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viernes, 31 de enero de 2014

Párroco de la diócesis de Módena (Italia) retira el altar "cara al pueblo"

 

Reacciones de la revista diocesana

Un sacerdote de la diócesis de Módena ha retirado el altar "cara al pueblo". Se trata del párroco de la iglesia de San Miguel Arcángel de Montale Rangone, en la provincia y Arquidiócesis de Modena (Italia), tras haber restaurado este templo del siglo XVIII, dando lugar así a una "revolución" valiente y digna de encomio, que da fe de su seriedad y convicción religiosa. Las razones que le han llevado a tomar esta decisión fueron comunicadas por el propio párroco al semanario de la Arquidiócesis de Módena "Nuestro Tiempo", donde se publicaron en su nº 45, del 15 de diciembre de 2013 (página 16). El equipo editorial de la revista elogia el artículo, ya que recuerda los tres polos de la celebración del Novus Ordo e insiste en que la Plegaria Eucarística está bien orientada, admitiendo que es algo totalmente lícito y legítimo, es decir, que no viola ninguna norma, ni canónica, ni litúrgica, pero se preguntan si es apropiado celebrar coram Deo después de cincuenta años haciéndolo de cara al pueblo, además de afirmar que celebrando hacia el pueblo se contempla la Eucaristía (sic). Evidentemente, estas argumentaciones son inconsistentes porque cincuenta años es demasiado poco tiempo para establecer una práctica litúrgica. Además, la razón de la orientación de la Plegaria Eucarística no es -con todo respeto- la Eucaristía, que también se contempla con la orientación tradicional, sino el valor simbólico de la cruz sobre el altar -que cuando se celebra de cara al pueblo está "de espaldas" al sacerdote-, y, sobre todo, el del "sol naciente". Por último, surge una pregunta, ¿por qué esta repentina devoción a la Eucaristía, cuando en muchas iglesias -nuevas y antiguas- el Tabernáculo es relegado a los rincones más oscuros y apartados? No existen argumentos serios que den respuesta a este hecho. Felicitaciones y ánimo al párroco de Módena, para que no ceda ante posibles presiones curiales que pudieran comenzar en breve.

Fuente: Messa in latino.

El Papa Francisco y la danza litúrgica

 

 

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El 28 de enero de este año el Papa Francisco reflexionó en su homilía durante la Misa celebrada en Santa Martha sobre la danza del Rey David. Dicha reflexión ha hecho que ciertos grupos festejen afirmando que el Santo Padre por fin le ha dado carta blanca a la mal llamada “Danza Litúrgica”.

¿Qué decir al respecto?

Muy simple, sólo hay una manera de entender esta y cualquier declaración de cualquier Papa en cualquier momento de la historia: A la luz del magisterio de la Iglesia.

La “danza litúrgica” es un tema que recientemente se viene hablando en nuestra Iglesia debido a la infiltración de prácticas protestantes neopentecostales en algunos movimientos jóvenes. Al respecto la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los sacramentos ya se pronunció en tiempos en los que su prefecto era el buen cardenal Francis Arinze. Aquí un video corto de su explicación:

“Quienes gastan su tiempo discutiendo la danza litúrgica deberían usar ese tiempo en rezar el Rosario”

Ok, está muy clara la postura de la Iglesia. Pero… ¿Y qué hacemos con las palabras del Papa?

El Papa Francisco sabe perfectamente que la danza de David no justifica la danza litúrgica por algunas sencillas razones:

- David no estaba en una misa, no estaba delante de la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la cruz.
- David danzó desnudo ¿Acaso también justificaremos bailarinas desnudas en misa?

Las palabras del Papa están orientadas a que dejemos que nuestros corazones rebalsen de alegría ante Dios, a que no tengamos miedo de expresar nuestro amor por él y a que no juzguemos a quienes por falta de conocimiento no actúan como nosotros. Es cierto, tenemos que reconocerlo, en su afán de querer usar un lenguaje muy coloquial a veces cae en ambigüedades, pero no por eso vamos a convertir esa imprecisión en dogma y mucho menos debemos darle valor magisterial pues sería contradecir algo ya definido.

Esto no vale sólo para lo de la danza litúrgica, también hay que usar ese mismo criterio con expresiones como “no debemos juzgar a los homosexuales” que de ninguna manera hay que interpretarlo como una aprobación de esa perversión.

¿Cómo saber que la intención del Papa no es aprobar la danza litúrgica?

