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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un malentendido fundamental sobre la Naturaleza de la Liturgia Católica

 

 

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Hoy en día hay católicos que podrían a veces sorprenderse por la apasionada convicción de las nuevas generaciones de católicos que están luchando por la causa de la Sagrada Liturgia. Es como si estuviéramos luchando por nuestras vidas, en una lucha hasta el final, contra nuestros enemigos mortales. La razón es simple: estamos haciendo exactamente eso. No es exagerado decir que hay circulando una visión fundamentalmente falsa, muy popular hoy en día, que se refleja en este párrafo del blog Whispers from the Loggia del 24 de noviembre:

“La nueva misión de la oficina [es decir de la Congregación del Culto Divino] es probable sea ceñirse más al propio punto de vista litúrgico de Francisco, que se resume en los principios: ‘Cumpla las normas. No le dé tanta importancia. Y recuerde que la liturgia siempre es un medio para un fin, no es un fin en sí misma.'”

Ese es el error en pocas palabras: la liturgia es un medio, no un fin. No estoy seguro quién está detrás del seudónimo que firma el artículo, pero espero no sea su obispo o pastor. El peor día que puede amanecer para cualquier católico es el día en que el sacerdote que celebra la Misa se le meta en la cabeza que lo que está haciendo es sólo un medio para un fin mayor. Por el contrario, expresando siglos de tradición ininterrumpida, el Concilio Vaticano II declaró que “el sacrificio eucarístico” es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium 11), que junto con la Sacrosanctum Concilium tratan este punto:

“la Liturgia, por cuyo medio ‘se ejerce la obra de nuestra Redención’, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia…Realmente, en esta obra tan grande [la liturgia] por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima Esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por El tributa culto al Padre Eterno..En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia… la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor”

Todo el trabajo de la Iglesia deriva de y se ordena a  la celebración de la Sagrada Liturgia. Si no entendemos esto correctamente, no vamos a obtener nada; todo nuestro trabajo se verá comprometido, incluso envenenado. Si, sin embargo, nuestra casa está en orden, nuestra adoración es solemne, reverente, hermosa, edificante y nutritiva, dando gloria a Dios, que merece toda nuestra adoración, alabanza, acción de gracias, y ruego, entonces el resto de la misión de la Iglesia puede fluir libremente y regar el mundo, como el agua corriendo por una ladera de la montaña.

Fuente: http://www.adelantelafe.com/

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