomulgó a Atanasio, a Gregorio XIII cuando hizo acuñar una medalla en honor de la matanza de la noche de San Bartolomé, a Paulo IV en su conducta con Isabel (de Inglaterra), a Sixto V cuando bendijo la Armada, o Urbano VIII cuando persiguió a Galileo? Los ejemplos de Newman son discutibles en su dimensión histórica, pero lo cierto es que cuando los papas se equivocan, o pecan, lo hacen a pesar y en contra de la asistencia del Espíritu Santo.

3.- El Espíritu Santo respeta la naturaleza de las causas segundas. Dios gobierna el mundo con su Providencia. A los hombres concede Dios incluso el poder participar libremente en su providencia confiándoles la responsabilidad de "someter la tierra y dominarla (Gn. 1, 26-28). Dios da así a los hombres el ser causas inteligentes y libres para completar la obra de la Creación. Se trata de un caso particular del llamado "concurso divino": en las obras de las criaturas concurren la acción propia de la causa segunda (la criatura) y la acción de la causa Primera (Dios). Incluso cuando el Papa defineex cathedra, sin posibilidad de errar, es condición esencial que sea perfectamente libre en su acción, lo que está implicado necesariamente en las condiciones requeridas por el Vaticano I.

En las acciones humanas, el hombre "concurre" como causa inteligente y libre. Dios sabe perfectamente que el hombre es una causa segunda y no cambia la naturaleza humana. La asistencia del Paráclito no hace del Papa un ente carente de libertad, como los animales que obran por instinto, o los entes inanimados que actúan por el determinismo de las leyes físicas. La causalidad divina en la asistencia del Espíritu Santo nunca procede de modo mecánico. Se debe entender que una cosa es que Dios garantice abundantes gracias de estado al Romano Pontífice y otra muy distinta es que mute su naturaleza humana privándola de su libertad: “…fácilmente se comprende que el hombre sea libre bajo la influencia de la gracia… Su libertad se realiza incluso oponiéndose al movimiento que procede de Dios. Pero tampoco la gracia eficaz le empuja como que fuera un trozo de madera o una piedra. En la gracia actual Dios causa la acción del hombre no con causalidad mecánica, sino de forma que el hombre siga siendo libre. Dios llama al hombre y el hombre debe responder libremente, sea consintiendo, sea negándose. Dios se apodera del espíritu humano de forma que sea él mismo quien obra y actúa. Es dogma de fe que el hombre sigue siendo libre bajo la influencia de la gracia actual” (Schmaus).

En conclusión, la asistencia del Paráclito no es causalidad mecánica que haga del Espíritu Santo una suerte de titiritero divino, ni implica correspondencia automática a las gracias de estado de parte del Papa convertido en una marioneta. Si no se entiende esto, se termina en una concepción docetista de la Iglesia –por la cual su parte humana no es real- y en una visión mecanicista de la acción del Paráclito. Todo ello es algo muy alejado de la realidad que puede producir enormes perplejidades.

Fuente: InfoCaótica.

Mons. Juan Straubinger: Reglas católicas para la lectura de la Sagrada Escritura

 

Como poseemos en el magisterio infalible de la Iglesia la próxima y última regla de nuestra fe, la lectura de la Sagrada Escritura no es requisito indispensable para nosotros. Sin embargo, desde los tiempos de los apóstoles hasta las más recientes manifestaciones de las autoridades eclesiásticas, fue inculcado y sigue siendo inculcado el leer y estudiar las Escrituras a fin de profundizar la fe y ampliar y arraigar los conocimientos religiosos, y principalmente, para conocer la persona, vida y doctrina de nuestro Salvador Jesucristo. “Ignora a Cristo quien ignora las Sagradas Escrituras.” (San Jerónimo).

Más aun insiste San Juan Crisóstomo en la lectura del libro divino, por ejemplo en su primera homilía a la Epístola de San Pablo a los romanos: “Como los ciegos se hallan incapaces de ir derecho, así los privados de la luz que resplandece de las Escrituras Divinas, yerran continuamente puesto que caminan en espesas tinieblas.”

¡Ay de los muchos que hoy en día recorren los caminos de un mundo tempestuoso sin la luz del Evangelio!

I. Leamos la Sagrada Escritura con espíritu de fe.

El hombre que vacila en la fe, “es semejante a la ola del mar alborotada y agitada por el viento, acá y allá” (Santiago 1, 6). El hombre de ánimo doble, que está dividido entre Dios y el diablo, es inconstante en todos sus caminos. En vez de enseñarle y consolarle, la palabra de Dios le sirve para su ruina.

¡Cuántas veces Nuestro Señor no ha insistido en la necesidad de la fe!: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase conforme tú lo deseas. Y en la misma hora la hija quedó curada.” (Mat. 15, 28). Negó el médico divino varias veces su ayuda por faltar la fe, por la incredulidad de los suplican­tes. “Tenéis poca fe... si tuviereis fe, como un granito de mostaza, podréis decir a este monte: Trasládate de aquí a allá, y se trasladará y nada os será imposible.” (Mat. 17, 19). Jamás olvidemos el lamento del Señor: “¡Oh raza incrédula y per­versa! ¿hasta cuándo he de vivir con vosotros? ¿hasta cuándo habré de sufriros?” (Mat. 17, 16).

II. Leamos la Sagrada Escritura con espíritu de humildad.

Los misterios del reino de Dios no se revelan a la sabiduría puramente humana, por grande que sea el genio de sus maestros, sino sólo a los humildes. La humildad, la virtud de los pequeños es indispensable, para que el lector de la Biblia saque los valores intrínsecos del libro de los libros. Hay que volver a ser niño; hay que exponerse con espíritu sencillo e inocente a los rayos de la luz que, por falta de nombre adecuado, definimos con el nombre de misterios.

De otro modo no podríamos comprender el espí­ritu del Evangelio, ni aplicarlo a la vida: “En verdad os digo, que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mat. 18, 3). Y para grabar esta amonestación en los corazones de sus discípulos, Jesús llamando a un niño y colocándolo en medio de ellos, les dio una lección más elocuente que todas las palabras.

“Quien se humillase, será ensalzado.” (Mat. 23, 12). Quien con espíritu de niño se acerca a los tesoros de la Sagrada Escritura, los conseguirá. A los demás, los orgullosos y presumidos, los pre­suntuosos y ambiciosos se les cierra la puerta.

Saca, pues, saca, alma mía. El pozo es pro­fundo; y jamás se agotará.

III. Leamos la Sagrada Escritura con el propósito de reformar nuestra vida.

La senda que conduce a la vida eterna, es estrecha, mientras que el camino que conduce a la perdición, es ancho y espacioso (Mat. 7, 13-14). ¿Quién será nuestro guía en la estrecha senda? Abre el Evangelio, lee las Escrituras; medita un ratito sobre las enseñanzas que te brinda el Evangelio en cada página; y encontrarás al guía que te hace falta. La palabra de Dios es uno de los medios más apropiados para nuestra salvación; sólo que debemos ponerla en práctica, como dice Santiago: “Recibid con docilidad la palabra ingerida que puede salvar vuestras almas. Pero habéis de ponerla en práctica, y no sólo escucharla, engañándoos a vosotros mismos. Porque quien se contenta con oír la palabra, y no la practica, este tal será parecido a un hombre que contempla al espejo su rostro nativo y que no hace más que mirarse, y se va y luego se olvida de cómo está.” (Santiago 1, 21-24). El Evangelio es, pues, el espejo en que hemos de contemplar el semblante de nuestra alma, para ver las faltas que la manchan. Si no, somos como aquel hombre olvidadizo que se engaña a sí mis­mo, no sabiendo cuál es su rostro.

Reformar la vida, conformar la conducta a los preceptos del Evangelio; he aquí los frutos más provechosos de la lectura del Evangelio. Leyén­dolo, meditándolo dejamos de ser injustos, menti­rosos, avaros, orgullosos. La palabra de Dios penetra en el alma como una espada de dos filos (Hebr. 4, 12), que ha de apartar a los malos de los buenos; que va a despertar a los ociosos y rechazar a los presuntuosos; que está destinada a humillar a los doctos vanidosos, pero a satis­facer a quien con razón recta y pura busca a Dios y la salud eterna.

¡Ojalá busquemos con toda el alma esa fuente de regeneración moral!

IV. Leamos la Sagrada Escritura todos los días.

¿Por qué todos los días? ¿No bastaría leer la Biblia una sola vez, como los otros libros, y des­pués depositarla en la biblioteca? No, amigo mío. La Sagrada Escritura es un libro de categoría superior, y no como los demás de tu biblioteca, muchos de los cuales, una vez leídos no valen más que el polvo que los cubre.

Hallábase en Alejandría, en Egipto, la más rica biblioteca que se conocía en la antigüedad, una verdadera maravilla de riqueza literaria. Sin em­bargo, los musulmanes cuando ocuparon aquella ciudad, arrojaron al fuego todos los libros de la biblioteca argumentando: o consienten con el corán (libro santo de los musulmanes) o no consienten con él. En el primer caso son superfluos, en el segundo malos.

Hay en realidad un libro de que se podría afir­mar la preeminencia que los secuaces de Mahoma atribuyen al coran. Es la Sagrada Escritura. Por tanto ya León XIII concedió indulgencias a los que leen la Sagrada Escritura: una indulgencia de 300 días para la lectura de quince minutos y una indulgencia plenaria a los que durante un mes observen tan provechosa práctica. Pío X no desea más que la lectura diaria de la palabra de Dios.Benedicto XV repite la misma intimación en la Encíclica llamada de San Jerónimo del 15 de Sept. de 1920: “Toda familia debe acostum­brarse a leerlo y usarlo (el Nuevo Testamento) todos los días.”

V. Leamos la Sagrada Escritura en la familia.

“Donde dos o tres se hallan congregados en mi nombre, allí me hallo yo en medio de ellos.” (Mat. 18, 20). Estas palabras del Señor, además de verificarse constantemente en la comunidad de la Iglesia, siguen cumpliéndose donde quiera que dos o tres se reúnen en nombre de Jesús para la lectura común de la Biblia en la familia. ¡Qué aspecto tan hermoso! El padre, rodeado de sus hijos, leyendo en voz alta el Evangelio, y añadiendo algunas anotaciones que el sentimiento religioso y la responsabilidad paterna le dictan!

La familia que diariamente se reúne pura la lectura de la Biblia, es un pilar del temor de Dios, un fuerte fundamento de la vida religiosa y un dique contra las ideas perversas. “¡Que no haya ninguna familia sin el Nuevo Testamento” Este deseo de Benedicto XV sea para nosotros un precepto. Tan pronto como las familias se pongan a leer la Biblia, el mundo se cambiará, porque de la familia inspirada en la doctrina del Evangelio, surge el renacimiento de la humani­dad, así como la regeneración del cuerpo procede de la célula.

VI. Siete consejos para los lectores de la Sagrada Escritura.

1° Antes de leer, recoge tus pensamientos. Dios, la verdad eterna quiere dialogar contigo fami­liarmente. ¿Hay un honor más alto que conver­sar con Dios?

2° Luego pide al Espíritu Santo la gracia de entender su Palabra. Piensa que el sacerdote antes de leer el Evangelio de la misa, está obli­gado a rezar el “Munda”, el “limpia mi corazón y mis labios”.

No leas demasiado de una vez. La Sagrada Escritura no es una novela. Dios no habla por la multitud de palabras sino más bien mediante la fuerza del espíritu, infusa en las palabras de la Sagrada Escritura.

4° Después de leer hay que meditar los ver­sículos leídos. En otras palabras: no sólo estudiar el contenido sino prestar los oídos a las inspira­ciones de Dios.

Cuando no comprendas lo que lees, consulta las notas añadidas, los comentarios o a un sacer­dote. La Iglesia, y no el lector, es intérprete de la Sagrada Escritura.

Acaba la lectura con una oración y acción de gracias por las ilustraciones que Dios te ha regalado.

Escribe en un cuaderno cuanto quieras gra­bar en la memoria para leerlo repetidas veces. Así se aumenta la eficacia de la Palabra de Dios.

VII. Pongamos el hacha en la raíz.

¿Qué es lo que debemos hacer? preguntaba la gente que salía a Juan el Bautista (Luc. 3, 10). ¿Qué exige de nosotros la situación religiosa de nuestro tiempo y país? “La segur”, responde el Bautista, “está ya puesta en la raíz de los árboles. Así que todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego.” (Luc. 3, 9). Hoy también la gente va a buscar “la salud de Dios.” (Luc. 3, 6). El gran predicador del Jordán necesita sucesores que sin cesar proclamen lo que “la voz en el desierto” proclamaba: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.” (Luc. 3, 4). Voz en el desierto son todos aquellos que tratan de difundir la palabra de Dios transmitida en la Sagrada Escritura.

