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viernes, 30 de mayo de 2014

IGLESIA ORTODOXA Y SEGUNDAS NUPCIAS

 


 

Por Mons. Nicola Bux

Recientemente, el cardenal  Walter Kasper se ha referido a la praxis ortodoxa de las segundas nupcias para apoyar que también los católicos que estén divorciados y vueltos a casar sean admitidos a la comunión.
Sin embargo, tal vez no ha dado importancia al hecho de que los ortodoxos no hacen la comunión en el rito de las segundas nupcias, pues en el rito bizantino del matrimonio no está prevista la comunión, sólo el intercambio de la copa común de vino, que no es el vino consagrado.
Por otra parte, entre los católicos se suele decir que los ortodoxos permiten las segundas nupcias, tolerando, por consiguiente, el divorcio del primer cónyuge.
En verdad no es del todo así, porque no se trata de la institución jurídica moderna. La Iglesia ortodoxa está dispuesta a tolerar las segundas nupcias de personas cuyo vínculo matrimonial haya sido disuelto por ella, no por el Estado, en base al poder dado por Jesús a la Iglesia de  “disolver y unir” y concediendo una segunda oportunidad en algunos casos especiales  (en concreto, en los casos de adulterio continuado, pero por extensión también en ciertos casos en los que el vínculo matrimonial se ha convertido en una ficción). También se prevé, aunque no se alienta, la posibilidad de un tercer matrimonio. Además, la posibilidad de acceder a las segundas nupcias, en los casos de disolución del matrimonio, es concedida sólo al cónyuge inocente.
Las segundas y terceras nupcias, a diferencia del primer matrimonio, se celebran entre los ortodoxos con un rito especial, definido de “tipo penitencial”. Al faltar antiguamente en el rito de las segundas nupcias el momento de la coronación de los esposos, considerado por la teología ortodoxa el momento esencial del matrimonio, las segundas nupcias no son un sacramento verdadero; son, utilizando la terminología latina, un "sacramental", que permite a los nuevos esposos considerar la propia unión como plenamente aceptada por la comunidad eclesial. El rito de las segundas nupcias se aplica también en el caso de esposos que han enviudado.
La no sacramentalidad de las segundas nupcias está confirmada por la desaparición de la comunión eucarística de los ritos matrimoniales bizantinos, que es sustituida por la copa entendida como símbolo de la vida común. Este parece ser un intento de  "desacramentalizar" el matrimonio, debido tal vez al embarazo creciente que causaban las segundas y terceras nupcias, a causa de la abolición del principio de la indisolubilidad del vínculo, directamente proporcional al sacramento de la unidad: la eucaristía.
A este respecto, el teólogo ortodoxo Alexander Schmemann ha escrito que precisamente la copa, elevada como símbolo de la vida común,  “muestra la ‘desacramentalización’ del matrimonio, reducido a una felicidad natural. En el pasado, ésta era alcanzada con la comunión, la coparticipación en la eucaristía, signo último del cumplimiento del matrimonio en Cristo. Cristo debe ser la verdadera esencia de la vida juntos”. ¿Cómo permanecería en pie esta “esencia”?
Por lo tanto, se trata de un  “qui pro quo” imputable en ámbito católico a la escasa o nula consideración por la doctrina, por lo que se ha afirmado la opinión, incluso la herejía, de que la misa sin comunión no es válida. Toda la preocupación sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar, que tiene poco que ver con la visión y la praxis oriental, es una consecuencia de ello.
Hace unos diez años, mientras colaboraba en la preparación del sínodo sobre la eucaristía, en el que participé como experto en 2005, dicha “opinión” fue avanzada por el cardenal Cláudio Hummes, miembro del consejo de la secretaría del sínodo. Invitado por el cardenal Jan Peter Schotte, que entonces era el secretario general, tuve que recordar a Hummes que los catecúmenos y los penitentes, entre los cuales estaban los dígamos, en los distintos grados penitenciales, participaban en la celebración de la misa o en partes de ella, sin acercarse a la comunión. 
La "opinión" errónea está difundida hoy entre clérigos y fieles, por lo que, como observó Joseph Ratzinger: “hay que ser, de nuevo, más claramente conscientes del hecho de que la celebración eucarística no está carente de valor para quien no comulga. [...] Al no ser la  eucaristía un banquete ritual, sino la oración comunitaria de la Iglesia, en el que el Señor reza con nosotros y en nosotros se participa, ella sigue siendo valiosa y grande, un verdadero don, aunque no podamos comulgar. Si adquiriéramos otra vez un conocimiento mejor de este hecho  y volviéramos a ver la propia eucaristía de una manera más correcta, varios problemas pastorales, como por ejemplo el de la posición de los divorciados vueltos a casar, perdería automáticamente mucho de su oprimente peso”.
Lo que se ha descrito es un efecto de la divergencia, y también de la oposición, entre dogma y liturgia. El apóstol Pablo pidió a quienes tenían la intención de comulgar que se examinaran a sí mismos, para no comer y beber la propia condena (1 Corintios 11, 29). Esto significa: “Quién quiera el cristianismo sólo como jubiloso anuncio, en el que no debe estar presente la amenaza del juicio, lo falsifica”.
Nos preguntamos cómo hemos llegado a este punto. Distintos autores, en la segunda mitad del siglo pasado, mantuvieron la teoría  – recuerda Ratzinger – según la cual “la eucaristía derivaba, más o menos exclusivamente, de las comidas que Jesús consumía con los pecadores. […] Pero de ello deriva después una idea de la eucaristía que no tiene nada en común con la costumbre de la Iglesia primitiva”. Aunque Pablo proteja a la comunión del abuso con el anatema (1 Corintios 16, 22), susodicha teoría propone “como esencia de la eucaristía que ésta sea ofrecida a todos sin distinción alguna y sin condición preliminar, […] también a los pecadores, es más, también a los no creyentes”.
No, sigue escribiendo Ratzinger: desde los orígenes la eucaristía fue entendida como una comida con los reconciliados, no con los pecadores: “Existían también para la eucaristía, desde el principio, condiciones de acceso bien definidas [...] y de este modo ha construido la Iglesia”.
La eucaristía, por lo tanto, permanece como  “el banquete de los reconciliados”, algo que es recordado en la liturgia bizantina, en el momento de la comunión, con la invitación "Sancta sanctis", las cosas santas a los santos.    
A pesar de todo la teoría de la invalidez de la misa sin la comunión sigue influenciando la liturgia hodierna.

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Este texto de Nicola Bux ha sido extraído de la conclusión por él escrita para la última obra de Antonio Livi, teólogo y filósofo de la Pontificia Universidad Lateranense, de inminente publicación, dedicada a los escritos y discursos del cardenal Giuseppe Siri (1906-1989):
A. Livi, "Dogma e liturgia. Istruzioni dottrinali e norme pastorali sul culto eucaristico e sulla riforma liturgica promossa dal Vaticano II", Casa Editrice Leonardo da Vinci, Roma, 2014.

Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/

martes, 27 de mayo de 2014

Francisco: “Hace falta un milagro para seguir adelante”

 

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PERIODISTA: -¿Querríamos saber si se piensa seguir adelante con la causa de Pío XII o se quiere esperar antes de tomar alguna decisión?


FRANCISCO: -La causa de Pío XII está abierta. Me he informado y todavía no hay ningún milagro. Hace falta un milagro para seguir adelante. Debemos esperar cómo va la realidad de esa causa. La verdad es esa, no hay milagros. Hace falta al menos uno para la beatificación.

Incendio “accidental” en la Gruta de la Natividad

 

Gruta de la Natividad, May-25-2014, Francisco ora en su interior en el marco de su peregrinación a Tierra Santa (imágenes deAP/L'Osservatore Romano).

Gruta de la Natividad, May-27-2014, incendio “accidental” en el mismo sitio, el cual “se apagó solo”, según lo reporta un cable de agencia AFP (imágenes de agencia AFP).

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Este es el texto del aludido cable de AFP, May-27-2014, que reseña el incidente del incendio.

Belén, 27 de mayo (AFP)- La Gruta de la Natividad de Belén, en Cisjordania, resultó levemente dañada por un incendio accidental ocurrido este martes, indicó el gobernador de la localidad.
Una lámpara de aceite provocó, este martes, un incendio que quemó las cortinas en las paredes de la gruta, el lugar donde según la tradición cristiana nació Jesús, dijo Abdel Fatah Hamayel.
El incidente tuvo lugar pocas horas después del regreso del Papa a Roma, tras su viaje a Tierra Santa. Durante su visita de tres días, Francisco rezó en la gruta, uno de los lugares santos del cristianismo.
"El accidente se produjo porque se cayó una lámpara de aceite. El incendio se apagó solo", explicó el gobernador.

Este es un despacho de agencia AP, May-27-2014, que informa sobre el mismo incidente.

BELEN, Cisjordania, 27 de mayo (AP)- Una cortina prendió fuego el martes en la Iglesia de la Natividad en Belén, que se alza sobre el lugar donde nació Jesús.
El padre Ibrahim Faltas descartó un incendio intencional, señalando que una vela caída provocó las llamas, que causaron daños menores.
Apenas dos días antes, el papa Francisco visitó el lugar durante su visita de tres días a Tierra Santa.
La Iglesia de la Natividad en Belén, Cisjordania, se alza sobre la gruta considerada tradicionalmente el lugar donde nació Jesús. Es uno de los sitios más sagrados del cristianismo.
Según la doctrina cristiana, Jesús nació en Belén, pasó buena parte de su vida en Nazaret y Galilea, en el norte de Israel, y fue crucificado y resucitó en Jerusalén.

Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

Uno es el abrazo, muchas son las divisiones

 

 

El encuentro entre Francisco y Bartolomé en la Basílica del Santo Sepulcro. Pero hay ruptura entre los patriarcados greco-ortodoxos de Jerusalén y Antioquía. Y hay un enfrentamiento abierto entre Constantinopla y Moscú, sobre la cuestión del primado. El sentimiento antipapal de los cristianos de Oriente.

por Sandro Magister

ROMA, 26 de mayo de 2014 – Las imágenes del papa Francisco frente al muro occidental del templo de Jerusalén, así como las del día anterior en una parada silenciosa frente al muro divisorio de Belén, han polarizado la atención de los medios de comunicación de todo el mundo.
Pero es otro el muro que ha originado el viaje del papa Jorge Mario Bergoglio a Tierra Santa.
Es el muro que divide a los cristianos entre sí.
Exactamente hace cincuenta años, el 5 de enero de 1964, el abrazo en Jerusalén entre Pablo VI y Atenágoras, el patriarca de Constantinopla, signó el inicio de un camino de reconciliación entre la Iglesia de Roma y las Iglesias ortodoxas de Oriente.
Así como la propuesta fue hecha por Atenágoras al Papa, también esta vez ha sido su sucesor, Bartolomé, quien propuso a Francisco la renovación de ese encuentro en Jerusalén.
El Papa acogió de inmediato la propuesta. Y por primera vez en la historia un viaje papal ha sido programado de común acuerdo con el patriarcado de Constantinopla, por la parte que se refería a las dos Iglesias.
Con dos importantes novedades respecto al encuentro de cincuenta años atrás entre Pablo VI y Atenágoras:
- la participación en el evento de representantes de otras Iglesias y denominaciones cristianas, no sólo orientales sino también otras pertenecientes a la cepa de la reforma protestante,
- y el lugar del encuentro, la Basílica jerosolimitana del Santo Sepulcro, con la roca de la cruz y la piedra removida en el momento de la resurrección, fundamento de la fe de todos los cristianos.
Ambas novedades signan el progreso que se ha efectivizado en medio siglo en el camino ecuménico entre las Iglesias cristianas.
Pero tanto una como otra testimonian también cuán arduo y signado de obstáculos es todavía ese camino.

La Basílica del Santo Sepulcro es el símbolo viviente de la medida en que las divisiones históricas entre las Iglesias tornan complicada y con rasgos conflictivos su cohabitación. Sobre la base de un "statu quo" que se remonta a 1753 y al dominio otomano, la titularidad de la Basílica está asignada al Patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén, a los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa y al Patriarcado armenio apostólico. Pero el uso de la Basílica está permitido también a los cristianos coptos, siríacos y etíopes. Para todos con una meticulosa repartición de los tiempos y de los lugares, cuya falta de respeto no raras veces desencadena enfrentamientos también físicos entre unos y otros, en el interior mismo del espacio sagrado, con la policía israelí que acude a reprimir los tumultos.
El hecho mismo que el papa de Roma y el patriarca de Constantinopla han sido recibidos pacíficamente en la Basílica y han celebrado una liturgia, derogando las leyes del "statu quo", es seguramente un signo importante.
Pero al mismo tiempo, quien en la tarde del domingo 25 de mayo recibió en la Basílica del Santo Sepulcro a los dos ilustres huéspedes venidos de Roma y de Constantinopla, el patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, es testigo viviente de las divisiones que separan no sólo a la Iglesia latina de la ortodoxia, sino también a las Iglesias de Oriente entre sí.
El patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén, de rito bizantino, cuyos orígenes se remiten a los tiempos apostólicos, es la comunidad cristiana más presente en Tierra Santa.
Pero el pasado 29 de abril el patriarca de esta Iglesia, Teófilo III, ha sido exiliado litúrgicamente por otro histórico patriarca de la Iglesia greco-ortodoxa, el de Antioquía y de todo Oriente, Juan X.
Desde entonces, al celebrar la divina liturgia, Juan no pronuncia más el nombre de Teófilo entre los de las Iglesias ortodoxas en comunión entre ellas.
Lo que motivó esta ruptura, declarada unilateralmente por el sínodo de la Iglesia greco-ortodoxa de Antioquía, ha sido la creación, hace un año, por parte de Teófilo, de una nueva diócesis en Qatar, en un territorio que el patriarcado de Antioquía considera propio.
Pero las consecuencias han ido rápidamente más allá de este enfrentamiento entre los dos patriarcados. Han embestido todo el campo de la ortodoxia.
El 19 de marzo el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo, convocó en Estambul a los jefes de todas las Iglesias ortodoxas, para anunciarles con el consenso de todos la convocatoria para el 2016 a ese concilio pan-ortodoxo que era esperado desde hace décadas, pero que jamás se había alcanzado a concordar.
En el calendario litúrgico bizantino el 9 de marzo era también el domingo llamado “de la ortodoxia”. Tanto Juan X como Teófilo III estuvieron presentes en Estambul, pero el primero no suscribió la declaración que fijó en el 2016 la convocatoria del Concilio pan-ortodoxo, ni tampoco participó en la divina liturgia.

Otra señal de división ha sido la ausencia, en el encuentro de Jerusalén entre Francisco y Bartolomé, de representantes de primer nivel de la Iglesia ortodoxa rusa, de lejos la más grande en el campo de la ortodoxia.
En su discurso en la Basílica del Santo Sepulcro, el papa Bergoglio ha renovado "la voluntad de mantener un diálogo con todos los hermanos en Cristo para encontrar una forma de ejercicio del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misión, se abra a una situación nueva y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de comunión reconocido por todos".
El próximo setiembre, en Novi Sad (Serbia), ya está programado un nuevo encuentro del equipo conjunto de obispos y teólogos denominado "Comisión Mixta Internacional para el Diálogo teológico entre la Iglesia Católica romana y la Iglesia ortodoxa", que debería proseguir el estudio de la cuestión del primado papal siguiendo las huellas del documento aprobado en Rávena en el 2007 por todos los componentes de la Comisión.
Pero en Rávena la Iglesia rusa estuvo ausente y en los años posteriores ha marcado siempre su desacuerdo respecto a ese documento.
No sólo eso. En el invierno pasado, el patriarcado de Moscú rechazó ásperamente en un documento aprobado por su sínodo cualquier tipo de "primado" – tanto del jefe de la Iglesia de Roma como el del patriarca ecuménico de Constantinopla entre las Iglesias ortodoxas – que no sea puramente honorífico y entre pares.
El Patriarcado de Constantinopla ha replicado este documento en forma no menos decidida.

Pero hay más. Existe el temor que los progresos alcanzados hasta aquí en el diálogo ecuménico entre Roma y las Iglesias de Oriente pertenecen a estrechas vanguardias iluminadas y están lejos de ser aceptados por el conjunto de la jerarquía y de los fieles ortodoxos.
Indicio de ello es una kilométrica carta abierta, en italiano y en inglés, enviada el pasado 10 de abril al Papa – o más exactamente "Al Ilustrísimo Sr. Francisco, Jefe del Estado del Vaticano" – por dos obispos metropolitanos de la Iglesia ortodoxa de Grecia: Serafín, del Pireo, y Andrés, de Konitsa.
La carta es una interminable y descarada secuela de acusaciones, culminando en las de herejía e idolatría, en apoyo de la tesis que “entre ortodoxia y papado no puede haber ningún compromiso”.
Los dos autores son los exponentes más a la vista del ala tradicionalista de la Iglesia ortodoxa griega. Pero según el profesor Enrico Morini, "reflejan las posturas de buena parte de la jerarquía ortodoxa en Grecia, pero también en Rusia y en Rumania, y en una medida todavía mayor, de los fieles ortodoxos más conscientes y fervientes".
Morini es docente de Historia e Instituciones de la Iglesia ortodoxa, en la universidad estatal de Boloña y en la Facultad Teológica de Emilia Romaña, y presidente de la Comisión para el ecumenismo, de la arquidiócesis boloñesa.

Fuente: Sandro Magister

jueves, 22 de mayo de 2014

San Pío X y Theodor Herzl

 

San Pio X -Theodor-Herzl

 

He aquí el testimonio de Theodor Herzl luego de su visita a San Pío X, en Roma, el 26 de enero de 1904. Aparecido originalmente en “La Terre Retrovée”, 1º de Julio de 1956.

Ayer fui recibido por el Papa Pío X. Me recibió de pie y tendió la mano que no besé. Se sentó en un sillón, especie de trono para “los asuntos menores” y me invitó a sentarme cerca de él. El Papa es un sacerdote lugareño, más bien rudo, para quien el Cristianismo permanece como una cosa viviente, aún en el Vaticano. Le expuse mi demanda en pocas palabras. Pero, tal vez enojado porque no le había besado la mano, me contestó de modo demasiado brusco:

— No podemos favorecer vuestro movimiento. No podemos impedir a los judíos ir a Jerusalén, pero no podemos jamás favorecerlo. La tierra de Jerusalén si no ha sido sagrada, ha sido santificada por la vida de Jesucristo. Como jefe de la Iglesia no puedo daros otra contestación. Los judíos no han reconocido a Nuestro Señor. Nosotros no podemos reconocer al pueblo judío.

De modo que el antiguo conflicto entre Roma y Jerusalem, personificado por mi interlocutor y por mí, revivía en nosotros. Al principio traté de mostrarme conciliador. Le expuse mi pequeño discurso sobre la extraterritorialidad. Esto no pareció impresionarlo. “Gerusalemme”, dijo, no debía a ningún precio, caer en manos de los judíos.

Y sobre el estatuto actual, ¿qué pensáis vos, Santidad?

Lo sé; es lamentable ver a los turcos en posesión de nuestros lugares Santos. Pero debemos resignarnos. En cuanto a favorecer el deseo de los judíos a establecerse allí, nos es imposible.

Le repliqué que nosotros fundábamos nuestro movimiento en el sufrimiento de los judíos, y queríamos dejar al margen todas las incidencias religiosas.

Bien, pero Nos, en cuanto Jefe de la Iglesia Católica, no podemos adoptar la misma actitud. Se produciría una de las dos cosas siguientes: o bien los judíos conservarán su antigua Fe y continuarán esperando al Mesías, que nosotros los cristianos creemos que ya ha venido sobre la tierra, y en este caso ellos niegan la divinidad de Cristo y no los podemos ayudar, o bien irán a Palestina sin profesar ninguna religión, en cuyo caso nada tenemos que hacer con ellos. La fe judía ha sido el fundamento de la nuestra, pero ha sido superada por las enseñanzas de Cristo y no podemos admitir que hoy día tenga alguna validez. Los judíos que debían haber sido los primeros en reconocer a Jesucristo, no lo han hecho hasta hoy.