Muy sencillo, recordemos las cuatro misas de la JMJ en Río de Janeiro. La primera, sin el Papa presente, fue organizada por una comisión en Brasil, allí sí hubo danza, desorden, etc. La segunda y tercera fue organizada por Mons. Guido Marini, maestro de ceremonias litúrgicas del Papa. Esas dos misas fueron muy correctas, llenas de solemnidad y respeto a Jesús sacramentado. La cuarta Misa (Misa de clausura) fue organizada de nuevo por una comisión de Brasil y fue evidente la diferencia con las dos misas anteriores; bailes por todos lados, cantantes del coro que más parecían superstars, playback everywhere, pero el Papa ni se inmutó, no danzó, no hizo fonomímicas, no se dejó llevar por el ambiente frenético del concierto, perdón, de la misa. El Papa se mantuvo en oración. ¿Acaso podemos acusar al Papa de no predicar con el ejemplo? Para nada, él sabe muy bien cual debe ser nuestra actitud en Misa y así lo hizo a pesar del contexto.

Para terminar me gustaría exhortarles a que oren mucho por el Santo Padre, ha llegado en un tiempo muy difícil para la Iglesia donde muchos piden cambios doctrinales pero lo que Cristo demanda es no licuar nuestra fe y eso lo ha comprendido muy bien Francisco.

Pax et bonum

Fuente: http://catolicoinformado.wordpress.com/

Franciscanos de la Inmaculada: la versión del Vaticano

 

 

Congregación para los Religiosos: El comisariamiento de los Franciscanos de la Inmaculada, “benévola atención”. Amor por la Forma Extraordinaria, “en lo absoluto, el motivo principal de tal intervención”

A las 11:30 AM (tiempo local de Roma) del Viernes, Ene-31-2014, en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la conferencia de prensa para presentar el año dedicado a la vida consagrada que se celebrará en 2015 (ver aquí yaquí), tal como lo había anticipado el propio Papa Francisco recientemente. En la misma han intervenido el card. João Braz De Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica y Mons. José Rodríguez Carballo, Secretario de la misma congregación.
En el curso de la misma, Mons. José Rodríguez Carballo, ha leído una declaración concerniente al nombramiento de un comisario para los Franciscanos de la Inmaculada, constituyéndose en la primera declaración oficial a este respecto. Esta es una traducción al español de la misma que transcribimos según la presenta Andrés Beltramo Álvarez en su blog Sacro Y Profano.

El “comisariamento” de los Franciscanos de la Inmaculada partió tras una visita apostólica durante la cual el 74 por ciento de los miembros pidió, en forma escrita, una intervención de forma urgente de la Santa Sede para resolver los problemas internos del instituto proponiendo o un capítulo general extraordinario, presidido por un representante del dicasterio, o la designación de un comisario para instituto de parte de la Santa Sede.
El dicasterio, tras haber considerado atentamente la relación del visitador apostólico, llegando a la conclusión que no existían en ese momento las condiciones para la celebración de un capítulo general, optó por el “comisariamiento” designando comisario al padre Fidencio Volpi de los Franciscanos Capuchinos. A su vez la visita apostólica, que tuvo lugar antes del nombramiento del comisario, había sido pedida insistentemente por 21 miembros del instituto que se dirigieron al dicasterio en tal sentido.
Como es lógico, en estos casos no todos están de acuerdo con estas medidas pero nuestro dicasterio tomó la decisión tras un minucioso estudio de la relación del visitador apostólico, en orden –y esto queremos subrayarlo mucho- a ayudar al instituto a superar ciertas dificultades que son propias de un instituto que está creciendo. El “comisariamiento” nunca es un castigo de parte de la Santa Sede a un instituto, sino una benévola atención que expresa la fraternidad de la Iglesia. Debemos decir también que el discurso del rito [antiguo, en latín ndr] no es, en lo absoluto, el motivo principal de tal intervención.

Fuente: Secretum Meum Mihi.

Don Bosco y el sacramento de la confesión

 

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Compartimos este breve libro del P. ÁNGEL PEÑA O.A.R sobre Don Bosco y el sacramento de la confesión.

Descargar aquí

Juventutem Argentina

SAN JUAN BOSCO CONFESOR

 

Quien quisiere salvar su vida (obrando contra mí), la perderá;

mas quien perdiere su vida por amor de mí, la encontrará. (Mt. 16, 25).

   Nacido en 1815, San Juan Bosco, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Desde que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros.

MEDITACIÓN SOBRE LA NECESIDAD DE MORTIFICARNOS

   I. Aquél que odia su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. Estas palabras de Nuestro Señor indican la necesidad que se nos impone de mortificarnos.  La ciudad de Babilonia, es decir, de los réprobos, comienza por el amor a sí mismo y termina por el odio a Dios, dice San Agustín. La ciudad de Jerusalén, es decir, de los predestinados, comienza por el odio al cuerpo y termina por el amor a Dios. El amor a Dios crecerá en ti en la misma proporción que el odio a tu cuerpo. Mide con este metro: para conocer en qué medida eres perfecto, considera en qué medida te mortificas.