Dios, quien es el inspirador de toda actividad fecunda, conduzca nuestros pasos, a fin de que de la lectura cotidiana del Evangelio nazcan siempre más beneficios para nuestra alma y para la patria; y que así vaya a cumplirse el dicho del apóstol: Toda escritura inspirada de Dios es propia para enseñar, para convencer, para corre­gir, para dirigir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, y esté apercibido para toda obra buena. (II. Tim. 3, 16-17).

Mons. Dr. Juan Straubinger, Profesor de Sagrada Escritura. Tomado de “El Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo”, Editorial Guadalupe, Bs. As., 1942. Visto en Syllabus, 26-Mar-2014.

Publicado por Stat Veritas

ANTE LAS OPERACIONES DE DESINFORMACIÓN ... ¡SE NECESITA FORMACIÓN!

 

 

 

En otra entrada de nuestro blog (ANC/VER) nos hemos referido al empeño de los agentes del Nuevo Orden Mundial por tergiversar las distintas declaraciones del Papa Francisco. Ello, que lo llevan a cabo a través de los manipuladores de los medios masivos de comunicación, de las redes sociales y de internet, tiene como objetivo la adulteración de nuestra Fe; único escollo para sus macabros planes.

Pero ahora no sólo tergiversan sino que directamente inventan declaraciones que S.S. Francisco nunca ha pronunciado. En efecto, en diciembre del año pasado, el Vaticano, a través del Director de la Sala de Prensa, Padre Federico Lombardi, tuvo que aclarar que Francisco no había abolido el pecado (VER); y a principios de este año nuevamente debieron desmentir las frases de neto contenido herético atribuidas al Papa que circulan por internet (VER).
Pero desgraciadamente estos operadores de la desinformación tienen un aliado, el cual no es otro que la pésima instrucción doctrinal que tiene el católico medio. De otra manera no se explican tales burdas operaciones mediáticas. De seguir así, no nos debe extrañar que un día nos despertemos y veamos en el cartel rojo de Crónica "FRANCISCO CAMBIA EL CREDO" y acto seguido escuchar al locutor recitar el credo del incrédulo ... Sí, aquella irónica genialidad de Castellani que decía:


"Creo en la Nada Todoproductora d'onde salió el Cielo y la Tierra.
Y en el Homo Sápiens su único Hijo Rey y Señor,
Que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de Santa Materia
Bregó bajo el negror de la Edad Media.Fue inquisionado, muerto achicharrado
Cayó en la Miseria,
Inventó la Ciencia
Ha llegado a la era de la Democracia y la Inteligencia.
Y desde allí va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el libre pensante
La Civilización de la Máquina
La Confraternidad Humana
La Inexistencia del pecado,
El Progreso inevitable
La Rehabilitación de la Carne
Y la Vida Confortable. Amén
".


... Y lo peor de todo que muchísimos católicos lo creerían.
Por todo ello, desde la Acción Nacional Católica (ANC) consideramos de suma importancia que todo católico conozca las verdades que debe creer. Y en esa inteligencia estamos convencidos que mediante la difusión y el estudio del "Credo comentado por Santo Tomás de Aquino" podremos contrarrestar tal manipulación; ya que, como lo explica el Padre Alfredo Sáenz S.J. en su estudio preliminar a esta obra, "contiene lo medular de la fe católica en un lenguaje asequible", por lo cual "no requiere previamente del lector un amplio conocimiento de la religión".
En consecuencia, a partir de este lunes 31 de marzo publicaremos semanalmente trece entradas, las cuales constarán del prólogo del Doctor Angélico al Credo y los doce artículos de Fe con sus comentarios.
Para finalizar, hacemos nuestras las palabras del Fr. Aníbal E. Fosbery O.P. en ocasión del prologar el Catecismo Tomista editado por Gladius y Vórtice, "... En estos tiempos en que pululan, detrás de falsos ecumenismos y desvirtuados pluralismos, una relativización de las afirmaciones dogmáticas, estos escritos del Santo Doctor nos pueden ayudar a afirmar la verdad revelada, defender los principios de la Fe y a refutar a los detractores de siempre ...".

Publicado por ANC

viernes, 28 de marzo de 2014

Homilía del Santo Padre en la Basílica de San Pedro

 

 

El Vatican Information Service (VIS) resume una homilía predicada por Francisco hoy, 27 de marzo, ante una audiencia de legisladores italianos. Entre los textos que destaca el servicio informativo oficial de la Santa Sede, cita estas sorprendentes palabras:

“Fue un gran trabajo del Señor quitar del corazón de su pueblo la idolatría, para hacerlo dócil a su palabra. Pero el pueblo seguía este camino por poco tiempo, y luego volvían atrás”.

“De pecadores, pasaron a ser corruptos -ha continuado-. Es muy difícil que un corrupto deje de serlo. El pecador, sí, porque el Señor es misericordioso y nos espera a todos. Pero el corrupto está obsesionado con sus cosas, y aquellos lo eran. Por esto se justificaban, porque Jesús, con su sencillez, pero con la fuerza de Dios, les molestaba. Y poco a poco, terminaron convenciéndose de que debían matar a Jesús y uno de ellos dijo: “Es mejor que un hombre muera por todo el pueblo”.

Pero “se equivocaron de camino. Se resistieron a la salvación del amor del Señor, y así dejaron de lado la fe y pasaron de una teología de fe a una teología del deber: “Tenéis que hacer esto, esto, esto “.... Y Jesús les señala con ese adjetivo tan feo: “¡Hipócritas! Es mucho el peso que oprime la espalda del pueblo. ¿Y vosotros? Ni siquiera les tocáis con un dedo! !Hipócritas¡”. Rechazaron el amor del Señor y este rechazo les llevó a recorrer un camino que no era el de la dialéctica de la libertad que Jesús ofrecía, sino el de la lógica de la necesidad, donde no hay lugar para el Señor...Se convirtió en un tipo de conducta. Hombres de buena educación, pero de malos hábitos. Jesús los llama, “sepulcros blanqueados”. Este es el dolor del Señor, la tristeza de Dios, el lamento de Dios”.

Vatican Information Service

martes, 25 de marzo de 2014

52 aniversario del fallecimiento de Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast)‏

 

 

 

Buenos Aires, 24 de marzo de 2014

Estimados amigos del Instituto Hugo Wast: el viernes 28 de este mes a las 20 se celebrará en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen la Santa Misa en el rito tridentino en conmemoración del 52 aniversario del fallecimiento de Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) y en súplica por el santo descanso de su alma. La celebrará S.E.R. Monseñor Antonio Baseotto, Obispo Emérito Castrense.

Acompañará la celebración el coro Nuestra Señora de la Cristiandad con canto gregoriano y órgano.

Invitamos a ustedes a participar de esta solemne liturgia en latín, vida y ancla de nuestra fe, que desde los primeros siglos de la iglesia acompañó a la evangelización del mundo enamorando a pueblos de las más diversas razas, lenguas y culturas que la hicieron suya, sirviéndoles de sustento y camino de salvación.

Esta fue la misa que conoció y amó Hugo Wast alimentándolo en su fe y acompañándolo en su apostolado en el campo de la literatura y de su vida pública y privada, que lo hiciera merecedor de manos de Su Santidad Pío XI en el año 1935 de la orden Pontificia de San Gregorio Magno máxima distinción otorgada por la Iglesia a un laico en mérito a su testimonio y fidelidad a esta.

Justamente San Gregorio fue el Papa que reorganizó el ritual de esta misa alrededor del año 600 que luego codificara Su Santidad San Pío V en 1570 por mandato del Concilio de Trento con el fundamental propósito de revertir la rebelión protestante desatada por Martín Lutero, implacable enemigo de aquella, quien esencialmente pretendió convertir la celebración de la pasión, muerte y resurrección triunfante de Nuestro Señor Jesucristo, o sea la repetición del sacrificio de la Cruz para la expiación de los pecados sin efusión de sangre y el misterio de la transubstanciación, en una cena conmemorativa y fraterna de prédica, cantos y oraciones.

La riqueza infinita de esta santa misa con sus plegarias, himnos, alabanzas y silencios sobre los misterios divinos que se elevan al cielo en una sola y sublime oración de adoración, de acción de gracias, de pedido y de expiación a la Santísima Trinidad para la salvación de las almas se plasma en el misal que va siguiendo paso a paso las palabras del sacerdote en latín, destacadas paralelamente en castellano para el fácil seguimiento de los fieles.

Reconociendo los dones infinitos de esta liturgia Su Santidad Benedicto XVI publicó en el año 2007 la carta apostólica en forma de Motu Proprio SUMMORUM PONTIFICUM declarando que “… la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, no solamente enriqueció la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad”.

“… el Misal Romano promulgado por san Pío V, y nuevamente por el beato Juan XXIII, debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma «Lex orandi» y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo”.

“Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nunca se ha abrogado, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia”.

Habrá confesores disponibles y se repartirá en la entrada de la iglesia un folletín para el seguimiento de la misa.

María nos da la Eucaristía en oposición al alimento que nos da Eva. María es, además, el sagrario donde ha habitado el Verbo que se ha hecho carne, símbolo de la morada del Verbo en la Eucaristía. El mismo cuerpo de Jesús, nacido de María, es nacido para hacerse Eucaristía.

San Efrén

Doctor de la Iglesia

Guillermo Martínez Zuviría

Presidente

INSTITUTO HUGO WAST

Dirección: parroquia Ntra. Sra. del Carmen: Rodríguez Peña 840, Ciudad de Buenos Aires.

Nueva casa del Instituto del Buen Pastor en Argentina

 

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Con gran alegría me permito hacer de su conocimiento en forma oficial, que el pasado martes 11 de marzo, Monseñor Oscar Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana (Provincia de Buenos Aires), otorgó a nuestro Superior, el Padre Philippe Laguérie, la autorización para erigir canónicamente en su Diócesis una casa del Instituto del Buen Pastor.

Como Superior del Distrito de América Latina, he firmado con él el acuerdo que reglamenta conforme al canon 681 nuestras actividades pastorales dentro de la Diócesis. Dicho acuerdo asigna canónicamente al Instituto del Buen Pastor el Oratorio San Juan de Luz, localizado en Maschwitz, Partido de Escobar, a un costado de la casa que actualmente nos ha sido prestada por una asociación de fieles.

Su Excelencia ha nombrado al Superior de dicha casa, ”capellán para todos los fieles que soliciten la forma extraordinaria del rito romano” (actualmente ejerzo dicho mandato).

Consideramos esta nueva fundación como una extraordinaria y muy prometedora gracia, ya que en esta comunidad existen mas de 250 fieles, además de un colegio con un centenar de niños, de muy buenas y numerosas familias, en los que hay vocaciones potenciales. Sobre todo, estamos ante un nuevo punto de partida para reforzar el desarrollo de nuestro instituto en América Latina, tal y como se ha hecho con nuestra casa de Bogotá, Colombia.

Cuento con las oraciones de todos ustedes para que este apostolado sea un éxito, y los aliento a difundir esta excelente noticia en los diversos medios de comunicación sobre los que ustedes tengan responsabilidad, sobre todo en aquellos de Latinoamérica: el campo de nuestro apostolado en esta parte del mundo puede ser muy amplio, por sus posibilidades de desarrollar aquí nuevos proyectos, además de los que ya están en operación en Brasilia y Sao Paulo.

Confiamos todo esto a la emperadora de las Américas, la Virgen de Guadalupe,

Con mis oraciones y mi bendición,

Padre Matthieu Raffray

Superior del Distrito de América Latina

lunes, 24 de marzo de 2014

24 horas para el Señor: Iglesias abiertas para la confesión en todo el mundo

 

Foto ReinaCani_(CC-BY-NC-ND-2.0)

VATICANO, 18 Mar. 14 / 10:36 am (ACI).- Iglesias de diversas diócesis del mundo abiertas durante 24 horas con la presencia de sacerdotes para que los fieles puedan confesarse: Esa es la propuesta "24 horas para el Señor" que ha lanzado el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, enviada a las diócesis de todo el orbe.