Yo tenía a flor de labio la observación: “Esto ocurre en todas las familias; nadie cree en sus parientes próximos”; pero de hecho contesté: “El terror y la persecución no eran ciertamente los mejores medios para convertir a los judíos”.

Su réplica tuvo, en su simplicidad, un elemento de grandeza:

Nuestro Señor vino al mundo sin poder. Era povero. Vino in pace. No persiguió a nadie. Fue abbandonato aún por sus apóstoles. No fue hasta más tarde que alcanzó su verdadera estatura. La Iglesia empleó tres siglos en evolucionar. Los judíos tuvieron, por consiguiente, todo el tiempo necesario para aceptar la divinidad de Cristo sin presión y sin violencias. Pero eligieron no hacerlo y no lo han hecho hasta hoy.

Pero los judíos pasan pruebas terribles. No sé si Vuestra Santidad conoce todo el horror de su tragedia. Tenemos necesidad de una tierra para esos errantes.

— ¿Debe ser Gerusalemme?

Nosotros no pedimos Jerusalem sino Palestina, la tierra secular.

Nos no podemos declararnos a favor de ese proyecto.

Teodoro Herzl

Ahora van por las religiosas

 

 

Un gran escándalo es la actuación de la Congregación para la Vida Consagrada contra el instituto de los Franciscanos de la Inmaculada. Instituto al que se la ha impuesto no solo un comisario político-apostólico, sino una serie de medidas desproporcionadas, crueles, arbitrarias e indignas. Además de haberse ignorado el Magisterio Pontificio, ya que los Franciscanos de la Inmaculada están hoy privados de los derechos que el motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI otorga a todos los católicos de Rito Latino.

La intervención en los Franciscanos de la Inmaculada, además de desproporcionada y agresiva, se basa en acusaciones genéricas, ambiguas y falaces, porque en verdad no se conocen motivos serios para esta intervención. La verdadera razón parece el deseo de cercenar un instituto de corte tradicional, misionero y en gran expansión por sus numerosas vocaciones. Mientras tanto, los dirigentes de la Congregación para la Vida Consagrada, el Cardenal Braz de Avis y Monseñor Carballo (un franciscano que persigue a franciscanos), toleran la situación deplorable de otros institutos en abierta rebelión frente al credo de la Iglesia o en situación de absoluta decadencia.

Ahora les llega el turno a las Hermanas de la Inmaculada, asociadas también al Instituto de los Franciscanos de la Inmaculada, a las que se les acaba de anunciar una Visita Apostólica. La maquinaría sigue funcionando: un plan preconcebido para destruir un instituto piadoso.

Fuente: http://www.institutodelbuenpastor.org/

martes, 20 de mayo de 2014

RESPUESTA A MARIO VARGAS LLOSA

 

 

“Cavernario”, “crasa ignorancia”, “barbarie”, “troglodita”, “exabruptos homófonos”, “atrasados e incultos”, “sandeces”, son los sustantivos con los que el señor Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, en su artículo “Para salir de la barbarie”, del lunes 21 de abril de 2014, se ha referido a  quienes se oponen a un proyecto de ley de unión civil entre personas del mismo sexo en Perú, en especial, contra un comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana y del “inefable” arzobispo primado de Lima, el cardenal Cipriani.

          No obstante calificarse como “no creyente” y “agnóstico”, el autor expresa su esperanza de posibles “reformas profundas” sobre este tema “en el seno de la Iglesia en base a los primeros gestos, declaraciones e iniciativas del nuevo pontífice”. Mas no puede ignorar, como cualquiera, que la ley de la Iglesia no puede cambiar con los tiempos, no es de la época de las cavernas, ni de los trogloditas, sino eterna, inmutable e  infinitamente perfecta, como infinitamente perfecto, eterno e inmutable es su Autor, inculcada en los corazones de los hombres y luego revelada en el Antiguo y el Nuevo Testamento y la tradición apostólica. Por ello, los señores obispos del Perú, como sucesores de los Apóstoles, no han tenido otra alternativa que cumplir con el mandato de Nuestro Señor Jesucristo: “Id por el mundo entero, predicad el Evangelio a toda la creación” (Marcos, 16-15), según enseña la Sagrada Escritura, entre otros innumerables pasajes:

                "No te echarás con varón como con mujer, es abominación" (Lev 18:22).

         "Si alguno se juntare con varón como con mujer, abominación hicieren; ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre" (Lev 20:13).

   "¿No sabéis acaso que los inicuos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maledicentes, ni los que viven de rapiña heredarán el Reino de Dios" (1 Corintios 6, 9-10).

Señor Vargas Llosa, hay otro premio más importante que el Nobel, que es pasajero, por ser de este mundo: es el premio “demasiado grande que Dios tiene preparado para aquellos que le aman”, “que ni ojo vio, ni oído oyó”, premio que le deseo con toda mi alma, y que antes de esperar a último momento y sea fatalmente tarde dirija la misma pregunta que Pablo de Tarso, judío de nacimiento y ciudadano romano implacable perseguidor de cristianos, cuando tocado por la gracia cayó en el camino de Damasco: “¿Quién eres Tú, Señor, qué quieres que haga?” (Hechos, 9-4, 7).        

 

Félix Esteban Dufourq

felixdufourq@gmail.com

lunes, 19 de mayo de 2014

Declaran a San Fernando del Valle de Catamarca como “Ciudad Pro Vida”

 

El acto se enmarca dentro de las actividades por el Año de la Niñez y la Adolescencia y se llevó a cabo durante la visita del Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc al Concejo Deliberante de la capital.

En el mismo, se declaró a San Fernando del Valle como “Ciudad Pro Vida”, reconociendo y garantizando el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, de todos los seres humanos, sin exclusiones, ni discriminaciones arbitrarias.
La segunda jornada de la visita pastoral del Mons. Urbanc a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús comenzó a las 9:00 en el palacio municipal, donde fue recibido por el Intendente Raúl Jalil, junto a miembros de su gabinete, en la puerta de las instalaciones municipales.
Seguidamente realizó una invocación religiosa en la que instó a los presentes a “ser servidores de los demás”, implorando una abundante bendición para todos los miembros del municipio de San Fernando del Valle de Catamarca.

En el Concejo Deliberante

Luego de su visita al palacio municipal, Mons. Luis Urbanc llegó a las dependencias del Concejo Deliberante de la Capital, donde lo esperaban la presidenta del órgano colegiado, María Jimena Herrera, los concejales y todos sus trabajadores, quienes le brindaron una cálida bienvenida.

Fuente: El diario de Catamarca.

domingo, 18 de mayo de 2014

5° Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad

 

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A imitación de la Peregrinación Notre-Dame de Chrétienté (Francia), se realizará por quinta vez consecutiva en Argentina la Peregrinación Tradicionalista Nuestra Señora de la Cristiandad. La misma tiene una duración de tres días y tendrá lugar el 16, 17 y 18 de Agosto de 2014.

La Peregrinación comienza en la localidad de Rawson, pasa por Mercedes y termina en la Basílica de Luján. En cada uno de estos lugares, se celebrará la Santa Misa según la forma extraordinaria del Rito Romano. La Misa de cierre en la Basílica será presidida nuevamente por Su Excelencia Reverendísima Monseñor Antonio Baseotto, Obispo emérito del Obispado Castrense.

Es sorprendente el gran interés de los más jóvenes por el rito antiguo de la Santa Misa. Muchos de ellos asisten con sus misales (o bien los de sus abuelas), quienes sin complicaciones pueden seguir fácilmente la práctica de la celebración. También asisten sacerdotes religiosos y diocesanos de distintas diócesis de nuestro país. Entre ellos estuvieron presentes, en años anteriores, los Frailes Franciscanos de la Inmaculada con varios jóvenes de la Parroquia Nuestra Señora de La Guardia. Así mismo esperamos que también esta vez puedan asistir.

Este año, lamentablemente, la Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad, vuelve a coincidir con la Jornada de Formación Católica de Paraná. Así, muchos de los fieles se encuentran en la disyuntiva de tener que escoger entre la una o la otra. Y si bien los organizadores de la Peregrinación nos informaron que tuvieron en cuenta la coincidencia de las fechas, afirmaron que no había posibilidades de cambiarla, ya que debían aprovechar el fin de semana largo.

Para participar  en la 5° Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad, los interesados deben contactarse con los organizadores para inscribirse. A continuación  dejamos las direcciones de contacto:

Facebook: Nuestra Señora de la Cristiandad

Blog: http://nscristiandad.wordpress.com/

 

 

Otros videos de peregrinaciones anteriores:

Juventutem Argentina

La destrucción de un Instituto

 

 

El de los Franciscanos de la Inmaculada era un instituto dinámico, misionero, con múltiples vocaciones, que celebraba la Liturgia en ambas formas del Rito Romano: ordinaria y extraordinaria. La intervención de Roma y el nombramiento de un comisario político-apostólico están a punto de destruir este hermoso proyecto vocacional.

Ante el clima irrespirable causado por el comisario, padre Volpi, entre 100 y 150 sacerdotes franciscanos de la Inmaculada, según recoge la web Rorate Caeli, habrían pedido a la Santa Sede la dispensa de sus votos pontificios y pasar a depender de obispos diocesanos.

Fuente: Rorate Caeli/Acción Litúrgica.

La disputa sobre los poderes del sínodo

 

Hay quien lo quiere como órgano supremo de gobierno de la Iglesia, una especie de "concilio permanente". Pero el Vaticano II lo ha excluido. Los cardenales Müller y Ruini explican por qué, según Ratzinger cardenal y Papa.

ROMA, 15 de mayo de 2014 – Los dos sínodos que están programados para el mes de octubre de este año y el programado para el año próximo suscitan una espera febril, no sólo con motivo del tema que se discutirá – la familia y en particular la "vexata quaestio" de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar –, sino también por las especulaciones que se hacen sobre su funcionamiento.