   II. Tu mortificación debe comenzar cortando por lo vivo todos los placeres y deseos que pudieran impedirte cumplir los mandamientos de Dios. Corta todo lo que pueda impedirte cumplir con los deberes que te impone el estado de vida que hayas abrazado. En fin, hay una mortificación que no es como la anterior, obligatoria, sino sólo de consejo; consiste en abstenerse aun de los placeres permitidos. Es la que practican las almas santas; ¿las imitas?

   III. La mortificación será para ti cosa fácil, si consideras que ella te impide caer en muchas faltas. Además, eres pecador: debes, pues, hacer penitencia y mortificarte para disminuir, por compensación, lo que debes a la justicia de Dios en el purgatorio. Eres cristiano: ¿concuerda acaso el vivir en el placer y adorar a un Dios crucificado? No temas los rigores de la mortificación; ella posee dulzuras escondidas que sólo pueden gustar los que la abrazan decididamente. Ves la cruz pero no conoces sus consuelos. (San Bernardo).

La imitación de Jesucristo
Orad por la educación de la juventud.


ORACIÓN

Señor, que habéis hecho de San Juan Bosco, vuestro confesor, padre y maestro de los adolescentes, y habéis querido hacer florecer en la Iglesia, por su intermedio, nuevas familias religiosas con la ayuda de la Santísima Virgen María, haced que inflamados con el mismo amor busquemos las almas y os sirvamos sólo a Vos.  Por N. S. J. C. Amén


  • Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

El Greco, por Juan Manuel de Prada

 

 

Greco

28 de enero de 2014

Juan Manuel de Prada

Tiene su gracia (aunque sea gracia siniestra) que una época tan adversa a todo lo que El Greco amó y anheló, creyó y celebró en sus cuadros lo conmemore en estos días; pero es la nuestra una época tan embotada y agónica, tan petulante y ahíta de pacotillas, que se cree capaz de desentrañar (de vaciar de entrañas y de sentido) todo lo bueno, bello y hermoso que nos ha legado nuestro pasado; y también segura de que lo bueno, bello y hermoso, desentrañado de su sentido, podrá incorporarse al batiburrillo de banalidades con que acuchillamos nuestro espíritu. Pero la pintura de El Greco es un caballo de Troya demasiado indigesto, incluso para el cinismo contemporáneo; y, con un poco de suerte, hasta es posible que estas conmemoraciones del cuarto centenario de la muerte de El Greco sirvan para enterrar un poco más el cadáver agusanado y fétido de nuestra época.

Siendo completamente sinceros, la época que ahora vivimos se inició, precisamente, con la muerte de El Greco, que fue el último representante de una edad intermedia situada, como un sol entre precipicios, entre las edades clásica y moderna. Aunque le tocó vivir en la época de los humanistas que –en términos apocalípticos– inauguraron la iglesia de Sardes, El Greco fue el postrer (¡y numantino!) hijo de la iglesia de Tiatira, un fruto gozosamente tardío de aquellos mil años que se estrenaron primaveralmente con San Agustín y que habrían de adquirir su más granada sazón con Santo Tomás. El Greco es, en esencia, un pintor medieval que se rebela contra los oropeles y alharacas paganas del Renacimiento, contra esa espléndida pompa del humanismo que escondía entre los repliegues del vestido la peste bubónica de la Reforma y que, a la postre, iba a envenenar el arte –siempre con la coartada de la imitación de los maestros– con la hipertrofia de la cáscara y el vaciamiento del fondo y la sustancia. En medio de un arte complaciente y palaciego, panzón y sedentario, que encuentra en la cúpula su forma predilecta, El Greco opone su arte hambriento de Dios, codicioso de Dios, arte magro, espigado y bárbaramente gótico para los voluptuosos espíritus renacentistas, arte ascensional que mira siempre al cielo, como una delgada torre vigía que perfora con ojos absortos la alta noche.