Según la carta, firmada por el presidente del Pontificio Consejo, Mons. Rino Fisichella, "la propuesta se dirige a toda la Iglesia, con la intención de ser capaz de crear una tradición que se repita anualmente el cuarto domingo de Cuaresma".

La idea es que, a partir de las 5:00 p.m. del 28 de marzo, durante 24 horas, al menos una iglesia en cada diócesis permanezca abierta para permitir a todos los que quieran, acercarse a la confesión y a la adoración eucarística.

"La Nueva Evangelización tiene entre sus tareas, que se vuelve cada vez más central, el sacramento de la reconciliación. Por esta razón, se propone hacer la mayor parte de la cuaresma como particularmente adaptado a vivir la experiencia de evangelización a la luz de la confesión", escribió el Arzobispo Fisichella.

Y como no podía ser de otra manera, también en Roma se vivirá esta jornada. El viernes 28 de marzo a las 5:00 pm., el Santo Padre presidirá la solemne liturgia penitencial en la basílica de San Pedro, durante la cual él mismo confesará a algunas personas.

Las iglesias de Santa María en Trastevere, Santa Inés y la de los Santísimos Estigmas estarán abiertas hasta altas horas de la noche para la adoración eucarística y para celebrar el sacramento de la reconciliación. Asimismo, el sábado 29 de marzo desde las 10:00 a.m. y hasta las 4:00 p.m., la Iglesia de Santa Inés estará abierta para la adoración eucarística y para las confesiones.

Son tres iglesias que se encuentran en las zonas más frecuentadas por los jóvenes por las noches. Así, en estos tres puntos de la ciudad habrá algunos jóvenes pertenecientes a distintas realidades invitando a otros jóvenes a entrar a las iglesias.

Finalmente, a las 5:00 p.m. tendrá lugar la celebración conclusiva de acción de gracias con las vísperas del IV domingo de cuaresma presididas por Mons. Rino Fisichella en la iglesia de Santo Espíritu en Sassia.

La iniciativa nace, explica el Prelado en una entrevista realizada por el diario italiano Avvenire, porque "por un lado está la preciosa contribución del Sínodo sobre la nueva evangelización, durante el cual muchos padres sinodales han recordado la importancia de la reconciliación, sacramento ‘hermano’ del bautismo.

Por otro, "está el constante mensaje de misericordia que el Papa Francisco casi cotidianamente dirige a la Iglesia". Por esto, señala, "hemos pensado que quizá es útil en el período de cuaresma ofrecer un momento para la reconciliación con Dios y consigo mismo".

Fuente: aciprensa.com

Católicos rusos y ucranianos piden a Francisco que consagre a Rusia al Inmaculado Corazón de María

 

 

 

 

Solicitud de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María

Santidad,
Hoy el mundo está de nuevo al borde de un conflicto global y de la guerra, y este conflicto está profundamente centrado en Rusia. Nuestra Señora de Fátima habló muy seriamente acerca de Rusia, y por lo tanto Ella demostró su gran amor y preocupación por este país. Es solamente el Corazón Inmaculado de María que puede finalmente ganar el corazón de Rusia y traer la paz al mundo.

Sin embargo, Ella hizo que esa victoria dependiera del Obispo de Roma, el Santo Padre y todos los Obispos de la Iglesia Católica. Por lo tanto, ahora es especialmente importante recordar el pedido de Nuestra Señora de Fátima de consagrar Rusia a Su Inmaculado Corazón exactamente de la manera que Ella describió a la Hermana Lucía en 1929. Esta consagración de Rusia fue intentada muchas veces por vuestros predecesores, pero desafortunadamente tenemos serias razones para creer que ninguna de esas consagraciones obedece plenamente las explícitas direcciones de la Santísima Virgen a la Hermana Lucía.

Nosotros, los suscritos Católicos de Rusia, Ucrania y otros países, pedimos a Su Santidad hacer el acto de consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María en unión con todos los obispos católicos del mundo, citando directa y exactamente a Rusia como lo pidió la Santísima Virgen María. Es solo por este medio que Rusia puede convertirse y el mundo puede tener paz. Usted debe actuar ahora Santo Padre. No tarde. Sus hijos en Rusia y Ucrania le imploran que por favor obedezca a la Madre de Dios, la Reina del Cielo, Nuestra Señora de Fátima. Rezamos por usted siempre.

Que el Inmaculado Corazón de María lo guíe y lo proteja.


Original en Ruso

Просьба ко всем католикам и сочувствующим подписать и обеспечить максимальный репост!

Обращение к Папе Римскому Франциску

Подписать обращение можно на сайте, который прикреплен снизу

Ваше Святейшество!

Сегодня мир вновь стоит на пороге глобального конфликта и войны – и в центре этого конфликта находится Россия. Богородица в Фатиме очень серьезно говорила о России, показав свою великую любовь и заботу об этой стране. Только Непорочное Сердце Девы Марии может окончательно обратить Россию и принести мир всему миру.

Однако, как сказала Богородица, эта победа зависит от Святейшего Отца, Папы Римского и всех епископов Католической Церкви. Поэтому сейчас особенно важно вновь напомнить о призыве Богородицы в Фатиме посвятить Россию Ее Непорочному Сердцу в точности так, как Она просила об этом во время явлений сестре Лусии в 1929 году.

Попытки посвящения России предпринимались уже несколько раз Вашими предшественниками, однако, к сожалению, у нас имеются серьезные основания полагать, что ни одна из этих попыток не отвечала в полной мере условиям, ясно выраженным Богородицей сестре Лусии.

Мы, нижеподписавшиеся католики России, Украины и других стран просим Ваше Святейшество произвести вместе с католическими епископами всего мира акт посвящения России Непорочному Сердцу Пресвятой Девы Марии, прямо и открыто упомянув Россию, как того и просила Богородица. Только посредством этого Россия обратится и наступит мир. Вам нужно действовать прямо сейчас, дорогой Святейший Отец! Не медлите. Ваши сыновья и дочери России и Украины молят вас послушаться Божью Матерь, Царицу Небесную, Богородицу Фатимскую! Мы всегда молимся о вас.

Пусть Непорочное Сердце Пресвятой Девы Марии защищает и направляет Вас!

Fuente: Católicos Rusos

lunes, 17 de marzo de 2014

Cardenal Caffarra, sobre el sacramento del matrimonio

 

 

El cardenal y arzobispo de Bolonia, S.E.R Carlo Caffarra, aborda en una entrevista para Il Foglio los temas del orden del día del Sínodo extraordinario de octubre y del Sínodo ordinario del 2015: matrimonio, familia, doctrina de la Humanae Vitae, penitencia. El prelado italiano critica las palabras del cardenal Kasper sobre el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar y advierte que Juan Pablo II indicó que la potestad papal no puede dar ningún tipo de legitimidad a una segunda unión mientras permanezca el vínculo matrimonial, que es indisoluble.

 

La Familiaris Consortio de Juan Pablo II se encuentra en medio de un fuego cruzado. Por una parte se dice que es el fundamento del Evangelio de la familia, por otra que es un texto superado. ¿Cabe pensar en una actualización?

Si hablamos de la ideología de género y del denominado «matrimonio» homosexual, es verdad que en los años de la Familiaris Consortio no se hablaba de ello. Pero de todos los demás problemas, sobre todo de los divorciados vueltos a casar, se habló largamente. De esto soy testigo directo, porque fui uno de los consultores del Sínodo de 1980. Decir que la Familiaris Consortio ha nacido en un contexto histórico completamente distinto del actual no es verdad. Después de matizar esto, puedo decir antes que nada que la FC nos ha enseñado un método con el que se deben afrontar las cuestiones sobre el matrimonio y la familia. Usando ese método la Familiaris Consortio ha llegado a una doctrina que sigue siendo un punto de referencia ineludible. ¿Cuál es el método? Cuando preguntan a Jesús en qué condiciones era lícito el divorcio no se discutía en ese momento sobre la licitud como tal; Jesús no entra en la problemática casuística de la que nacía la pregunta, sino que indica en qué dirección se debía mirar para entender qué es el matrimonio y en consecuencia cuál es la verdad de la indisolubilidad matrimonial. Fue como si Jesús hubiera dicho: «Mirad que debéis salir de esta lógica casuística y mirar en otra dirección: la del «Principio». Es decir: debéis mirar allá donde el hombre y la mujer vienen a la existencia, en la verdad plena de su ser hombre y mujer llamados a ser una sola carne. (…)

¿Cuál es el significado más profundo y actual de la Familiaris Consortio?

«Por tener ojos capaces de conservar la luz del Principio», la Familiaris Consortio afirma que la Iglesia tiene un «sentido sobrenatural de la fe» que no consiste única o necesariamente en el consenso de los fieles. «La Iglesia, siguiendo a Cristo, busca la verdad que no siempre coincide con la opinión de la mayoría. Escucha a la conciencia y no al poder, en lo cual defiende a los pobres y despreciados. La Iglesia puede recurrir también a la investigación sociológica y estadística, cuando se revele útil para captar el contexto histórico dentro del cual la acción pastoral debe desarrollarse y para conocer mejor la verdad; no obstante tal investigación por sí sola no debe considerarse, sin más, expresión del sentido de la fe» (FC 5). He hablado de «verdad del matrimonio». Querría precisar que esta expresión no indica una norma ideal del matrimonio. Indica lo que Dios con su acto creador ha inscrito en la persona del hombre y de la mujer. Cristo dice que antes de considerar los casos, conviene saber de qué cosa estamos hablando. No estamos hablando de una norma, que admita o no excepciones, de un ideal hacia el cual haya que ir. Estamos hablando de qué es el matrimonio y qué es la familia. (…) La Exhortación describe el sentido más profundo de la indisolubilidad matrimonial (FC 20). La Familiaris Consortio representa un desarrollo doctrinal grandioso, hecho posible también gracias al ciclo de catequesis de Juan Pablo II sobre el amor humano (…), dirigiendo su atención a las raíces profundas. (…) Y no ha ignorado los problemas concretos. Ha hablado también del divorcio, de las parejas de hecho, del problema de la admisión a la Eucaristía de los divorciados vueltos a casar. Por tanto la imagen de una Familiaris Consortio que pertenece al pasado, que no tiene nada que decir en el presente, o es una caricatura o es lo que consideran personas que no la han leído.

Muchas conferencias episcopales han destacado que las respuestas a los cuestionarios en preparación de los dos próximos Sínodos muestran que la doctrina de la Humanae Vitae ya sólo crea confusión. ¿Es así, o ha sido un texto profético?

El 28 de junio de 1978, algo más de un mes antes de morir, Pablo VI decía: «Por la Humanae Vitae, daréis gracias a Dios y a mí». Después de 46 años, veamos sintéticamente qué ha sucedido a la institución matrimonial y nos daremos cuenta de cómo aquel documento fue profético. Negando la conexión inseparable entre la sexualidad conyugal y la procreación, es decir negando la enseñanza de la Humanae Vitae, se ha abierto el camino a la recíproca desconexión entre la procreación y la sexualidad conyugal: «from sex without babies to babies without sex» (NdR «del sexo sin niños al niños sin sexo»). Se ha ido oscureciendo progresivamente que el fundamento de la procreación humana está en el amor conyugal, y se ha construido gradualmente la ideología de que cualquiera puede tener un hijo, el hombre o la mujer solteros, los homosexuales, incluso mediante la «maternidad subrogada». Se ha pasado por tanto de la idea del hijo esperado como un don al hijo programado como un derecho: se dice que existe el derecho a tener un hijo. (...) Esto es increíble. Yo tengo el derecho a tener cosas, no personas. Se ha ido progresivamente construyendo un código simbólico, ético y jurídico, que relega la familia y el matrimonio a la pura afectividad privada, sin importar sus efectos en la vida social.

La pregunta que hay que hacerse no es si la Humanae Vitae es aplicable hoy o hasta qué punto es aplicable o si solo crea confusión. La pregunta qué conviene hacerse es ¿la Humanae Vitae dice la verdad sobre el bien propio de la relación conyugal? ¿Dice la verdad acerca del bien que está presente en la unión de las personas de los dos cónyuges en el acto sexual? En efecto, la esencia de las proposiciones normativas de la moral y del derecho se encuentra en la verdad del bien que en ellas es objetivada. Si no se razona con esta perspectiva, se cae en la casuística de los fariseos. Y ya no se vuelve a salir, porque se entra en un callejón al final del cual se encuentra la obligación de elegir entre la norma moral y la persona. Si se salva una, no se salva la otra. La pregunta del pastor es por tanto la siguiente: ¿cómo puedo orientar a los cónyuges para que vivan su amor conyugal en la verdad? El problema no es verificar si se encuentran en una situación que les exime de una norma, sino cuál es el bien de la relación conyugal. Cuál es su verdad íntima. Me sorprende que alguno diga que la Humanae Vitae crea confusión. ¿Qué quiere decir? ¿Conocen la fundamentación que ha hecho Juan Pablo II de laHumanae Vitae?