Ya se han introducido algunas novedades respecto a los sínodos anteriores:

 

Un sínodo tal como quiere Francisco

Pero se espera ampliamente que respecto a las novedades puedan presentarse otras y más sustanciales. Sobre la ola del propósito de Francisco de asociar una más efectiva colegialidad episcopal al primado papal en el gobierno de la Iglesia. 
Emblemáticas de esta espera son, por ejemplo, las propuestas de refuerzo del instituto sinodal avanzadas en la revista "Il Regno", de Enrico Morini, docente de historia e instituciones de la Iglesia ortodoxa en la universidad estatal de Boloña y en la facultad teológica de la Emilia Romana, presidente de la comisión para el ecumenismo de la arquidiócesis boloñesa:


Primazialità e collegialità

La propuesta de Morini está articulada de esta manera:
"Un primer punto está representado por la transformación del sínodo de los obispos, previsto por el motu proprio 'Apostolica sollicitudo' del papa Pablo VI, del 15 de setiembre de 1965, en una asamblea no sólo consultiva sino también deliberativa.
"El segundo punto está representado por la composición de este sínodo episcopal, que se convertiría en el supremo gobierno de la Iglesia latina (es decir, en términos que hoy se han tornado lamentablemente desusados, del patriarcado de Roma). Constituido por representantes de todas las conferencias episcopales nacionales y por todos los cardenales activos, deberían participar solamente obispos de rito latino: de hecho el órgano supremo de gobierno de la Iglesia universal, en el que participan los obispos de todos los ritos, es el concilio ecuménico. Pero entre tanto los temas previstos para la discusión podrían ser presentados contextualmente para que los examinen los sínodos de las Iglesias orientales católicas.
"El Sínodo de los obispos debería ser convocado por el Papa, quien lo preside personalmente, ordinariamente cada dos o también tres años. Toda reunión del sínodo episcopal debería representar por elección un consejo permanentemente de 12 obispos, todos cardenales, para ayudar al Papa en el gobierno ordinario de la Iglesia, constituyendo un 'sínodo permanente' equipado bajo la presidencia primacial del Papa, con poder de decisión, a ser convocado cada dos o tres meses y para renovar la posterior sesión del sínodo, reservando al Papa el derecho de veto en salvaguardia de su primacía".
En opinión de Morini, este refuerzo del rol del sínodo debería influir también en el mecanismo de elección del Papa.
Esta elección debería seguir esperando a los cardenales solos, en representación simbólica del clero romano, excluyendo a los patriarcas católicos orientales. Pero los electores llegarían a elegir al nuevo Papa entre los 12 componentes del consejo permanente del sínodo.
Comenta Morini:
"De este modo, el sínodo de los obispos, más que órgano de gobierno de la Iglesia latina, se convertiría también en una forma de pre-cónclave, eligiendo en su interior a esos 12 purpurados, constituyendo el 'sínodo permanente', que podrían ser de todos modos sustituidos o confirmados en la posterior sesión sinodal".

Pero contra ésa y otras análogas propuestas de refuerzo del sínodo se ha expresado el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Lo hizo el 29 de abril, al presentar en Roma un volumen que recoge todas las intervenciones de Joseph Ratzinger, cardenal y Papa, respecto al instituto sinodal.
"El sínodo de los obispos – dijo Müller – no tiene una función sustitutiva o sub-rogativa, ni del Papa ni del colegio de los obispos". En consecuencia, "se comprende por qué tiene esencial y normalmente una función consultiva y no ante todo deliberativa".
Pero – agregó – el sínodo tampoco puede ser asimilado a un "concilio permanente" ni mucho menos sustituir a un concilio ecuménico:
"Por su naturaleza, el sínodo no puede convertirse en un organismo estable de gobierno de la Iglesia, dirigido por principios similares a los que regulan a muchas democracias o instituciones políticas. Como prueba de esto, se pone en evidencia que no es la mayoría, sino el 'consensus' que tiende a la unanimidad el que es efectivamente 'in ecclesia' el criterio fundamental con el que se toman decisiones, tanto en el sínodo como en toda otra asamblea eclesial eminente. […] Si no fuese así, no serían la verdad y la fe sino la política y los lobbies los que dominarían la génesis de las decisiones eclesiales".
Es fácil prever que esta exigencia de un consenso casi unánime se hará valer en el curso de los próximos sínodos contra quien quiera permitir el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, innovaciones que entre los cardenales tiene ya desde ahora sus partidarios aguerridos, pero que están lejos de alcanzar la unanimidad.

Además del cardenal Müller, en la presentación del volumen con los textos de Ratzinger respecto al sínodo intervino también el cardenal Camillo Ruini.
Éste se ha apoyado en un texto leído por Ratzinger en una reunión a puertas cerradas en el año 1983, hasta ayer muy poco conocido, muy claro y preciso al excluir la atribución al sínodo de poderes de gobierno propios de la Iglesia universal.
"De hecho – argumentó Ratzinger en esa ocasión – la suprema autoridad sobre toda la Iglesia, de la que goza el colegio [de los obispos] unido al Papa, según la doctrina del Vaticano II puede ser ejercida sólo de dos modos: en modo solemne en el concilio ecuménico o bien con una acción común de los obispos esparcidos por toda la tierra (Lumen gentium, 22)".
Pero el sínodo no es ni una cosa ni la otra. En consecuencia, aunque se le atribuyeran al sínodo poderes deliberativos, eso sólo sucedería por delegación del Papa.
No sólo eso. "Lo que vale para el sínodo vale igualmente para estructuras permanentes como la secretaría del sínodo o su consejo. Ellas, 'a fortiori', reciben su autoridad del Papa y sus actos no pueden ser definidos propiamente como colegiales".
A continuación presentamos el pasaje de la intervención del cardenal Ruini respecto a la posición de Ratzinger sobre los poderes del sínodo de los obispos.

 

EL SÍNODO SEGÚN RATZINGER
por Camillo Ruini

Me detengo en un texto de Joseph Ratzinger, el informe sobre la naturaleza, propósitos y métodos del sínodo de los obispos, presentado por él en la reunión del consejo de la secretaría del sínodo celebrada desde el 26 al 30 de abril de 1983, en vista del sínodo extraordinario de 1985 a los veinte años del Vaticano II.
Ante todo, Ratzinger examina con precisión el sínodo de los obispos tal como está configurado en el nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado el 25 de enero de 1983. El suyo es un análisis jurídico pero también teológico, y de la comparación entre estos dos tipos de acercamiento emergen indicaciones muy importantes.
Teológicamente, el sínodo está vinculado con la doctrina de la colegialidad, que a su vez está íntimamente conectada con la responsabilidad de la Iglesia respecto al mundo.
Bajo el perfil jurídico el sínodo depende estrechamente de la autoridad del Papa, sea cuando lo ayuda con sus consejos o bien cuando, por delegación papal, es decir por participación de autoridad concedida por el Papa, expresa en ciertos casos un voto deliberativo.
Esta dicotomía entre el “lugar” jurídico y el “lugar” teológico y pastoral del sínodo parece derivar de la naturaleza de la autoridad del colegio de los obispos. En efecto, la suprema autoridad sobre toda la Iglesia, de la que goza el colegio unido al Papa, según la doctrina del Vaticano II puede ser ejercitada sólo de dos modos: en modo solemne en el concilio ecuménico o bien con una acción común de los obispos esparcidos por toda la tierra (Lumen gentium, 22).
Según la tradición católica, tanto oriental como occidental, no se puede concebir que los obispos puedan conceder y delegar a algunos obispos elegidos por ellos esta facultad participativa en el gobierno de la Iglesia universal. El motivo es la naturaleza eclesiológica del colegio de los obispos, la cual no reside en la posibilidad de constituir por delegación el gobierno central de la Iglesia, sino más bien en la verdad que la Iglesia es un cuerpo vivo, que se edifica con células vivas.
Por lo tanto, los obispos son partícipes del gobierno de la Iglesia universal mediante el cuidado de una determinada Iglesia particular, en la que toda la Iglesia está presente, razón por la cual la vida de la misma Iglesia particular constituye, a su modo, toda la estructura orgánica de la Iglesia.
A causa de esta razón de fondo, el sínodo de los obispos, que no es el concilio ecuménico ni un acto de todos los obispos esparcidos en el mundo, jurídicamente no parece poder constituirse si no es en relación con el oficio del Papa. Pero teológicamente, y según su envergadura pastoral, el sínodo tiene la tarea de favorecer el enlace entre el Papa y el colegio de los obispos.

En la segunda parte de su informe el cardenal Ratzinger examina las cuestiones que ya entonces se planteaban de reforma del sínodo de los obispos, calificando modestamente sus evaluaciones y propuestas como “opiniones personales”.
Ante todo, observa que para muchos el remedio más simple y eficaz para eliminar las frustraciones reiteradas en el sínodo parece consistir en la concesión habitual, y no sólo ocasional, del voto deliberativo.
Pero no comparte esta propuesta, en primer lugar por el motivo teológico ya expuesto: el voto deliberativo se referiría a la autoridad papal, sería entonces una delegación del Papa, “y no podría ser definido en absoluto como acto colegial”. En esta forma el voto deliberativo no está excluido sino que están delimitados exactamente su alcance y su significado.
Esto que vale para el sínodo de los obispos vale igualmente para estructuras permanentes como la secretaría del sínodo o su consejo. Ellas, 'a fortiori', reciben su autoridad del Papa y sus actos no pueden ser definidos propiamente como colegiales. Todo esto no quita, precisa Ratzinger, que el sínodo de los obispos retorne con otro título a la colegialidad, en cuanto favorece la “reciprocidad”, a la unión y la compenetración recíproca entre el Papa, que es ante todo obispo de la Iglesia particular de Roma, y los otros obispos con sus Iglesias particulares.
Otra observación del cardenal Ratzinger que me parece muy importante es aquélla según la cual, en el gobierno de la Iglesia, si se quiere hacer demasiado se termina resistiendo a la guía del Espíritu Santo, oponiendo nuestras obras a sus dones y obstaculizando el tiempo de la maduración y de una tranquila evolución. Muchas veces la actividad malsana es una búsqueda de justificación por medio de las propias obras, que hace olvidar la profunda verdad de la parábola evangélica de la semilla que despunta y crece a espaldas de aquél que la ha sembrado (Mc 4, 26-28).
En cuanto a la libertad que debe justamente caracterizar la discusión en el sínodo de los obispos, Ratzinger nota en primer lugar que, evidentemente, no se puede poner en duda la fe de la Iglesia, pero lo que sí se puede hacer es interrogarse respecto a las expresiones – no sólo verbales, sino reales en varias formas – adecuadas de la fe y respecto al mundo en el que la fe se puede explicar, madurar y profundizar.
Además, los documentos del sumo pontífice que tratan auténticamente, aunque no infaliblemente, materias de fe, no pueden ser objeto de discusión sinodal, porque la autoridad del sínodo proviene de la del Papa.
Y tampoco el concilio ecuménico tiene autoridad alguna opuesta a la de su jefe. Pero es obvio que se puede preguntar en qué forma, de la doctrina presente en esos documentos, se puede dar una mejor explicación y una más profunda exposición, sin alterar el contenido.
Diferente es el caso de los documentos de las Congregaciones romanas aprobados por el Papa sólo en forma simple: no parece excluir que sean discutidos en el sínodo de los obispos, consejo supremo que favorece “la estrecha unión entre el romano pontífice y los obispos” (can. 342).
Respecto al método de trabajo – hace notar Ratzinger – lamentablemente se tiene la impresión de asistir a una serie de discursos preparados en forma anticipada, carentes de verdaderos elementos de discusión, con una exposición bastante genérica y desarticulada, que inevitablemente termina provocando un sentimiento de cansancio en los padres sinodales, que no ven en todo esto ningún progreso hacia la búsqueda de la verdad.
Para remediar esto Ratzinger excluye claramente las propuestas que querrían obligar a los miembros del sínodo a atenerse a las deliberaciones de las conferencias episcopales que los han elegido. En tal caso el debate sinodal sería de hecho todavía más desarticulado y no se podría arribar a conclusiones comunes, porque nadie podría derogar la línea de la que se habría hecho portador. Pero para una solución positiva del problema del método de trabajo, que remedie las carencias denunciadas, me parece que también en este texto del cardenal Ratzinger hay escasas indicaciones.
El cardenal reclama además la responsabilidad personal de los obispos que participan en el sínodo – no delegable a los expertos – y subraya cómo, a fin que su representación sacramental de las Iglesias particulares se convierta en representación real, es necesario que las mismas Iglesias particulares desarrollen un rol en la preparación y en la aplicación del sínodo, lo cual no debe ser vivido por ellas sólo como un momento de discusión y consejo, sino como una actitud espiritual y una realidad espiritual.
Contra la tendencia a hablar mucho y a vivir poco, hoy lamentablemente bastante difundida, siguen siendo decisivas las palabras de san Cipriano: “No decimos cosas grandes, sino que las vivimos” (De bono patientiae, 3). Efectivamente, por su naturaleza, la Iglesia no es un consejo o concilio permanentes sino una comunión, y el consejo debe servir a la comunión.
Por último, parece “estrictamente necesario”, afirma Ratzinger, que “a través del sínodo la voz de la Iglesia universal se eleve en la unidad y en la fuerza de la unidad sobre los grandes problemas de nuestro tiempo”.
Para no hacer demasiado compleja mi intervención he dejado de lado otras varias observaciones que el cardenal Ratzinger hace en este informe de 1983, pero que también siguen siendo actuales también hoy.
Termino con una referencia a los dos sínodos que se celebrarán en el otoño del corriente año y en el próximo. Pienso que el informe de Ratzinger sobre la naturaleza, propósitos y métodos del sínodo de los obispos puede ser de gran ayuda para el feliz éxito de estos dos importantísimos sínodos.

Fuente: Sandro Magister.

El Papa a directores de la ONU: Los niños por nacer son «nuestros hermanos y hermanas»

 

 

La funcionaria de derechos humanos de mayor rango en la ONU, Navi Pillay, miraba hacia abajo y estaba inquieta mientras el Papa Francisco daba un mensaje provida sin ambigüedades al secretario general Ban Ki-moon y a altos funcionarios de la ONU. Los niños por nacer son «nuestros hermanos y hermanas», dijo el papa Francisco a Pillay y a sus colegas reunidos en Roma para una reunión de coordinación.

La oficina de Pillay facilita la tarea de los comités de la ONU que hace poco dijeron al Vaticano que modifique la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto.

«Hoy, en concreto, la conciencia de la dignidad de cada hermano, cuya vida es sagrada e inviolable desde su concepción hasta el fin natural, debe llevarnos a compartir, con gratuidad total, los bienes que la providencia divina ha puesto en nuestras manos», exhortó el Papa.

El mensaje llega en un momento decisivo, cuando las Naciones Unidas debaten un nuevo plan de desarrollo para reemplazar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en 2015 y contribuir con la erradicación de la pobreza, con mejoras en la salud y con el desarrollo económico. La Asamblea General de la ONU está realizando consultas para reunir consenso sobre un esquema conocido como Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El Papa elogió los esfuerzos realizados hasta ahora por la ONU, aunque advirtió que muchos todavía están excluidos de los beneficios del progreso social y económico, entre ellos, los niños por nacer.

Denunció la injusticia de la «cultura de la muerte» y de la «cultura del descarte» de nuestro tiempo. Según el Pontífice, el aborto forma parte de esa cultura, junto con la «economía de la exclusión». Instó a los funcionarios de la ONU a rebatir estas injusticias mediante una «movilización ética mundial».

El progreso equitativo solo puede obtenerse mediante un «empeño solidario constante, acompañado de una gratuidad generosa y desinteresada a todos los niveles», les dijo.

El Papa Francisco asimismo pidió a los funcionarios que brindaran «adecuada protección a la familia» como «elemento esencial de cualquier desarrollo económico y social sostenibles».

La intercesión del Pontífice en favor de los niños por nacer y de la familia evoca las intervenciones de Juan Pablo II previas a una ambiciosa conferencia de la ONU sobre población y desarrollo en 1994, en la que los esfuerzos del gobierno de Clinton y de funcionarios de la ONU para conseguir que el aborto fuera reconocido como derecho humano fueron obstaculizados por el predecesor de Francisco.

Las negociaciones de la agenda de desarrollo post 2015 son el nuevo campo de batalla en el que se desarrolla un enfrentamiento similar.

El mensaje del papa Francisco tiene como objetivo evitar que la ONU apruebe el aborto incluso de manera indirecta con el pretexto de brindar salud materna o sexual y reproductiva.

Los países donantes que apoyan el aborto y los funcionarios de la ONU responsables ante ellos lo incluyen como componente indispensable de la salud materna y de la salud sexual y reproductiva. Las agrupaciones que ofrecen y promocionan el aborto aprovechan las ambigüedades en relación con él en políticas de la ONU para obtener fondos.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio canalizaron con éxito recursos para problemas específicos. Pero quedan pendientes muchas dificultades e incertidumbres al establecerse un nuevo conjunto de metas.

La agenda se ha extendido en mucho más de una docena de objetivos, metas e indicadores definidos a grandes rasgos. No existe acuerdo sobre detalles hasta el momento.

Los críticos temen que la agenda de desarrollo post 2015 se oriente lejos de la ayuda a los países pobres en su lucha contra la pobreza y las enfermedades, y se centre en objetivos universales inalcanzables en una amplia gama de cuestiones ambientales y sociales muy preciadas para los países ricos.

Fuente: CFam/InfoCatólica

Martiriomanía

 

 

Para el verdadero martirio se requieren tres cosas:

“1ª. Que se sufra verdaderamente la muerte corporal... 2ª. Que la muerte sea infligida en odio a la verdad cristiana. A la verdad de la fe cristiana pertenece no sólo la adhesión interna de la mente a las verdades reveladas, sino también la profesión externa, la cual se tiene no sólo con las palabras, sino con los hechos, con los cuales se demuestra la propia fe, y por esta razón todas las obras de las virtudes, en cuanto que se refieren a Dios, son de algún modo profesiones y testimonios de fe, en cuanto que por medio de la fe se nos da a conocer que Dios nos pide estas obras y nos premia por ellas y por esto pueden ser razón de martirio, ésta es la causa de que la Iglesia celebre el martirio de San Juan Bautista, el cual sufrió la muerte no por la fe, sino por combatir el adulterio, y el de Santa María Goretti, heroína de la pureza. Se requiere además que la muerte sea infligida por el enemigo de la fe divina o de la virtud cristiana... 3ª. Que la muerte haya sido aceptada voluntariamente.” (Palazzini)

Notemos que puede haber martirio no sólo por odio directo a la fe sino también por odio a una virtud cristiana. Pero el martirio, para que sea reconocido por la Iglesia, debe probarse:

En un proceso sobre martirio deberán investigarse la vida y las virtudes -o posibles defectos- del Siervo o de los Siervos de Dios (21), pero teniendo en cuenta que es necesario y suficiente probar el martirio en sus distintos aspectos (o, en otros términos, el martirio y su causa), es decir:

a) el martirio material, o sea la muerte real, producida de manera violenta (22);

b) el martirio formal: que esa muerte haya sido causada por odio a la fe, y que el mártir la haya aceptado por amor a la fe” (Gutiérrez)

_____________

(21) Es doctrina de la Iglesia que el martirio borra los pecados actuales en cuanto a la culpa y en cuanto a la pena. Por eso, en las causas sobre martirio se ha de probar éste y sólo éste, sin que haya de tenerse en cuenta si el Siervo de Dios fue antes pecador o no(cfr. BENEDICTO XIV, De Servorum.... cit. [nota 2), Lib. 1, cap. 28, n. 8; Lib. 1, cap. 29, nn. 1-2; Lib. m, cap. 15, nn. 7-19).

(22) Las ejecuciones públicas del pasado han dejado paso en el siglo XX a la clandestinidad, por lo que en bastantes casos la falta de testigos dificulta la prueba del martirio material.