Añado una consideración. Me maravilla profundamente el hecho de que, en este debate, ni siquiera eminentísimos cardenales tengan en cuenta las 134 Catequesis sobre el amor humano. Nunca un Papa había hablado tanto de esto. Ese magisterio es ignorado, como si no existiese. ¿Crea confusión? Quien afirma esto ¿está al corriente de cuánto se ha hecho en el plano científico sobre la regulación natural de la concepción? ¿Está al corriente de innumerables parejas que en el mundo viven con alegría la verdad de la Humanae Vitae?

El Cardenal Kasper subraya también que hay grandes expectativas en la iglesia respecto al Sínodo y que se corre el riesgo de «una pésima desilusión» si aquellas fueran desatendidas. ¿Es un riesgo real, a su juicio?

No soy profeta ni soy hijo de profetas. Ocurre algo admirable. Cuando el pastor no predica opiniones suyas o del mundo, sino el Evangelio del matrimonio, sus palabras golpean los oídos de los que escuchan, pero en su corazón entra en acción el Espíritu Santo abriéndolo a las palabras del pastor. Me pregunto además de qué expectativas estamos hablando. Una gran cadena de televisión de Estados Unidos ha realizado una encuesta en comunidades católicas por todo el mundo, que refleja una realidad muy diferente de las respuestas al cuestionario registradas en Alemania, Suiza y Austria. Un solo ejemplo. El 75 por ciento en la mayoría de los países africanos es contrario a la admisión a la Eucaristía de los divorciados vueltos a casar. Repito de nuevo: ¿de qué expectativas estamos hablando? ¿De las del occidente? ¿Es entonces occidente el paradigma fundamental sobre el que la Iglesia debe evangelizar? ¿Así estamos todavía? Vayamos y escuchemos también un poco a los pobres. Me quedo muy perplejo y pensativo cuando se dice que si no se avanza en una cierta dirección sería mejor no haber convocado el Sínodo. ¿En qué dirección? ¿La dirección que, según se dice, han indicado las comunidades de centroeuropa? ¿Y por qué no en la dirección indicada por las comunidades africanas?

El Cardenal Müller ha dicho que es terrible que los católicos no conozcan la doctrina de la Iglesia y que esta carencia no puede justificar la exigencia de adecuar la enseñanza católica al espíritu de nuestro tiempo. ¿Se echa en falta una pastoral familiar?

Ha faltado esa pastoral. Es una gravísima responsabilidad de nosotros los pastores reducir todo a los cursos prematrimoniales. ¿Y la educación de la afectividad de los adolescentes, de los jóvenes? ¿Qué pastor de almas habla hoy de castidad? Un silencio casi total, desde hace años, por lo que yo conozco. Fijémonos en el acompañamiento de las parejas jóvenes: preguntémonos si hemos anunciado de verdad el Evangelio del matrimonio, si lo hemos anunciado como pidió Jesús. Y además, ¿por qué no nos preguntamos por qué los jóvenes ya no se casan? No siempre es por razones económicas, como se suele decir. Hablo de la situación en Occidente. Si se hace una comparación con los jóvenes que se casaban hasta hace treinta años, las dificultades que tenían no eran menores de las de hoy. Pero aquellos construían un proyecto, tenían una esperanza. Hoy tienen miedo y el futuro da miedo; pero si hay una decisión que exige esperanza en el futuro, es la decisión de casarse. Estas son las preguntas fundamentales, hoy. Tengo la impresión de que si Cristo se presentase de pronto en una reunión de sacerdotes, obispos y cardenales que discuten sobre todos los graves problemas del matrimonio y la familia, y le preguntaran como hicieron los fariseos: «Maestro, ¿pero el matrimonio es disoluble o indisoluble? ¿O en algunos casos, después de una debida penitencia...?». ¿Qué respondería Jesús? Pienso que la misma respuesta que dio a los fariseos: «Mirad al Principio».

El hecho es que ahora se quieren curar los síntomas sin afrontar seriamente la enfermedad. El Sínodo, por tanto, no podrá evitar tomar posición frente a este dilema: la forma en que se está modificando la morfología del matrimonio y de la familia es positivo para la persona, para sus relaciones y para la sociedad, o más bien lleva a la decadencia de la persona, de sus relaciones, lo que puede tener efectos devastadores sobre toda una civilización? El Sínodo no puede evitar esta pregunta.

Se habla de la posibilidad de readmitir a la Eucaristía a los divorciados vueltos a casar. Una de las soluciones propuestas por el Cardenal Kasper toma en consideración un período de penitencia que lleve al pleno acercamiento. ¿Es una necesidad ya ineludible o es una adecuación de la enseñanza cristiana según las circunstancias?

Quien hace esa hipótesis, al menos hasta ahora no ha respondido a una pregunta muy sencilla: ¿qué pasa con el primer matrimonio rato y consumado? Si la Iglesia admite a la Eucaristía, debe dar en cualquier caso un juicio de legitimidad de la segunda unión. Es lógico. Pero los Papas siempre han enseñado que la potestad del Papa no alcanza a esto: sobre el matrimonio rato y consumado el Papa no tiene ningún poder. La solución que se ha propuesto lleva a pensar que permanece el primer matrimonio, pero hay también una segunda forma de convivencia que la Iglesia legitima. En consecuencia, hay un ejercicio de la sexualidad humana extraconyugal que la Iglesia considera legítimo. Pero con esto se niega la columna que sostiene la doctrina de la Iglesia sobre la sexualidad. Y entonces uno podría preguntarse: ¿y por qué no se aprueban las uniones de hecho? ¿Y por qué no las relaciones entre homosexuales? La pregunta de fondo es por tanto sencilla: ¿qué pasa con el primer matrimonio? Pero nadie responde. Juan Pablo II decía en el año 2000 en una alocución a la Rota que «se deduce claramente que el Magisterio de la Iglesia enseña la no extensión de la potestad del Romano Pontífice a los matrimonios sacramentales ratos y consumados como doctrina que se ha de considerar definitiva, aunque no haya sido declarada de forma solemne mediante un acto de definición» (NdR. n.6 de la Alocución). La fórmula es técnica, «doctrina que se ha de considerar definitiva» y quiere decir que sobre esto no se admite la discusión entre los teólogos y la duda entre los fieles.

Entonces, ¿no es una cuestión sólo de praxis, sino también de doctrina?

Sí, en esto se toca la doctrina. Inevitablemente. Se puede decir que no se hace, pero se hace. Y no sólo eso. Se introduce una costumbre que con el tiempo asienta esta idea en el pueblo, no solo cristiano: no existe ningún matrimonio absolutamente indisoluble. Y esto ciertamente va contra la voluntad del Señor. No hay ninguna duda sobre esto.

¿Pero no existe el riesgo de considerar el sacramento solo como una especie de barrera disciplinar y no como un medio de curación?

Es verdad que la gracia del sacramento también sana, pero conviene ver en qué sentido. La gracia del matrimonio sana porque libra al hombre y a la mujer de su incapacidad de amarse para siempre con toda la plenitud de su ser. Esta es la medicina del matrimonio: la capacidad de amarse para siempre. (...). La indisolubilidad matrimonial es un don que hace Cristo al hombre y a la mujer que se casan en Él. Es un don, no es ante todo una norma que viene impuesta. No es un ideal al que deben intentar llegar. Es un don y Dios no se arrepiente nunca de sus dones. Por eso Jesús, respondiendo a los fariseos, basa su respuesta revolucionaria en un acto divino: «Lo que Dios ha unido», dice Jesús. Es Dios quien une, de lo contrario el carácter definitivo sería solo un deseo que es natural pero imposible de hacerse realidad. Dios mismo lo cumple. El hombre puede también decidir no usar esta capacidad de amar definitivamente y totalmente. (...) El matrimonio, el sacramento del matrimonio produce inmediatamente un vínculo que ya no depende de la voluntad de los cónyuges, porque es un don que Dios les ha hecho. Estas cosas hoy no se dicen a los jóvenes que se casan. Y luego nos asombramos de que suceda lo que sucede.

Se ha iniciado un debate apasionado sobre el sentido de la misericordia. ¿Qué valor tiene esta palabra?

Tomemos la página de Jesús y la adúltera. Para la mujer descubierta en adulterio, la ley de Moisés era clara: debía ser lapidada. Los fariseos en efecto preguntan a Jesús qué piensa sobre esto (...). Si hubiera dicho «lapidadla», enseguida habrían afirmado «ya veis, predica la misericordia, come con los pecadores, y a la hora de la verdad también dice que hay que lapidarla». Si hubiera respondido «no debéis lapidarla», habrían dicho «a esto lleva la misericordia, a destruir la ley y todos los vínculos jurídicos y morales». Esta es la típica perspectiva de la moral casuística, que te lleva inevitablemente a un callejón al final del cual está el dilema entre la persona y la ley. Los fariseos querían llevar al Señor a ese callejón. Pero Él sale totalmente de esa perspectiva, y dice que el adulterio es una gran mal que destruye la verdad de la persona humana que traiciona. Y precisamente porque es un gran mal, Jesús, para quitarlo, no destruye a la persona que lo ha cometido, sino que la cura de este mal y le recomienda que no vuelva a caer en él. «Tampoco yo te condeno, vete y no peques más». Esta es la misericordia de la que solo el Señor es capaz.

Esta es la misericordia que la Iglesia anuncia desde siempre. La Iglesia debe decir qué es lo que está mal. Ha recibido de Jesús el poder de curar, pero en las mismas condiciones. Es verdad que el perdón siempre es posible: lo es para el asesino, lo es también para el adúltero. Era una dificultad que planteaban los fieles a San Agustín: se perdona el homicidio, pero la víctima no resucita. ¿Por qué no perdonar el divorcio, este estado de vida, el nuevo matrimonio, cuando ya no es posible que el primero «reviva»? Pero es algo completamente diferente. En el homicidio se perdona a una persona que ha odiado a otra hasta matarla físicamente, y se pide el arrepentimiento de esto. (...) En el caso del divorciado vuelto a casar, la Iglesia dice: «este es el mal, el rechazo del don de Dios, la voluntad de despreciar el vínculo puesto por el mismo Señor».

La Iglesia perdona, pero con la condición de que haya arrepentimiento. Pero el arrepentimiento significa volver al primer matrimonio. No es serio decir: estoy arrepentido pero permanezco en la misma situación que constituye la ruptura del vínculo de la cual me arrepiento. A menudo –se dice- no es posible. Hay muchas circunstancias, es cierto, pero en esas condiciones la persona está en un estado de vida objetivamente contrario al don de Dios.. La Familiaris Consortio lo dice explícitamente su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía» (FC 84). La misericordia de la Iglesia es la de Jesús, la que dice que ha sido desfigurada la dignidad del esposo, el rechazo del don de Dios. La misericordia no dice: «Paciencia, intentemos poner remedio como podamos». Esta es la tolerancia, esencialmente diversa de la misericordia. La tolerancia deja las cosas como están por razones superiores. La misericordia es el poder de Dios, que saca del estado de injusticia.

(…)

Uno de los temas más citados por quien desea una apertura de la Iglesia a las personas que se encuentran en situaciones irregulares es decir que la fe es una, pero los modos para aplicarla a las circunstancias particulares se deben amoldar a los tiempos, como ha hecho siempre la Iglesia. ¿Qué piensa usted?

¿Puede limitarse la Iglesia a ir allí donde la lleven los procesos históricos como si fueran derivaciones naturales? ¿En esto consiste anunciar el Evangelio? Yo no lo creo, porque en ese caso me pregunto cómo se hará para salvar al hombre. Le cuento un episodio. Una esposa todavía joven, abandonada por su marido, me dice que vive la castidad pero le cuesta un esfuerzo terrible. Porque, dice, «no soy una monja, sino una mujer normal». Pero me dice que no podría vivir sin la Eucaristía. Y por eso también el peso de la castidad es ligero, porque piensa en la Eucaristía. Otro caso. Una señora con cuatro hijos ha sido abandonada por su marido después de veinte años de matrimonio. La señora me dice que en aquel momento ha entendido que debía amar a su marido en la cruz, «como Jesús ha hecho conmigo». ¿Por qué no se habla de estas maravillas de la gracia de Dios? ¿Estas dos mujeres no se han amoldado a los tiempos? Ciertamente no se han amoldado a los tiempos. Le aseguro que me causa una gran pena comprobar el silencio, en estas semanas de discusión, sobre la grandeza de las esposas y esposos que, abandonados, permanecen fieles. (...)