Recordemos, además, que:

“En ocasiones no se presenta fácil la prueba por diversas causas, como pueden ser la dificultad de cerciorarse de la perseverancia hasta la muerte, o de la voluntad de sufrir el martirio como testimonio de fe, o de la causa real de la muerte según la intención de los ejecutores, incluso puede ser difícil encontrar testigos presenciales del hecho... Todo ello hace que sea una prueba no siempre sencilla.” (Royo Mejía).

Las precedentes consideraciones sirven para enjuiciar críticamente esta “manía” eclesial de encontrar mártires a granel. Un ejemplo reciente lo tenemos en las declaraciones del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, quien dijo que “…homicidio del padre Mugica fue un verdadero martirio. Mártir de veras por la causa de los pobres".

Quede claro que no hablamos de “manía” porque sea imposible que Mugica fuera un mártir. Por el contrario, es posible un martirio porque no se tiene en cuenta si el sujeto fue antes pecador, razón por la cual hasta un antipapa como San Hipólito pudo ser mártir. Además, consta por algunos testimonios que poco antes de morir Mugica rectificó algunos errores con la ayuda del p.Meinvielle. Pero se debe probar que hubo verdadero martirio, con todas las condiciones indicadas, y no un asesinato por motivos políticos. Luego, ¿cómo puede decir el cardenal Poli que el homicidio de Mugica fue un “verdadero martirio” si todavía no se sabe siquiera quién lo mató, ni se conoce el motivo del asesinato?

Fuente: InfoCaótica.

viernes, 16 de mayo de 2014

Revista Jauja

 

 

Revista Jauja: durante tres años, entre 1967 y 1969, el gran sacerdote y humanista argentino, Padre Leonardo Castellani, SJ, dirigió la memorable revista Jauja, seno de varios grandes de la intelectualidad católica argentina. Se ofrece aquí en pdf (formato reconocido) e imagen. Jauja 1; Jauja 2; Jauja 3; Jauja 4; Jauja 5; Jauja 6; Jauja 7; Jauja 8; Jauja 9; Jauja 10; Jauja 11; Jauja 12; Jauja 13-14-15; Jauja 16-17; Jauja 18; Jauja 19; Jauja 20; Jauja 21; Jauja 22; Jauja 23; Jauja 24; Jauja 25-26-27; Jauja 28; Jauja 29; Jauja 30; Jauja 31;Jauja 32; Jauja 33; Jauja 34; Jauja 35; Jauja 36.

AVISO IMPORTANTE: me han comentado que algunas letras de la revistas “Jauja” no se leen bien (lo mismo me ha sucedido con “Mikael”); estoy intentando corregir este error. Si desean esperar unos días (no más de dos semanas; hoy es 15 de mayo) espero poder corregirlas y subirlas nuevamente con la grafía correspondiente. P. Javier Olivera Ravasi.

Fuente: Blog Que no te la cuenten.

Escolástica Española: ortodoxia sin papolatría

 

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La verdad es que una de las cosas que más me han llamado la atención y me han sido siempre altamente simpáticas, es la valentía y franqueza de nuestros grandes Teólogos-juristas al hablar de la potestad del Papa y del Rey o Emperador.La católica España, la que nuestros enemigos gustan de calificar de inquisitorial, no les quitaba la libertad para decir al Papa y al Rey o Emperador la verdad, cruda y acaso hiriente, que nuestros adversarios no eran capaces de exponer ante sus gobernantes, ya fuese un Príncipe con señorío feudal. Súbditos del Emperador Carlos V, Rey de España, sepultanpara siempre la vieja teoría cesarista sobre el poder universal de los Emperadores, ya fuesen coronados por el Papa; católicos fieles al Papadole niegan al Papa ese poder universal en los asuntos civiles y temporales, que le concedía la antigua teoría teocrática; miembros de una Nación, en la que no se ponía el sol, con un inmenso Nuevo Mundo por delante, proclaman los Derechos y Deberes de los mal llamados indios, sepultando los títulos falsos de conquista, vigentes todavía en Europa, por ser la síntesis del pensamiento medieval, superado con creces por Vitoria y Domingo de Soto, desde sus cátedras en la Universidad de Salamanca, donde conviven durante veinte años en el mismo convento de Dominicos, hasta la muerte del primero (1546).

Los sucesores, los Maestros del XVI y XVII, miembros de todas las Ordenes Religiosas, del clero y también seculares, no hicieron más que reafirmar, con rara unanimidad, las doctrinas de estos Maestros en el campo teológico-jurídico, con las ampliaciones y aplicaciones que exigían los problemas de su tiempo.

En suma, nuestros Maestros teólogos supieron reconocer al Papa y a la Iglesia todos los derechos que legítimamente le corresponden, en el orden espiritual, como Vicario de Cristo y Jefe de una sociedad perfecta, soberana, independiente y per se suficiens, en las materias que la corresponden. El llamado galicanismo y conciliarismo son frutos extraños, como lo era el regalismo.

Con la misma exactitud reconoce a la potestad civil, a los Reyes o Jefes del Estado, los derechos soberanos, su independencia en los asuntos temporales. Son doctrinas, clara y perfectamente logradas en aquella España del XVI. Desde el punto de vista ideológico no vemos la menor dificultad. Entre los predecesores debemos recordar al cardenal dominico Juan de Torquemada, son su Summa de Ecclesia, publicada hacia mediados del xv, de quien Pastor, a pesar de su abierto antiespañolismo, considera como el más sabio de los miembros del Sacro Colegio y el mayor teólogo de su época (6). Tras él es de justicia citar al gran cardenal Tomás de Vio Cayetano.

General de la Orden Dominicana y comentador de la Summa Theologiae del Doctor Angélico, que vio quemar alguna de sus obras en París, por combatir el conciliarismo y el galicanismo. Si a las producciones de estas grandes figuras, que hacen época, añadimos la aportación de Melchor Cano, con su obra De Locis Theologicis, en la que se revisan las fuentes de la ciencia sagrada, amén de la potestad del Papa y de los Concilios, tenemos que confesar que el Concilio Vaticano I, al definir la infalibilidad personal del Vicario de Cristo, en el sentido ya expuesto, consagra como dogma lo ya logrado por la ciencia teológica, con su base escrituraria y la tradición secular.

___________________

(6) Pastor, Historia de los Papas, 1. 2, p. 7. Eugenio IV, por su defensa de la verdad en Basileay en Ferrara-Florencia, concilios históricos, honró a Juan de Torquemada con el título de"Defensor fidei" y Pastor le proclama "el más sabio de los miembros del Sacro Colegio" y "el mayor teólogo de su época".

Tomado de:

Carro O.P., Venancio. LA IGLESIA Y EL ESTADO. ANOTACIONES TEOLÓGICO-JURÍDICAS ANTE LOS PROBLEMAS ACTUALES. Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, nº 48 (1971), p. 65 y ss.

Fuente: InfoCaótica.

Padre Santiago Martín preocupado por posible cisma en la Iglesia Católica

 

Fuente: Youtube.

miércoles, 14 de mayo de 2014

El Padre Mugica y un doble relato

 

 

1. Un hombre, dos relatos

Se han cumplido cuarenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes civiles y eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta una de esas modernas gigantografías, que recoge su ascético rostro, insertada en el corazón del paisaje urbano.

El Gobierno y la Jerarquía Católica, que no suelen andar muy juntas, esta vez han aunado sus afanes en pro de exaltar la memoria del sacerdote. Es que, curiosamente, Mugica les pertenece en la medida en que ambos, Gobierno y Jerarquía, lo han integrado, cada uno a su modo y con muy diversa gravedad, como veremos, a sus respectivos “relatos”.

Para el Gobierno, en efecto, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, del que ha hecho la columna vertebral de su radical impostura. Es que en esa imaginaria “lucha de liberación” librada por aquella “juventud maravillosa” encuadrada en las “organizaciones combatientes”, en esa falsa épica revolucionaria que reivindica como su pasado glorioso, el relato exige la presencia de un ingrediente “cristiano”. Se podrá preguntar por qué. Porque en ese setentismo real, no el ficticio, y por razones que enseguida examinaremos, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) dieron su decisiva contribución a ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica es, en este sentido, el rostro más reconocido (no el único ni, tal vez, al que le quepan las máximas responsabilidades); y esta es la razón del homenaje que hoy le brinda un Gobierno que ha pisoteado hasta el hartazgo la ley de Dios y los derechos de Jesucristo y al que hoy, la emblemática figura del cura villero vuelve a servir de ariete en su renovado odio contra la Iglesia.

En cuanto a la Jerarquía Católica, la exaltación no ha sido menor. El Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, al inaugurar la última Asamblea Plenaria de ese organismo, nada menos que en la homilía de la misa de apertura, tuvo un recuerdo especial de Mugica cuya muerte, dijo, “está en la memoria de la Iglesia”. El Cardenal Primado, por su parte, no fue a la zaga: calificó a Mugica de mártir de los pobres; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo en labios de un sucesor de los Apóstoles. El relato eclesiástico ha insistido, pues, en presentar a Mugica como un sacerdote fiel a Cristo que en comunión con la Iglesia y el Concilio Vaticano II dio su vida por los pobres: todo un modelo de sacerdote.

Cardenal Poli

Dos relatos, pues, y un mismo protagonista.

2. Un relato que no se sostiene

Pero si a esta altura de los hechos en Argentina, el relato del Gobierno ya ha sido ampliamente rebatido y sólo subsiste en los que de él viven (o en los obcecados pese a toda evidencia) no pasa lo mismo con el relato eclesiástico. Si bien mucho se ha escrito acerca del fenómeno, ya mencionado, del gravísimo compromiso de amplios sectores católicos con el marxismo revolucionario de los años setenta, todavía no se ha hecho una evaluación profunda de su significado; y nos referimos, fundamentalmente, de su significado a la luz de la Fe. Porque lo que ocurrió entonces en la Iglesia fue, por sobre todas las cosas, algo que afectó de manera esencial la Fe. Esta tarea está pendiente y lo seguirá estando mientras la Jerarquía Católica persista inexplicablemente en ignorar el problema o, lo que es peor, en exaltar sus consecuencias presentándolas como frutos evangélicos.