Cuántos párrocos y obispos podrían contar episodios de fidelidad heroica. Después de un par de años de estar aquí en Bolonia, quise reunir a los divorciados vueltos a casar. Eran más de trescientas parejas. Hemos estado juntos toda una tarde de domingo. Al final, más de uno me dijo que había entendido que la Iglesia es verdaderamente madre cuando impide recibir la eucaristía. No pudiendo recibir la eucaristía, comprenden qué grande es el matrimonio cristiano, y que hermoso es el Evangelio del matrimonio.

Cada vez con más frecuencia se habla de la relación entre el confesor y el penitente, así como de una posible solución para el sufrimiento de quien ha visto fracasar el propio proyecto de vida. ¿Qué piensa sobre esto?

La tradición de la Iglesia ha distinguido siempre –distinguido, no separado– su tarea magisterial del ministerio del confesor. Usando una imagen, podríamos decir que ha distinguido siempre el púlpito del confesionario. Una distinción que no significa doblez, sino que la Iglesia en el púlpito, cuando habla del matrimonio, da testimonio de una verdad que no es ante todo una norma o un ideal. En ese momento interviene con amor el confesor, que dice al penitente: «Lo que has escuchado en el púlpito, es tu verdad, que tiene que ver con tu libertad, herida y frágil». El confesor conduce al penitente en camino hacia la plenitud de su bien. (...) El drama del hombre no radica en pasar de lo universal a lo singular. Radica en la relación entre la verdad de su persona y su libertad. Este es el núcleo del drama del hombre, porque yo con mi libertad puedo negar lo que acabo de afirmar con la razón. Veo el bien y lo apruebo, y luego hago el mal. Este es el drama. El confesor se sitúa dentro de este drama, no en el mecanismo universal-particular. Si lo hiciese inevitablemente caería en la hipocresía y diría: «de acuerdo, esta es la ley universal, pero como tu te encuentras en estas circunstancias, no estás obligado». (…) Hipócritamente, el confesor habría promulgado otra ley, al lado de la predicada en el púlpito. ¡Esto es hipocresía! ¡Qué daño se causa si el confesor no recordase ya a la persona que se encuentra ante él que estamos en camino! Se correría el riesgo, en nombre del Evangelio de la misericordia, de hacer vano el Evangelio de la misericordia. (...) Al final el hombre podría convencerse de que no está enfermo, y que entonces no tiene necesidad de Jesucristo. Uno de mis maestros, gran profesor de derecho canónoco, decía que cuando se entra en el confesionario no hay que seguir la doctrina de los teólogos, sino el ejemplo de los santos.

© - FOGLIO QUOTIDIANO

Matteo Mateuzzi (intervista al Cardenal Caffarra en Il Foglio, 15 de marzo de 2014)

El Cardenal Caffarra es arzobispo de Bolonia. Fundó en 1980, por mandato de Juan Pablo II, el Pontificio Instituto Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia.

InfoCatólica. Traducción al español

domingo, 16 de marzo de 2014

EL PURGATORIO DE SAN PATRICIO EN LOUGH DERG

 

Irlanda es una nación que fue muy católica, pero que está en crisis espiritual con el debilitamiento de la fe, disminución de la asistencia a la iglesia, escándalos de abusos y vocaciones escasas. Tuvo un gran santo como San Patricio y uno de sus legados fue el hoy peregrinaje “Purgatorio de San Patricio”, anclado en la leyenda de que la penitencia allí puede acortar los días del pugatorio luego de la muerte.  Aún podemos pensar que Irlanda tiene un sustrato católico que permanece. Está el santuario de Knock, uno de los más famosos lugares de apariciones. A la entrada de muchos pueblos de Irlanda hay una gruta de Lourdes. Hay una estatua de María en los aeropuertos. Hay también espléndidas catedrales.

 
EL PURGATORIO DE SAN PATRICIO EN LOUGH DERG

Poco conocida es la conexión entre Irlanda – y San Patricio – con el profundo misticismo de purgatorio.

En el condado de Donegal, al noroeste de Irlanda está uno de los más misteriosos de estos enlaces. Esto está en el “lago sagrado” de Lough Derg, un paisaje sombrío de  bosques de coníferas y lleno de ciénagas – donde, según la leyenda, el santo se quedó como testimonio de la verdad de su fe.

Fue aquí, según las historias (los escépticos difieren), que Patricio tuvo visiones del cielo, el infierno y el purgatorio.

Lough Derg está rodeado de montañas y puede llegarse por una sola ruta. El lago es grande y cubre una superficie de 2200 acres, posee 13 millas de perímetro y está situado a 450 pies sobre el nivel del mar. En este lago se encuentran muchas islas – más de doscientas – pero una tiene una característica particular.

Se trata de una isla muy pequeña (solo dos acres) llamada Station Island y en ella se alza un lugar de peregrinación y de penitencia, que lleva el nombre de “El Purgatorio de San Patricio” (Saint Patrick´s Purgatory).

En esta Isla, hace más de 1500 años San Patricio hizo penitencia por el pueblo irlandés, lucho y venció a los druidas paganos de la zona, expulsó a las serpientes de la isla y se le concedió la gracia de ver el purgatorio.

Desde aquel momento, de manera interrumpida aquí han acudido y aún acuden los fieles irlandeses, especialmente los jóvenes, con el solo fin, a ejemplo del Santo Patrono, de hacer penitencia.

 
UNA ENTRADA AL INFRAMUNDO

Hay tres grandes leyendas. Una conectada a San Patricio sostiene que la Estación de la Isla (o simplemente “Lough Derg”, como se le conoce comúnmente) es un lugar donde el “valiente y virtuoso” puede descender a la cueva y experimentar los secretos de la región más allá de la tumba.

En esta pequeña isla, se dijo, había una entrada al inframundo.

Uno de los relatos más antiguos que sobreviven data de 1186.

“Giraldus Cambrensis escribió en Topografía de Irlanda que la Isla de los Santos era visitada tanto por espíritus buenos y por espíritus malignos. Cada uno estaba presente en una parte de la isla. Describió la parte mala de la isla, cubierta de peñascos escarpados. Contenía nueve hoyos y los que se quedaban durante la noche eran atormentados en uno de ellos“.

La parte noroeste se llama Kernagh y significa “Isla de Clamor”. Aquí, se dijo, en la época medieval, era la residencia de satanás y sus satélites.

Vemos, pues, que de hecho es un lugar no sólo de penitencia, sino de guerra espiritual que a menudo la acompaña.

En la parte suroeste del islote hay un área llamada “Regles” que se dedica a los ángeles.

 
LA PURGACIÓN EN LA TIERRA

La leyenda dice que el purgatorio puede ser probado e incluso visitado aquí y que con la penitencia adecuada el alma de un individuo puede ser purgada de las manchas del pecado.

“El peregrino podría volver a la vida otra vez, pero no tendría que revisitar el purgatorio después de la muerte“, es la creencia de los muchos penitentes – tantos como 32.000 al año – que visitan la fría isla azotada por el viento.

Tan intensa es la penitencia, de hecho, que los peregrinos deben ser mayores de 14 años de edad, y sin discapacidad. ”La naturaleza de las penitencias excluye a los que estan bajo cuidado del médico y a los ancianos”, dice un letrero. Los turistas no son bienvenidos y las cámaras están en realidad prohibidas.

La penitencia no es para los débiles de corazón, hay fuerte mortificación física como caminar descalzo y privarse de comida y sueño.

 
EL PEREGRINAJE

Hay una de un día de ayuno en el que se permite comida ligera y calzado, pero la isla es famosa por la de tres días de ayuno a pan duro y té con azúcar, café o sopa Lough Derg (agua caliente con sal o pimienta para añadir el gusto). Algunos han hecho esto tanto tiempo como 9 o 15 días.

Los cristianos llegan a Lough Derg a rezar, a ayunar, a hacer una noche de vigilia, a repetir oraciones que se remontan a los tiempos de San Patricio y que desde el siglo XV han quedado ya establecidas, a recibir los sacramentos, a confesarse y a renovar su vida cristiana.

“Al llegar a la isla, los peregrinos se quitan los zapatos y las medias y no se los ponen de nuevo hasta la mañana del tercer día, justo antes de salir”, dice un historiador, John Cunnigham.

“La grava y arena se pega a los pies de los peregrinos y los agudos peñascos del macizo penitencial pueden producir agonía en los blandos y suaves del pies de la persona moderna, pero es todo parte de la penitencia. Hay una gran nivelación de ricos y pobres, de sofisticados y campesinos”.

El macizo penitencial de la isla está en los restos circulares de celdas de monjes de un metro de alto, que tiene una entrada y una cruz en el centro. El peregrino rodea el macizo rezando, entonces se arrodilla en la entrada, pasea por el interior y se arrodilla en el centro repitiendo las mismas oraciones. Hay seis de estos macizos, cada uno de los cuales constituye una estación de Lough Derg.

Para “hacer” una estación, se reza en los macizos, en los alrededores de la basílica, a la orilla del lago y en dos cruces antiguas. El peregrino completa tres de ellos en el primer día, cuatro en una noche de larga vigilia, cuando está prohibido dormir, uno al día siguiente y una más en la mañana antes de salir.

 
¿ESTUVO SAN PATRICIO REALMENTE AQUÍ?

La presencia de San Patricio en este lugar está apoyada no solamente en una sólida tradición sino también en evidencias históricas.

El santuario fue conocido en la época medieval como Termon Dabheoc, en conmemoración a San Dabheoc, discípulo de San Patricio que presidió el lugar después de la muerte del santo a comienzos del siglo VI.

San Dabheoc fundó un monasterio en la Isla después dedicado totalmente a la oración y a la penitencia.

De esta época son las existentes “penitential beds”, que no son otra cosa que los restos de las celdas monásticas u oratorios donde los monjes pasaban tiempo de oración apartados de la comunidad.

Estas seis beds están dedicadas desde época inmemorial a los santos Brígida, Brenda, Catalina de Alejandría, Columbano, Patricio y Dabheoc.

A este período pertenece también una de las piedras esculpidas más antiguas que se conservan en la Isla, conocida como la Cruz de San Patricio y está ubicada en la pared de la basílica de San Patricio. Ver y besar esta cruz es el primer paso del peregrinaje.

El lugar fue visitado por peregrinos ininterrumpidamente desde la época del mismo santo. Muchos personajes ilustres y famosos han pasado por aquí a realizar los tres días de penitencia.

Fuente: Foros de la Virgen

Abuso de autoridad en Costa Rica

 

Arzobispo de San José de Costa Rica, Monseñor José Rafael Quirós

 

Prohíben la Santa Misa Tradicional en la Arquidiócesis de San José de Costa Rica.

Ver comunicado oficial de Una Voce Costa Rica aquí

Tomo primero de cinco que contienen las Homilias sobre los Evangelios de la Quaresma

 

sábado, 15 de marzo de 2014

Leonardo Castellani: “El Misterio de la Iniquidad es el odio a Dios y la adoración del hombre”

 

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El Misterio de la Iniquidad es el odio a Dios y la adoración del hombre. Las Dos Bestias son el poder político y el instinto religioso del hombre vueltos contra Dios y dominados por el Pseudo Cristo y el Pseudoprofeta. El Obstáculo es, en nuestra interpretación, la vigencia del Orden Romano. La Gran Ramera es la religión descompuesta y entregada a los poderes temporales, y es también la Roma étnica, donde este Misterio de Iniquidad se verificó por vez primera, a los ojos deslumbrados de Juan el último Apokaleta.
La adoración del hombre con el odio a Dios ha existido siempre. "Ya funciona el Misterio de Iniquidad - dice San Pablo a los Tesalónica-; solamente está sujetado, y vosotros sabéis cuál es el Obstáculo."
El Misterio de Iniquidad es el principio de la Ciudad del Hombre, que lucha con la Ciudad de Dios desde el comienzo; es la raíz de todas las herejías y el fuego de todas las persecuciones; "es la quietud incestuosa de la criatura asentada sobre su diferencia específica"; es la continua rebelión del intelecto pecador contra su principio y su fin, eco multiplicado en las edades del "No serviré" de Satanás.
La cúspide del Misterio de Iniquidad es el odio a Dios y la adoración idolátrica del Hombre.
El Misterio de Iniquidad tiende a corporizarse en cuerpo político y aplastar a los santos. Él fue quien condenó a Sócrates, persiguió a los profetas, crucificó a Jesús, y después multiplicó los mártires; y él será quien destruya la Iglesia, cuando, retirado el Obstáculo, se encarne en un hombre de satánica grandeza, plebeyo genial y perverso, quizá de raza judía, de intelecto sobrehumano, de maldad absoluta, a quien Satanás prestará su poder y su acumulada furia.
La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, obstaculiza esa manifestación y la reduce, apoyada en el orden humano que el Imperio Romano organizó en cuerpo jurídico y político; pero llegará un día, que será el fin de esta edad, en que desaparecerá el Obstáculo. El Espíritu Santo abandonará quizá este cuerpo social histórico, llamado Cristiandad, arrebatando consigo a la soledad más total a los suyos, dándoles dos alas de águila para volar al desierto. Y entonces la estructura temporal de la Iglesia existente será presa del Anticristo, fornicará con los reyes de la tierra - al menos una parte ostensible de ella, como pasó ya en su historia-, y la abominación de la desolación entrará en el lugar santo. "Cuando veáis la desolación abominable entrar adonde no debe, entonces ya es".
¿Será el reinado de un Antipapa, o Papa falso? ¿Será la destrucción material de Roma? ¿Será la entronización en ella de un culto sacrílego? No lo sabemos. Sabemos que el Apokalypsis, al describir la Gran Prostituta, señala con toda precisión "la ciudad de las siete colinas": interpretación dada por el mismo Ángel que a San Juan adoctrina.

P. Leonardo Castellani, Cristo ¿vuelve o no vuelve?, Editorial Vórtice, Buenos Aires, 2004

jueves, 13 de marzo de 2014

Meditación sobre la muerte

Muy presto será contigo este negocio; mira cómo te has de componer. Hoy es el hombre y mañana no parece. En quitándolo de la vista, se va presto también de la memoria. ¡Oh torpeza y dureza del corazón humano, que solamente piensa en lo presente, sin cuidado de lo por venir! Así habías de conducirte en toda obra y pensamiento, como si hoy hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia, no temerías mucho la muerte. Mejor fuera evitar los pecados que huir de la muerte. Si no estás dispuesto hoy, ¿cómo lo estarás mañana? Mañana es día incierto; y ¿qué sabes si amanecerás mañana? ¿Qué aprovecha vivir mucho, cuando tan poco nos enmendamos? ¡Ah! La larga vida no siempre nos enmienda, antes muchas veces añade pecados. ¡Ojalá hubiéramos vivido un día bien en este mundo! Muchos cuentan los años de su conversión, pero muchas veces es poco el fruto de la enmienda. Si es temeroso el morir, puede ser que sea más peligroso el vivir mucho. Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de sus ojos y se dispone cada día a morir. Si has visto alguna vez morir un hombre, piensa que por aquella carrera has de pasar. Cuando fuere de mañana, piensa que no llegarás a la noche, no te atrevas a prometer ver la mañana. Por eso está siempre prevenido, y vive de tal manera, que nunca te halle la muerte desapercibido. Muchos mueren de repente: porque en la hora que no se piensa vendrá el Hijo del hombre. Cuando viniere aquella hora postrera, de otra suerte comenzarás a sentir de toda tu vida pasada, y te dolerás mucho de haber sido tan negligente y perezoso. ¡Qué bienaventurado y prudente es el que vive de tal modo, cual desea le halle Dios en la hora de la muerte! El perfecto desprecio del mundo, el ardiente deseo de aprovechar en las virtudes, el amor de la austeridad, el trabajo de la penitencia, la prontitud de la obediencia, el renunciarse a sí mismo, la paciencia en toda adversidad por amor de nuestro Señor Jesucristo, gran confianza le darán de morir felizmente. Muchas cosas buenas podrías hacer mientras estás sano; pero cuando enfermo no sé qué podrás. No confíes en amigos, ni en vecinos, ni dilates para después tu salvación; porque más presto de lo que piensas estarás olvidado de los hombres. Mejor es ahora con tiempo prevenir algunas buenas obras que envíes adelante, que esperar en el socorro de otros. Si tú no eres solícito para ti ahora, ¿quién tendrá cuidado de ti después? Ahora es el tiempo muy precioso; ahora son los días de salud; ahora es el tiempo aceptable. Pero ¡ay dolor! que lo gastas sin aprovecharte, pudiendo en él ganar para vivir eternamente. Vendrá cuando desearás un día o una hora para enmendarte, y no sé si te será concedida. ¡Oh hermano! ¡De cuánto peligro te podrías librar, y de cuán grave espanto salir, si estuvieses siempre temeroso de la muerte y preparado para ella! Trata ahora de vivir de modo que en la hora de la muerte puedas más bien alegrarte que temer. Aprende ahora a morir al mundo, para que entonces comiences a vivir con Cristo. Aprende ahora a despreciarlo todo, para que entonces puedas libremente ir a Cristo. Castiga ahora tu cuerpo con penitencia, porque entonces puedas tener confianza cierta. ¡Oh necio! ¿Por qué piensas vivir mucho, no teniendo un día seguro? Cuántos que pensaban vivir mucho, se han engañado, y han sido separados del cuerpo cuando no lo esperaban! ¿Cuántas veces oíste contar que uno murió a cuchillo, otro se ahogó, otro cayó de alto y se quebró la cabeza, otro comiendo se quedo pasmado, a otro jugando le vino su fin? Uno murió con fuego, otro con hierro, otro de peste, otro pereció a manos de ladrones; y así la muerte es fenecimiento de todos, y la vida de los hombres se pasa como sombra rápidamente. . ¿Quién se acordará de ti, y quién rogará por ti después de muerto? Haz ahora, hermano, lo que pudieres; que no sabes cuándo morirás, ni lo que acaecerá después de la muerte. Ahora que tienes tiempo, atesora riquezas inmortales. Nada pienses fuera de tu salvación, y cuida solamente de las cosas de Dios. Granjéate ahora amigos venerando a los Santos de Dios, e imitando sus obras, para que cuando salieres de esta vida te reciban en las moradas eternas. Trátate como huésped y peregrino sobre la tierra, a quien no le va nada en los negocios del mundo.Guarda tu corazón libre y levantado a Dios, porque aquí no tienes domicilio permanente.A El dirige tus oraciones y gemidos cada día con lágrimas, porque merezca tu espíritu, después de la muerte, pasar dichosamente al descanso del Señor. Amén.

Fuente: Imitación de Cristo, Tomás de Kempis (Capítulo XXIII)

El Anticristo según Fulton J. Sheen

 

El Anticristo no tendrá esta figura, sino toda la contraria.
Poseerá una personalidad muy atractiva y parecerá lleno de
cualidades y virtudes. Y si aquellos días no se abreviasen,
no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos
se abreviarán aquellos días.

 

El Anticristo no será llamado así; de otra manera no tendría seguidores. El no usará medias rojas ni vomitará azufre, ni llevará un tridente ni tendrá una cola puntiaguda como Mefistófeles en Fausto. Esa mascara ayudó al Diablo a convencer a los hombres que no existe. Cuando nadie lo reconoce, más poder ejerce. Dios se definió a sí mismo como “Yo soy el que soy”, y el Diablo como “Yo soy el que no soy”

En ningún lugar en las Sagradas Escrituras encontramos asidero para el mito del Diablo como si fuera un bufón y como el primero en vestir de “Rojo”. Más bien se lo describe como un ángel caído del cielo, como “El Príncipe de este mundo”, cuya misión es decirnos que no hay otro mundo. Su lógica es simple: “si no hay Cielo, no hay Infierno; si no hay Infierno, entonces no hay pecado; si no hay pecado, entonces no hay ningún juez, y si no hay juicio entonces lo malo es bueno y lo bueno es malo”. Pero por sobre todas estas descripciones, Nuestro Señor nos dice que va a ser tan parecido a Sí mismo que engañará, aún a los escogidos – y ciertamente nunca se vio que una imagen en libros de un demonio, pudiera engañar aún a los escogidos. ¿Cómo vendrá entonces en esta nueva era para conseguir seguidores para su religión?

La creencia de la Rusia Pre-comunista es que vendrá disfrazado como un Gran Humanista, que hablará de paz, prosperidad y abundancia, no como un medio para llevarnos a Dios, sino como si fueran fines en sí mismos…

…La tercera tentación en la cual Satanás le pidió a Cristo que lo adorara y todos los reinos del mundo serían suyos, se convertirá en la tentación de tener una nueva religión sin Cruz, una liturgia sin un mundo para atraer, una religión para destruir la religión, o una política que es una religión – una que dé al Cesar incluso las cosas que son de Dios.

En el medio de todo este aparente amor por la humanidad y su discurso superficial de libertad e igualdad, él tendrá un gran secreto que no le dirá a nadie: él no creerá en Dios. Porque su religión será la fraternidad sin la paternidad de Dios... Él va a crear una contra-Iglesia que será la mona de la Iglesia, porque él, (como) el Diablo, es el mono de Dios. Tendrá todas las notas y las características de la Iglesia, pero a la inversa y vaciada de su Divino contenido. Será el cuerpo místico del Anticristo que se parecerá en todo lo exterior al cuerpo místico de Cristo.

FULTON SHEEN - “El Comunismo y la Conciencia de Occidente” Bobb-Merril Company, Indianapolis, 1948 pags.24 a 25.

Hallan en Jerusalén textos religiosos judíos de hace 2.000 años olvidados en un museo

 

Investigadores israelíes se disponen a estudiar nueve rollos con textos religiosos de hace 2.000 años que fueron hallados en una cueva en los años 50, pero que hasta ahora no habían sido leídos.

Alrededor de dos docenas de filacterias (tefilín en hebreo), dos pequeñas envolturas de cuero que contienen tiras de pergamino con ciertos pasajes de escrituras que los judíos, llevan atadas en ciertos rezos, una en el brazo izquierdo, y otra a la frente, fueron halladas durante unas excavaciones en las cuevas situadas en la costa del mar Muerto en Qumrán a principios de los años 50. Los rollos, que contenían textos bíblicos y sectarios antiguos fueron trasladados entonces al Museo de Israel, donde los especialistas pudieron dedicarse a su estudio, y adentrarse en las particularidades de la teología judía antigua.
Según informa 'The times of Israel', en diciembre pasado Yonatan Adler, profesor de la Universidad de Ariel e investigador de los tefilín de Qumrán en la Universidad Hebrea, encontró en los almacenes del Museo de Israel dos pequeños rollos en el compartimento de aquellos que fueron documentados en 1952 pero dejados aparte. Los rollos, que nunca habían sido fotografiados o examinados, permanecían dentro de cajitas de cuero desde hacía unos 2.000 años.
En febrero de este año el investigador también encontró en el museo otros fragmentos de las cajitas de teflín de la cueva número cuatro de Qumrán junto con siete rollos que nunca habian sido abiertos.
"O no se dieron cuenta de que se trataba de rollos, o no supieron abrirlos", conjetura Pnina Shor, la jefa del Departamento de Mantenimiento de Artefactos de la Autoridad de Antigüedades de Israel.
Shor y su equipo se dedican a la ardua tarea de mantener los miles de fragmentos de rollos encontrados en Qumrán. Los sacan de las cajas de vidrio donde fueron 'sepultados' en los años 50, los ponen en una malla de tela fina, y digitalizan cada fragmento diminuto a través de fotos multiespectrales. Cada fragmento de rollo es fotografiado en 56 exposiciones diferentes, 28 por cada lado, en 12 longitudes de onda diferentes.
Aunque ninguna de las filacterias redescubiertas ha sido datada todavía por radiocarbono, otros rollos y artefactos religiosos encontrados en las cuevas de Qumrán datan del II y I siglo a. C. y del I siglo d. C., un tiempo crítico en el desarrollo del judaísmo y del cristianismo temprano.
Shor será la encargada del proyecto de desenrollar los objetos redescubiertos, así como de la preservación de los rollos antiguos.
"Vamos a hacerlo muy lentamente, pero ante todo vamos a consultar con todos nuestros expertos sobre cómo actuar en este caso", apuntó Shor. "Tenemos que  investigar mucho antes de empezar", añadió.