Pero la verdad es bien distinta de este relato imbuido de fuertes acentos de piedad popular y de compromiso evangélico. Mugica fue uno de los tantos frutos de muerte de la herejía progresista, modernista y tercermundista que desgarró, y aún desgarra, a la Iglesia. En aquella época de imaginarias primaveras conciliares, se deslizaron por las venas de la Iglesia toda suerte de errores y de extravíos. La Teología de la Liberación, típico producto “teológico” europeo trasladado a nuestra América por los misioneros del nuevo credo, dio el clima ideológico en el que pulularon las más extrañas aventuras eclesiásticas, entre ellas, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo del que Carlos Mugica fue mentor y lider entre nosotros.

Aquel movimiento implicaba, en esencia, una grave adulteración del Evangelio de Cristo, de la naturaleza y de la misión del sacerdocio católico al tiempo que consumaba una radical ruptura con el Magisterio de la Iglesia. Para aquellos clérigos tercermundistas (y cuantos con ellos avanzaron por el mismo camino) la misión del sacerdote católico dejó de estar enraizada en el misterio salvador de Jesucristo para fundarse en una praxis social liberadora. La pastoral no tenía ya como objetivo que los hombres lograren la vida de la gracia y de la unión plena con Dios sino llevar a los pobres a la toma de conciencia de clase explotada y a poner en marcha, desde sí mismos y para sí mismos, el proceso revolucionario que los liberaría de las estructuras capitalistas y burguesas concebidas como estructuras de pecado. Este proceso revolucionario hacía del socialismo marxista -entonces considerado ineluctable- su herramienta principal: el socialismo vino a ser así la encarnación del Evangelio, su expresión histórica y, por ende, el compromiso ineludible de una Iglesia que debía para ello, necesariamente, romper con todo cuanto había dicho, predicado y enseñado. El Concilio Vaticano II, recientemente concluido, era apreciado como la voz de orden de ese cambio y los sacerdotes, y católicos en general, que así pensaban se sintieron la vanguardia profética de esa Iglesia nueva, para un mundo nuevo y por un hombre nuevo.

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Hubo más. Puesto que la praxis revolucionaria era, ahora, inseparable de la pastoral, antes bien, se identificaba con ella, se planteaba el problema del método de dicha praxis. ¿Era la lucha armada, asumida por aquel entonces en Argentina e Hispanoamérica por el castrocomunismo y sus variantes, un camino lícito para los cristianos? No todos respondieron afirmativamente a esta pregunta pero la inmensa mayoría de los sacerdotes dio inequívocamente su absoluta conformidad. De este modo, no sólo algunos sacerdotes tomaron las armas sino, lo que fue más grave, arrastraron a centenares de jóvenes católicos a la aventura de la guerrilla. En ella, no pocos, mataron y murieron; pero no por Cristo y su Evangelio sino por la falsa utopía revolucionaria bajo la inspiración de Marx, de Castro y de Ernesto Guevara. Esta es la verdad, la que los hombres de mi generación hemos visto y vivido de modo directo. No hay otra.

3. Algunos testimonios

Carlos Mugica ¿representó todo lo que acabamos de reseñar? Una lectura objetiva de sus textos nos permite advertir que, gracias a Dios, nunca perdió totalmente de vista el sentido sobrenatural del sacerdocio. Sabía, y lo decía, que la misión del sacerdote es llevar al hombre al pleno desarrollo de lo que hay en él de divino. Pero enseguida, caía en un reduccionismo que lo hacía retroceder. “Para Cristo -escribía en Peronismo y Cristianismo- cada hombre es imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, ofender a un hombre es ofender a Dios. Y el rol del que es ministro de Cristo es asumir la defensa del hombre, y sobre todo del pobre, del oprimido. Hay gente que dice: Ah, ustedes los sacerdotes, tanto hablar ahora de los pobres, ¿por qué no se ocupan de los ricos? Creo que sí, el sacerdote tiene el deber de ocuparse de los ricos. Su misión frente a los ricos es interpelarlos. Lo que pasa es que los ricos no quieren que uno se ocupe de ellos. Porque mi misión como sacerdote es denunciarlos. Yo tendría un problema de conciencia si no le hiciera ver al rico que si no cambia de vida, debe poner sus bienes al servicio de la comunidad” (Cristianismo y Peronismo, Buenos Aires, 1973. Fuente: http://www.elortiba.org/pdf/Carlos_Mugica-PeronismoyCristianismo.pdf). Claro está que esta oposición dialéctica entre ricos y pobres de pecunia es radicalmente falaz pues presupone que el pobre es inmaculadamente bueno y el rico perdidamente malo: el corazón del hombre es mucho más profundo y el drama del pecado mucho más abisal que estas superficialidades sociológicas.

mujica

Más adelante, en el mismo libro, su opción por el socialismo quedaba netamente expresada: “Por eso, como movimiento, los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre (ibidem)”.

Su confusión, empero, llegaba a la cima cuando, sin más, asimilaba el Evangelio a las ideologías materialistas y ateas del marxismo: “Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social. Jesucristo es mucho más ambicioso. No pretende crear una sociedad nueva, pretende crear un hombre nuevo y la categoría de hombre nuevo que asume el Che, sobre todo en su trabajo El Socialismo y el Hombre, es una categoría netamente cristiana que San Pablo usa mucho (ibidem)”.

Su ubicación frente a la lucha armada fue ambigua: “Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina -incluso en nuestro país- una situación de violencia institucionalizada. Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara «El generar hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra». Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas” (Entrevista al Padre Mugica. Fuente: Revista 7 Días, Junio de 1972).

No es cuestión de multiplicar los textos que, por otra parte, cualquiera puede leer sin limitación alguna. Pero es evidente que Carlos Mugica sucumbió a casi todos los errores de una herejía, de cuño modernista y progresista que, en el fondo, no fue ni es otra cosa que una grave adulteración del Evangelio y de la Fe. ¿Cómo es posible poner en la misma línea del hombre nuevo paulino, el hombre cristiano redimido por Cristo, la utopía marxista, signada ab instrinseco por el ateísmo más radical? ¿Qué falló aquí? Pues no otra cosa que la entera teología. Sus errores respecto del orden político social, su concreta opción por el socialismo, antes que una equivocada opción política constituyeron una contradicción expresa del Magisterio de la Iglesia. Sí, el Vaticano II no condenó al comunismo pero tampoco levantó las condenas que pesaban sobre él. Pese a todo, cuando Mugica optaba por el socialismo, seguía vigente, por ejemplo, el Decreto de la Suprema Congregación del Santo Oficio, del 1 de junio de 1949, confirmado después por el Dubium del 4 de abril de 1959 que prohibía expresamente a todos los católicos la colaboración en cualquier terreno con el comunismo y consideraba a quienes violaban esta prohibición “apóstatas de la fe” incursos en “excomunión reservada de modo especial a la Sede Apostólica”. También regía plenamente la condena sin matices del Papa Pío XI en Divini Redemptoris, documento donde no sólo, ni principalmente, se declara al comunismo “intrínsecamente malo” (su afirmación más difundida) sino en el que se pone de manifiesto su carácter radical de falsa promesa redentora opuesta a la verdadera Promesa de Cristo, es decir, la promesa del hombre que se endiosa levantada en guerra inconciliable contra la Promesa de Dios hecho hombre. ¿Dónde está la proclamada fidelidad de Mugica al Magisterio de la Iglesia?

Pero hubo algo más inmediato y próximo. La creciente actividad del llamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo provocó una intervención directa del Episcopado Argentino de aquella época. En su Declaración del 12 de agoto de 1970, decían los Obispos, aludiendo directamente a una reciente declaración de sacerdotes tercermundistas): “«Adherir a un proceso revolucionario [...] haciendo opción por un socialismo latinoamericano que implique necesariamente la socialización de los medios de producción del poder económico y político y de la cultura» (Declaración del tercer encuentro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Santa Fe, 2 de mayo de 1970), no corresponde ni es lícito a ningún grupo de sacerdotes ni por su carácter sacerdotal, ni por la doctrina social de la Iglesia a la cual se opone, ni por el carácter de revolución social que implica la aceptación de la violencia como medio para lograr cuanto antes la liberación de los oprimidos”. Unos párrafos más arriba, los Obispos exhortaban: “Lo que buscamos y queremos ahora es la reflexión seria y obligada de conocer bien y respetar la verdad de la Iglesia, en puntos básicos claramente enseñada por ella, para rectificar rumbos, deponer actitudes y, si es necesario, para hacer penitencia, que significa cambiar de mentalidad, a fin de pensar como piensa la Iglesia, con ella y en ella, cooperando a sí a su obra de salvación”.

Los tercermundistas respondieron a este llamado episcopal con un extenso Documento en el que consideraban el texto de los obispos “insuficiente, intemporal y parcial”, lo ponían en contradicción con otros textos (la famosa Declaración de Medellín, especialmente) por lo que se veían obligados no sólo a “integrar” sino a tomar “opciones pastorales” (en detrimento de la obediencia, desde luego, a sus obispos ordinarios) para terminar con unas abstrusas elucubraciones pseudo eclesiológicas a la luz de un difuso “espíritu del Concilio”. No tenemos noticias de que, tras la advertencia de los Obispos, el Padre Mugica haya abandonado el tercermundismo. Otra vez la pregunta: ¿dónde está la fidelidad al Magisterio legítimo de la Iglesia?