Fuente: http://actualidad.rt.com/

miércoles, 12 de marzo de 2014

Nuevo Superior del distrito de Latinoamérica del Instituto Del Buen Pastor

 

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Comunicado del distrito de Latinoamérica del Instituto del Buen Pastor

¡Ave María Purísima!
El día de la festividad de la Catedra de San Pedro, el 22 de febrero 2014, recibí del Padre Philippe Laguérie, superior general del Instituto del Buen Pastor, mi nominación como superior del distrito de América Latina.
Es con gran alegría que acepto este nuevo cargo, que pongo desde ahora bajo la especial protección de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de las Américas, y en especial patrona de México, país del cual soy originario por parte de mi madre.
Quisiera ante todo agradecer al Padre Rafael Navas por el trabajo realizado con esmero como superior del distrito desde su fundación en 2006, y a todos los sacerdotes que trabajan con celo y generosidad en América Latina para el Instituto del Buen Pastor.
La misión que me fue confiada por nuestro superior general, además de organizar y de desarrollar el apostolado del Instituto en esta región inmensa, es también la de conservar y fomentar la fidelidad de nuestros sacerdotes a los Estatutos de nuestra sociedad, tal y como fueron aprobados el día de su fundación, el 8 de septiembre 2006. Esta fidelidad consiste en servir a la Iglesia en el campo litúrgico y doctrinal, con las especificidades y garantías estatutarias de esta sociedad de vida apostólica: ello “supone una fidelidad hacia el Magisterio infalible de la Iglesia y el uso exclusivo de la liturgia gregoriana” (Estatutos II, 2), el Rito Romano tradicional siendo utilizado como rito propio en todos sus actos litúrgicos (Estatutos I, 2).
Es solamente a través de esta misma fidelidad renovada a nuestros estatutos aprobados por Roma el día de nuestra fundación, que podremos actuar eficazmente por nuestra propia santificación, y por la santificación de las almas que nos son confiadas.
Encomendándome a las plegarias de todos, sacerdotes y fieles, para poder bien cumplir mi misión, por la gloria de Dios y la salvación de las almas, termino mi comunicado dándoles mi bendición.

Padre Matthieu Raffray,
Superior del distrito de Latinoamérica

Información del Instituto Del Buen Pastor Colombia, Mar-09-2014.

HACE 75 AÑOS ERA CORONADO EL VENERABLE PÍO XII

 

 

 

 

Continuando con la crónica de los acontecimientos que hace setenta y cinco años marcaron el comienzo del largo, dramático y decisivo pontificado del venerable Pío XII, toca ahora referirnos al día de su coronación (hoy denominada “inicio del ministerio petrino”). Para este capítulo nos ha servido de guía inestimable la descripción que trae nuestro amigo el Padre Apeles en su libro “El Papa ha muerto. ¡Viva el Papa” (en cuya documentación nos honramos en colaborar). Procedamos, pues, con el relato del trascendental día con el que Eugenio Pacelli, elegido el 3 de marzo precedente, fue investido formalmente como Romano Pontífice, último gran fasto en una Europa abocada ya al desastre de una guerra de inédita crueldad.
Tres días antes de la fecha fijada para la solemne coronación, monseñor Carlo Respighi, prefecto de las Ceremonias Pontificias, envió la llamada intimatio, citando a las 8 de la mañana (saltem hora octava) del 12 de marzo de 1939 a todos los dignatarios y componentes de la corte pontificia (capilla y familia) y a los ministros que debían servir en la gran ceremonia para que se encontraran en el Aula de las Congregaciones. En el mismo escrito se precisaba minuciosamente la indumentaria de cada dignidad y grado, el orden del cortejo que debía acompañar al Santo Padre, la colocación en el recinto de la Basílica y un resumen de las distintas partes de la celebración. Cada uno de los asistentes debía hacerse al menos una cierta “composición de lugar” de la parte que tomaría en ella, aunque el ordenamiento y la sincronización –labor verdaderamente prodigiosa– corriera a cargo de los maestros de ceremonias, en quienes no se sabría si admirar más el exacto sentido “coreográfico” o la paciencia que tenían que desplegar (ya que no se podía contar siempre con la docilidad y destreza de los concurrentes ni mucho menos).
Así pues, el día y hora señalados, los señores cardenales de la Santa Iglesia Romana se presentaron en el lugar establecido revestidos de su púrpura, con calzado y birrete escarlata. Una vez reunidos, dejaron sus respectivas mucetas y manteletas para ponerse los roquetes blancos de encaje y las capas magnas de seda rojas con el armiño de su condición principesca. Sus secretarios, que hacían de caudatarios, vestían de violeta. Los camareros de honor, los clérigos de la Reverenda Cámara Apostólica, los camareros secretos de capa y espada participantes y demás cubicularios, los votantes del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica y los auditores de la Sacra Rota se revistieron con pluviales también rojos (pues rojo es el color del Papa). Patriarcas, metropolitanos, arzobispos y obispos iban en hábito de coro con sus sotanas y capas violetas. Los abades y los superiores generales de las órdenes y congregaciones mayores llevaban sus respectivos hábitos, que formaban un caleidoscopio de lo más variopinto.
En la Basílica Vaticana los sampietrini habían dispuesto impecablemente el escenario donde iba a tener lugar la representación más esplendorosa del mundo. Más de un problema técnico habían tenido que resolver para poder disponer estrados y tribunas en el crucero, junto a las pilastras centrales y en el ábside, en alto y en bajo, destinadas a acoger una nutrida y heterogénea asistencia, para la que no daban abasto los asientos a lo largo de la nave central. Hubo que hacer retroceder los órganos monumentales a fin de ganar espacio para colocar cuatro nuevas tribunas. La Radio y la Prensa tenían las suyas. Era la primera vez que se acondicionaba en San Pedro un lugar especial destinado a los corresponsales venidos de todas partes del mundo para cubrir un acontecimiento único en su género.

En el fondo del ábside, bajo la Gloria de Bernini, se había instalado un trono recubierto de plata: la cátedra papal. A sus lados se situaban los bancos destinados a los arzobispos y obispos asistentes al solio; en el centro del ábside, los de los cardenales, patriarcas, arzobispos y obispos no asistentes al solio, abades de las órdenes monásticas, protonotarios apostólicos y superiores generales de los religiosos. A derecha e izquierda del ábside hallábanse las tribunas reservadas a los soberanos y jefes de Estado, cuerpo diplomático y al Gran Maestre, comendadores y caballeros de la soberana Militar Orden de Malta, y a la nobleza y el patriciado romanos. El servicio de honor de las mismas correspondía a los camareros honorarios y secretos de capa y espada. En la pilastra de Santa Elena estaba ubicada la tribuna del coro de la Capilla Sixtina y frente a ella la del coro de la Capilla Julia. Bajo esta última estaba el estrado reservado a los parientes del Papa: los Pacelli. Los demás invitados y delegaciones se repartían por el resto de las tribunas y asientos.
A la luz de los potentes focos, todo el grandioso templo refulgía con el oro y el granate de los damascos y terciopelos con que se habían recubierto palcos, tribunas y columnas y con el reflejo de lámparas, candelabros y dorados estucos. Exquisitos tapice seicentescos colgaban de los muros. Destacaban sobre la puerta central los de Alejandro VII, que flanqueaban el que llevaba las armas del nuevo papa (tejido rápidamente para la ocasión). Encima de la mensa del altar papal habían sido colocados el crucifijo y los candelabros de plata maciza cincelados por Benevenuto Cellini en el siglo XVI, joyas sin igual del arte de la orfebrería. Por delante cubría el altar un suntuoso antipendio o frontal de Clemente VIII. También había varios soportes para colocar las distintas mitras que durante la ceremonia usaría el Santo Padre. La Confesión se hallaba engalanada con una auténtica selva de coronas y guirnaldas de flores y entrelazados vegetales. Las más ricas alfombras cubrían la predela y las gradas del altar. Todos los utensilios litúrgicos estaban preparados sobre una credencia, de acuerdo con las claras prescripciones del uso romano codificadas por monseñor Menghini, especialista en la materia pocos años antes.

A las 8 y media de la mañana, mientras todas las campanas de Roma repicaban jubilosamente, ya se hallaba pronto el cortejo papal para la solemne marcha. El Santo Padre Pío XII llegó desde sus estancias al aula de los Paramentos, donde se revistió con la falda, la estola y el manto con broche de pedrería. Ceñida la mitra, ascendió a la silla gestatoria, que alzaron los sediarios vestidos con la palandra escarlata. A una señal de monseñor Respighi se puso en movimiento la imponente comitiva, que descendió como una cascada de fábula por la Scala Regia. Una rutilante sucesión de cascos del Renacimiento, corazas y armaduras, yelmos con sus crines y penachos, espadones y morriones, espadas, picas y alabardas, áureas presillas y cartucheras, galones, charreteras y cordones trenzados de oro y plata se combinaba con la de irisadas túnicas rojas, golillas, negras casacas fileteadas de amaranto, encajes, calzas y charoles. Difícilmente podría imaginarse un cuadro con más variedad plástica.
Precedían un ceremoniero, los procuradores de los distintos colegios que conformaban la antigua corte pontificia y dos alabarderos de la Guardia Suiza. A continuación, y por su orden, venían todos y cada uno de los componentes de la capilla y de la familia pontificias, entre los cuales destacaban: monseñor Diego Venini, vestiario, llevando sobre un cojín la tiara papal; los capellanes comunes, portadores de las mitras pretiosae (recamadas e incrustadas con pedrería); los capellanes secretos, portadores de las otras mitras; los cantores de la capilla pontificia con su maestro director perpetuo monseñor Lorenzo Perosi; el decano del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, con el turíbulo humeante; un auditor de la Sacra Rota revestido con tunicela en calidad de crucífero papal y rodeado de siete votantes de la Signatura como ceroferarios; un prelado auditor de la Rota que haría de subdiácono de rito latino y el subdiácono y diácono de rito griego; el Sacro Colegio de cardenales, cada uno con su respectivo caudatario. Todos ellos precedían al Papa, que era llevado sobre la silla gestatoria, entre los flabelos de pluma de avestruz y rodeado de un destacamento de la Guardia Noble, los maceros y otro destacamento de la Guardia Suiza. Cerraban la procesión otros dignatarios y un regimiento de la Guardia Suiza.
Tras atravesar el Portón de Bronce (acceso oficial al Palacio Apostólico) el cortejo siguió hacia la plaza y en un cierto lugar hizo un recodo hacia la derecha dirigiéndose por en medio de una muchedumbre exultante hacia la basílica. Al llegar al pórtico, todos los miembros del séquito papal se acomodaron cerca de la estatua de Constantino, en el extremo derecho del peristilo. La cruz papal de detuvo y dejó pasar al resto. Descendió Pío XII de la silla gestatoria mientras las trompetas de plata anunciaban su llegada. Salió a recibirle el capítulo y el clero de San Pedro (recuérdese que Pacelli había sido su arcipreste). El coro de la Capilla Julia entonó el Tu es Petrusmientras el Santo Padre iba a sentarse en un trono erigido junto a la Puerta Santa para recibir una nueva adoratio, que se verifica delante de los invitados de nota (que se hallan en tribunas levantadas en el brazo de Carlomagno). Acabado este acto de homenaje, vuelve el pontífice a la silla gestatoria y vuelve a organizarse la procesión, que entra en el templo después de haberlo hecho los invitados. Los cardenales, seguidos de sus caudatarios se detuvieron en la capilla de San Gregorio mientras el Papa efectuaba su ingreso en San Pedro al son de trompetas. Llevado a la capilla del Sacramento, se puso a orar ente la sagrada custodia con la hostia consagrada. De aquí pasó a la capilla de San Gregorio, donde recibió la adoratio esta vez del Sacro Colegio, después de lo cual se levantó, entonando el versículo para dar comienzo a la hora canónica de Tercia, cantada por el cabildo secundado por los coros. Durante el oficio, Pacelli llevó a cabo, ayudado por sus familiares, el laborioso ritual de revestirse para la misa papal.