4. Otras voces católicas en aquellos años

En aquella convulsionada Iglesia de los años setenta no era, por cierto, la voz de Mugica y la de sus conmilitones del tercermundismo vernáculo la única que se oía. Hubo otras, y de signo opuesto, que hablaron muy claro y que hoy se pretende sumir en el olvido. Gracias a Dios, el catolicismo argentino tuvo siempre maestros esclarecidos. ¿Cómo no recordar, entre tantos otros, al Padre Julio Meinvielle, maestro de la Fe y pastor bueno que se ocupó tanto y tan en silencio de los pobres gastando en su socorro y promoción humana su propia fortuna personal familiar; ese inolvidable Padre Julio, que nunca trajinó villas porque fundó barriadas dignas, a quien tantas veces sorprendíamos durmiendo en el suelo porque había regalado hasta su cama a algún pobre? Meinvielle, que murió apenas unos meses antes que Mugica (en agosto de 1973), había denunciado con lucidez y valentía los errores deletéreos del comunismo y se había levantado contra las apresuradas exégesis del Concilio reivindicando siempre la continuidad del Magisterio.

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Pero aparte de Meinvielle nos interesa destacar a dos grandes figuras laicales que, en aquellos años, ejercieron un fundamental papel en la formación de juventudes católicas: Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri. Genta y Sacheri eran distintos: distintas historias de vida, ambientes distintos, tonos distintos, estilos distintos. Sin embargo coincidieron en la firme defensa de la Fe en aquellos tiempos convulsos. Genta había entrevisto, desde sus albores, el proceso de la Guerra Revolucionaria del Comunismo ateo y se dedicó a educar a quienes debían enfrentar aquella agresión externa, esto es, las fuerzas armadas las que, a su juicio, debían prepararse para asumir la defensa de la fe y de la patria en una guerra justa. No escapó a la aguda visión de Genta el fundamental problema religioso que implicaba el compromiso de tantos católicos, curas y laicos, en la guerra subversiva. La subversión, decía, avanza, escudada en la cruz y en la bandera nacional. La hora del internacionalismo comunista y de la abierta persecución a la Iglesia, había pasado: ahora, el comunismo se presentaba mimetizado con un ropaje “nacional y cristiano”. Sacheri, por su parte, vio con idéntica lucidez el mismo proceso revolucionario metido en las entrañas de la Iglesia. En su obraLa Iglesia clandestina, puso al descubierto una siniestra red, universal y local, tejida por el marxismo a fin de llevar a la Iglesia a colaborar en la revolución anticristiana.

Genta

Genta y Sacheri no escribían sólo ni principalmente como políticos, ni como sociólogos, ni siquiera como filósofos (que esta era, en definitiva, su nobilísima profesión común). Escribían como hombres de fe, como católicos combatientes, acuciados por el amor a una Iglesia a la que veían atacada desde adentro antes que desde afuera. Todo cuantopensaron, escribieron y denunciaron, aún las cuestiones más ligadas al destino temporal de la Argentina, lo hicieron sólo y exclusivamente desde la soberana perspectiva de la Fe Católica. Ahora bien: ese mismo año de 1974, Genta y Sacheri fueron asesinados por formaciones partisanas. Es decir, se cumplen, ahora, cuarenta años de sus muertes. Nuestra pregunta es simple: estas muertes ¿están también en la memoria de la Iglesia?

Colofón

No escribimos con la intención de acusar a nadie. No nos mueve siquiera el deseo, legítimo por lo demás, de reivindicar personas y hechos injustamente olvidados. De eso habrá tiempo cuando lo disponga Dios. Tampoco nos mueven “memorias históricas” ni el anhelo de una justicia demasiado humana, apenas un miserable remedo de la Justicia de Dios a la que nos encomendamos. No. Sólo nos mueve la Fe. Esa Fe peligra si hoy a las nuevas generaciones de católicos (y pensamos sobre todo en los sacerdotes) se les propone un relato eclesial sesgado y se le presentan como modelos de vida personajes que, cuanto menos, obligan a un respetuoso silencio.

Insistimos: lo más grave de Mugica no fueron ni sus opciones políticas, ni sus compromisos temporales, ni su identificación con este o aquel sector político, ni siquiera su ambigua posición frente a la lucha armada. Lo grave, lo decisivamente grave, es que contribuyó como pocos, en una Iglesia convulsa y confundida, a adulterar la Fe que recibió en su bautismo y que se comprometió a predicar el día de su ordenación. Puso al servicio de esta Fe adulterada los indiscutibles talentos que poseía, los rasgos de una personalidad fascinante que arrastraba y cautivaba auditorios  y una pasión desbordante que, finalmente, lo llevó a morir. No cuestionamos su santidad personal. ¿Con qué derecho lo haríamos? Cuestionamos el significado de su figura en el fondo trágica porque es la parábola de una gran tragedia que los hombres de mi generación hemos vivido y sigue gravando nuestras vidas.

Tal vez, después de todo, Mugica, sacerdos in aeternum, fue más víctima que victimario: la víctima de un tiempo confuso y oscuro que hoy, no sabemos por qué, algunos se empeñan en seguir llamando primavera.

Elevamos a Dios, con toda el alma, nuestra súplica por el Padre Mugica.

Buenos Aires, 13 de Mayo de 2014

Festividad de Nuestra Señora de Fátima

Dr. Mario Caponnetto

lunes, 12 de mayo de 2014

Cancelan misa negra satánica en Universidad de Harvard

 

Cancelan misa negra satánica en Universidad de Harvard

 

A pocos minutos de iniciar la polémica "misa negra satánica" anunciada para esta noche en la Universidad de Harvard, voceros de esta casa de estudios informaron que el evento fue cancelado.

En un artículo publicado en el sitio web The Harvard Crimsona a las 8.15 p.m. hora local, se anunció la cancelación del rito satánico así como el retiro del auspicio que había dado el Harvard Extension School Cultural Studies Club.

La misa negra debía comenzar a las 8:30 p.m. en una instalación dentro del campus. Tras una avalancha de críticas, los organizadores anunciaron en horas de la tarde que trasladarían el evento a un lugar fuera del campus. Sin embargo, hace pocos minutos cancelaron el evento que iba a ser organizado por un grupo de estudiantes denominado "Satanic Temple".

ACI

HOY SE CELEBRARÁ PÚBLICAMENTE UNA MISA NEGRA SATÁNICA EN LA UNIVERSIDAD DE HARVARD

SATANISMO EN EUA. SE CONVOCA A TODOS LOS LECTORES A UN ROSARIO DE REPARACIÓN EL DÍA DE HOY

 

 

Una misa negra es una ceremonia sacrílega en la que explícitamente se invoca a Satanás y se denigra la auténtica Misa católica. Tiene relación con el culto satánico y suele involucrar la profanación de la Eucaristía, que con frecuencia es robada de un templo católico y es usada luego en un extraño y aberrante ritual sexual.

El Club de Estudios (organizador del sacrilegio) afirma que “el satanismo es una religión válida y muchas personas sienten que evitar a los satanistas y sus prácticas religiosas se justifica implícitamente. Los satanistas son individuos que veneran un ente ajeno a ellos”.

Volante anunciando el sacrílego espectáculo

ForumLibertas.com En las instalaciones de la famosa universidad en Estados Unidos un grupo de estudiantes han anunciado la realización de una “Misa negra satánica”. El grupo autodenominado “Templo Satánico” anunció la realización de una “Misa negra satánica” el día 12 de mayo a las 8:30 p.m en las instalaciones del Harvard Extension Cultural Studies Club. Originalmente se indicó que usaría una hostia consagrada, pero luego del revuelo originado por el anuncio, dijeron que “inequívocamente” la Eucaristía no hace parte del controvertido evento.
Tras la polémica suscitada, la Oficina de Comunicaciones de Harvard emitió una respuesta en la que señalan que el Harvard Extension Cultural Studies Club es una organización independiente de la universidad y que, efectivamente, planean “acoger un evento estudiantil controvertido que tiene que ver con la presentación de una ceremonia de misa negra con un narrador y con un contexto y marco históricos”.
“No nos adherimos a las perspectivas o actividades de cualquier grupo u organización estudiantil, pero sí apoyamos los derechos de nuestros estudiantes y su facultad de expresarse y dialogar libremente”, afirman luego.
El presidente de la Liga Católica en ese país, Bill Donohue, cuestionó la realización del polémico evento al que consideró un “ataque contra la sensibilidad católica”. Señaló que el evento “sí busca denigrar la Misa (católica) invitando a los estudiantes a participar en un culto satánico”.
Para Donohue resulta llamativo que el comunicado de Harvard haya incurrido en una “flagrante omisión” al calificar de “controvertido” los eventos Shinto, Shaker y budista.
“De gran interés para la Liga Católica (…) es que nunca haya mencionado la ‘misa satánica’ del ‘templo satánico’. Si las presentaciones Shinto, shaker y budista son tan controvertidas que exigen una explicación, ¿por qué este deliberado ataque a la sensibilidad católica no se menciona?”, cuestiona.


LA ARQUIDIÓCESIS DE BOSTON PRESENTA SU FIRME OPOSICIÓN
Por su parte Aciprensa señaló que la Arquidiócesis de Boston (Estados Unidos), liderada por el Cardenal Sean Patrick O’Malley expresó su tristeza y su “firme oposición” a la realización de una “misa negra satánica” en el campus de la Universidad de Harvard.
En una declaración publicada en su cuenta de Facebook, se señala que “la comunidad católica de la Arquidiócesis de Boston expresa su profunda tristeza y su firme oposición a la anunciada “misa negra” en el campus de la Universidad de Harvard en Cambridge”.
La Arquidiócesis de Boston indicó además que “por el bien de los fieles católicos y de toda la gente, la Iglesia proporciona una clara enseñanza sobre el culto satánico. Esta actividad separa a las personas de Dios y la comunidad humana, es contraria a la caridad y la bondad, y coloca a sus participantes peligrosamente cerca a las obras destructivas del mal”.
“Instamos a todos los creyentes y a las personas de buena voluntad a unirse a nosotros en oración por los que están involucrados en este evento, para que puedan apreciar la gravedad de sus acciones y le pedimos a Harvard que se disocie de esta actividad”, concluyen.
El presidente de la Liga Católica en Estados Unidos, Bill Donohue solicitó a los católicos a contactarse con Harvard para expresar su protesta escribiendo al culturalstudiesclub@gmail.com o a Jeff Neal al correo jeff_neal@harvard.edu o llamando al (+1) 617-495-1585.

Publicado por Catolicidad