Una vez ceñida una de las mitras preciosas, volvió el Papa a subir en la silla gestatoria para ir a celebrar. La procesión estaba compuesta ahora por los ministrantes del altar, cuyos paramentos constelados de pedrería disparaban los reflejos de luz en todas direcciones. La dirigía hacia el ábside de la basílica el cardenal protodiácono Caccia-Dominioni blandiendo la férula, largo bastón rojo guarnecido de plata. Frente a él caminaba un ceremoniero llevando una caña de plata, en cuyos extremo había unas vedejas de estopa. Por tres veces se detuvo, prendió fuego a la estopa y levantó la caña mostrándola al Papa mientras cantaba: “Pater Sancte: sic transit gloria mundi!” (Santo Padre: ¡así pasa la gloria del mundo!). Esta advertencia hecha tan gráficamente en medio de la pompa extraordinaria e insuperable del momento no podía dejar de ser estremecedora por lo contratante y fuera de lugar. De un golpe se pasaba del Gloria y los hosanna al Miserere y Dies irae. Pareciera que con este rito la Iglesia hubiera querido reunir todo lo que provoca la ambición en este mundo, todo lo que hace la grandeza de los mortales, para soplar sobre ello y enseñar que, al fin y al cabo, no es nada.
Al pasar el Papa por la cuadratura del ábside, abandonó la silla gestatoria y, mientras se retiraban los servidores y los flabelos eran colocados a ambos lados del trono, se encontró en la predela del altar con los tres últimos cardenales del orden de los presbíteros, a los que dio el abrazo de la paz. Retirada que le fue la mitra, dio comienzo a la misa, que, por ser la de coronación, tenía un ritual especial. Después de la absolución al pie del altar, tres de los cardenales-obispos subieron a él con el Papa y pronunciaron sucesivamente tres oraciones, encomendándolo a Dios. El cardenal protodiácono le impuso entonces el palio (símbolo de su autoridad sacerdotal como metropolitano de la provincia Romana), que fue fijado al fanón por el subdiácono apostólico. Pío XII se sentó después sobre el trono y recibió de toda la Jerarquía presnte una última adoratio, acabada la cual se levantó para dar inicio a la misa de los catecúmenos. Tras la colecta in die coronationis Papae, el cardenal Caccia-Dominioni descendió, acompañado de varios dignatarios de la corte pontificia, junto al sepulcro de San Pedro y comenzó las hermosas Letanías de los Santos. El coro invocó:“Domino nostro Pio a Deo decreto, Summo Pontifici ac universali Papae, vita!” (A nuestro Señor Pío, instituido por Dios, al Sumo Pontífice y Papa universal ¡larga vida!). Después de lo cual, se continuó la misa, como de costumbre, con el canto sucesivo de la epístola y del evangelio en griego y en latín, respectivamente por los subdiáconos y diáconos de ambos ritos.
La misa prosiguió con el ofertorio y el canon, entre los cuales, los coros iban ejecutando las obras maestras de la polifonía romana. A la elevación de la hostia y el cáliz, las trompetas de plata atacan la majestuosa marcha de Baini para saludar al Rey de la Gloria, transubstanciado entre las manos de su vicario en la Tierra. Después de un estruendoso amén que rubrica lleno de fe la elevación menor, entonó el Papa y cantó solo todo el Pater noster, como queriendo, a imitación de Jesucristo, enseñar a orar a sus hijos. Mientras el coro cantaba el Agnus Dei, se preparó para la comunión, que hizo al pie del trono, de rodillas. Era privativo del Romano Pontífice sumir el sanguis sorbiéndolo a través de una cánula de plata. Finalizadas las abluciones, la misa entró en su recta final. La antífona de comunión interpretada por los músicos, insistía en la idea dominante del día: “Tu es Petrus”. El Papa cantó la postcomunión, dio la bendición y recitó el prólogo de San Juan, tras lo cual subió una vez más a la silla gestatoria, que lo esperaba.

Aquí tuvo lugar una curiosa ceremonia. El cardenal arcipreste de San Pedro se aproximó acompañado del deán del capítulo y de otro de los canónigos, y ofreció a Pío XII una faltriquera de seda blanca recamada en oro y conteniendo 25 julios (antigua moneda papal), al tiempo que decía: “Beatissime Pater, Capitulum et Canonici hujus Sacrosanctae Basilicae Sanctitati Vestrae offerunt consuetum presbyterium pro missa bene cantata”. ¡Se trataba del estipendio por haber cantado bien la misa! Al fin y al cabo, el Papa había ejercido su oficio sacerdotal y tenía derecho, en palabras de San Pablo, a “vivir del altar”. Recibida la faltriquera, la pasó al cardenal protodiácono, quien a su vez la dio a guardar a su caudatario. El Pontífice debía ser llevado ahora a donde iba a tener lugar la coronación: en la loggia central exterior de San Pedro. Las trompetas de plata tocaron esta vez la marcha de Longhi y todo el público que se hallaba en la basílica fue saliendo, en orden inverso al que entraron, a la plaza enmarcada por la grandiosa columnata de Bernini, donde ya esperaba el pueblo romano y todos los que habían venido desde fuera de la Ciudad Eterna para presenciar un acontecimiento que iba a ser para muchos único en sus vidas.
La procesión papal, entretanto, salió por la puerta central de la basílica al atrio e hizo el camino inverso al de entrada. A través de la Scala y la Sala Regias ganó el Aula de las Bendiciones. Allí se detuvo hasta que todos los que estaban dentro del templo se hubieron acomodado fuera, en la plaza. Las campanas volvían a repicar con gran júbilo. Los graves y profundos tañidos del campanone de San Pedro marcaban el compás de los de sus hermanas de bronce. En la Loggia de las Bendiciones –el balcón central de la fachada– se había alzado el nivel del suelo mediante un entarimado con el objeto de hacer más visible la ceremonia que de allí a pocos momentos iba a tener lugar.
Precedía al Papa el marqués Patrizi Naro di Montoro, vexillifer o portaestandarte hereditario de la Santa Iglesia, en uniforme escarlata, llevando el gonfalón (de ahí su antiguo título de confaloniere) de la Santa Sede, que recordaba las victorias de las armas cristianas en las guerras contra los infieles. El vexillifer se colocó a la derecha con el pabellón izado. El Santo Padre, revestido aún con todos los ornamentos de la misa, llevaba la mitra constelada (gemmata). En el momento en que apareció por la loggia la muchedumbre lo vitoreó con entusiasmo desbordante, ahogando las notas del himno pontificio (compuesto por Charles Gounod) y de las marchas militares que ejecutaban las bandas. Los regimientos de las guardias vaticanas y de las fuerzas de orden italianas se cuadraron militarmente. Todas las banderas se inclinaron en señal de acatamiento.

El cardenal decano Caccia-Dominioni entonó lo más alto que pudo –para hacerse oír– la antífona conveniente, que no podía ser más a propósito: “Corona aurea super caput eius” (Una corona de oro sobre su cabeza). Los cantores prosiguieron. Tras el versículo y su respuesta, el mismo purpurado cantó la oración dirigida al “Padre de los reyes” para que infundiera en el coronando lasa cualidades que deben brillar en quien ha de regir a las almas. El momento cumbre había llegado. El segundo cardenal del orden de los diáconos, Nicola Canali, quitó la mitra de la cabeza de Su Santidad mientras el cardenal protodiácono tomaba la tiara del cojín que le presentó el vestiario, monseñor Venini. Con gesto seguro la colocó sobre las augustas sienes de Pío XII al tiempo que pronunciaba las palabras rituales, pletóricas de significado y que resumen la concepción del Papado en el mejor estilo de la Edad Media:
“ACCIPE TIARAM TRIBVS CORONIS ORNATAM ET SCIAS TE ESSE PATREM PRINCIPVM, RECTOREM ORBIS IN TERRA, VICARIVM SALVATORIS NOSTRI IESV CHRISTI, CVI EST HONOR ET GLORIA IN SAECVLA SAECVLORVM” (Recibe la tiara de las tres coronas y sepas que eres el padre de los príncipes y de los reyes, rector del mundo aquí en la Tierra y Vicario de Nuestro Salvador Jesucristo, a Quien corresponde el honor y la gloria por los siglos de los siglos).
San Gregorio el Grande, Adriano I, san Gregorio VII, Alejandro III, Inocencio III, Bonifacio VIII… sus espíritus estarían presentes junto a los manes de los Cornelios, Catones, Julios, Augustos, Flavios, de los que fueron herederos, en esta hora de triunfo y apoteosis. El Papa ha aparecido sucesivamente tocado con la mitra y con la tiara. Precisamente Inocencio III dijo: “Mitra pro sacerdotio, corona pro regno” (la mitra es propia del poder espiritual; la tiara lo es del poder temporal). Hacía ya siglos que el Papado se había resignado a no ser ya árbitro de los potentados de este mundo y una década desde que Pío XI había renunciado definitivamente al poder temporal, conservando tan sólo el “mínimo indispensable” para asegurar la independencia de la Iglesia en orden a su misión espiritual. Pero si los hechos habían impuesto su razón incontestable, la coronación del nuevo Romano Pontífice era un recordatorio del irrenunciable derecho público de la Iglesia. Si el Papa ya no era rey sí podía amonestar a los soberanos: “Et nunc reges intelligite! Erudimini qui iudicatis terram!” (Ps II). Lo malo es que eran tiempos –y se avecinaban terribles– en los que los dirigentes de las naciones hacían oídos sordos.
El Papa recién coronado parecía más romano que nunca, con su perfil aquilino, su aristocrático continente y la serena grandeza que se desprendía de su persona. Había llegado el momento de concluir los ritos de la coronación mediante la bendición Urbi et orbi. Extendió sus brazos y los elevó en un gesto que iba a ser característico en él: como recogiendo todas las necesidades de sus hijos y de toda la humanidad para presentarlos a Dios, a quien dirigía la mirada extática. Uniendo sus manos en lo alto y juntándolas sobre su pecho, trazó tres signos de la cruz en distintas direcciones, repartiendo las gracias que la Santísima Trinidad se dignara conceder a través de su representante en la Tierra. No pudieron verse entonces los estilizados dedos de Pacelli, finísimos y largos, ni lo diáfano de sus blancas manos, por estar éstas cubiertas por las quirotecas. Pero el Papa marcó ya su estilo inconfundible de Pastor Angelicus. De hecho, así lo llamaría, contagiado por el entusiasmo popular, el cardenal Caccia-Dominioni, en cuanto los cortinajes de la loggia hurtaron a Pío XII de la vista de un gentío exultante.
En el Aula de los Paramentos, donde Pacelli procedió a despojarse de sus galas litúrgicas, el protodiácono siguió una tradición que remontaba a Benedicto XIV (cuyo nombre de pila era Próspero). Se dirigió al Santo Padre con las palabras del salmo 44: “Prospere procede et regna” (Avanza prósperamente y reina). Al papa Lambertini, que era un espíritu ameno y divertido, le había gustado la ocurrencia del cardenal Albani en 1740, la que hizo fortuna y se fue repitiendo a cada elección. También le formuló el voto de que viera “annos Beati Petri” (los años de Pedro), augurándole de esta manera un reinado largo, pues es sabido que los años que el primer papa dirigió la comunidad de Roma fueron veinticinco (del 42 al 67, pues antes estuvo en Antioquía). Sólo tres pontífices habían llegado a superar el cuarto de siglo sobre el sacro solio: Benedicto XIII o Pedro de Luna (28 años), el beato Pío IX (31 años) y León XIII (25 años). Pío XII era relativamente joven, pues tenía 63 años. Su salud había sido algo endeble, pero había sabido siempre sobreponerse a sus molestias haciendo despliegue de una gran voluntad. Tendría, sin embargo, que llegar a los 88 años para ver los años de Pedro.
Ahora sí, pasados los fastos con los que quedaba inaugurado oficialmente su pontificado, comenzaba para Pío XII la rutina diaria. Como era un hombre habituado al trabajo no le costó hacerse a ella, pero pensaría con un tanto de melancolía en el viaje a Suiza que había planeado para después del cónclave y que su elección como papa había cancelado definitivamente. Para Eugenio Pacelli en lo sucesivo ya no habría vida privada en el sentido de poder solazarse con períodos de sano ocio vacacional. La solicitud universal por las almas no le iba a dar tregua. Y pocos meses más tarde estallaría la Segunda Guerra Mundial, que sellaría la primera parte de su pontificado con caracteres de fuego y sangre. Contra ella, en un dramático radiomensaje, advertiría que “nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra”. Pero las potencias terrenales hicieron oídos sordos al llamado del Romano Pontífice, como había pasado veinticinco años antes con el que les hiciera san Pío X (hortatio Dum Europa fere omnis, del 2 de agosto de 1914; AAS, vol. VI, n. 11, pág. 27).

Fuente: InfoCatólica.