El Greco, tal vez porque procede del imperio bizantino, es la herencia más pura de la Edad Media. Más allá de que en su estilo podamos rastrear las influencias de Ticiano o Miguel Ángel, en los hondones de su personalidad artística El Greco tiene más que ver con Giotto que con ninguno de sus contemporáneos (con la única excepción, tal vez, de Tintoretto). Sólo que, mientras Giotto pudo disfrutar del esplendor de la Cristiandad, El Greco sólo pudo añorarlo, avizorándolo con los ojos del alma, mientras los ojos de su cuerpo tenían que posarse, arañados de lágrimas, en un mundo cenagoso que no era el suyo; un mundo en descomposición que todavía guardaba retazos del mundo antiguo y matinal que engendró el arte de Giotto, pero que ya se entregaba a la putrescencia de un mundo nuevo y tenebroso, sin que ni siquiera Felipe II pudiera hacer nada por evitarlo. La derrota de la Armada Invencible podría ser el emblema de este gozne entre dos épocas que a El Greco le tocó vivir, náufrago en un mar de zozobras, más consciente que nadie de que estaba asistiendo al entierro del mundo que él hubiese deseado. Otro en su lugar se habría declarado vencido, pero El Greco quiso hacer de su derrota una aventura sublime.

Aquel griego bizantino, prófugo de Creta por miedo a los turcos, aprendiz de pintor en Venecia y Roma, aceptó que su mundo había sido enterrado; pero, como era hombre de fe, sabía que después del entierro viene la resurrección de la carne. Y así su pintura, enterrada con el mundo que el humanismo había asesinado, resucitó metamorfoseada en pintura gloriosa que, como los bienaventurados, viaja hacia una morada superior. Se ha dicho que El Greco es pintor de almas; pero mucho más exactamente podríamos decir que es pintor de cuerpos gloriosos, pintor de criaturas liberadas de los cuidados, tentaciones y pecados de nuestra andadura mortal, traspasadas de luz, porque están –en cada vena y arteria, en cada víscera secreta, en cada vuelta y revuelta de los intestinos, en cada célula– llenas de Dios, pletóricas de Dios, diáfanas y dispuestas a penetrar hasta más allá de las nubes, «perspicuas y perspicaces», según la descripción que Marsilio Ficino aventurase de los resucitados.

Las figuras y paisajes que llenan los cuadros de El Greco no están copiados de la naturaleza, como hacían los pintores coetáneos, sojuzgados por el magisterio de los clásicos, sino que son destilación del poso que la contemplación de la naturaleza ha dejado en su alma. De este modo, El Greco logra captar lo que la mayoría de sus coetáneos, ciegos para la vida del alma, ni siquiera sospechan: comprende que la naturaleza humana no está limitada a sus formas visibles, y que la misión del arte no es otra sino restituir al hombre su integridad plena, rindiendo fe de su unión con lo alto, que sólo se puede ver a través de los ojos del espíritu. Se libera entonces El Greco de la tiranía limitadora del dibujo, de la disciplina imitativa de los grandes maestros que en su juventud veneciana y romana a punto habían estado de desgraciar su genio, y se entrega a hacer la pintura que irremediablemente estaba llamado a hacer, una pintura que se nutre del apetito de cielo del alma castellana, al que por aquellos mismos años daban expresión mística Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Podría afirmarse que las figuras de los cuadros de El Greco son expresión pictórica de las mismas ansias de Dios que encontramos en los escritos de Santa Teresa y San Juan: en esos cuerpos gloriosos que irradian su propia luz, que manan luz de sí mismos, en sus manos exangües, en sus piernas temblorosas y blancas como alas de ángeles, hay una vocación ascensional, un parentesco con la eternidad, una conciencia dolorida de su anterior pertenencia al mundo que sólo admite una explicación mística. En esos cuerpos gloriosos de El Greco, desnudos e inocentes como los de nuestros primeros padres antes de comer del fruto prohibido (o vestidos en vano, pues no hay tela que pueda tapar su carne refulgente), en esa carne espiritualizada, transubstanciada, eucarística, a la vez niña y anciana, torturada e incólume, impulsada por una energía cegadora hacia la casa encendida que es su último destino, está la nostalgia de un tiempo enterrado que sólo el pincel de El Greco pudo resucitar, como prefiguración de la gloria parusíaca.

Por eso las figuras de El Greco se estiran pujantes hacia su destino celeste; por eso parecen echar a barato el dolor; por eso respiran un aire más alto y más puro que El Greco pudo llegar a barruntar respirando el aire de Toledo, la ciudad donde el cielo invita a volar y los relámpagos de las tormentas son desgarrones teológicos que dejan entrever el rostro terrible y benévolo de Dios. Igual que ocurre en los cuadros de El Greco.

Juventutem Argentina

2015: Año de la Vida Consagrada



Ciudad del Vaticano, 31 enero 2014 (VIS).-Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el cardenal João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y el arzobispo José Rodríguez Carballo, O.F.M., Secretario del mismo dicasterio han presentado el Año de la Vida Consagrada 2015 convocado el pasado 29 de noviembre por el Papa Francisco al final de un encuentro con 120 Superiores generales de los Institutos masculinos y acogiendo la sugerencia de los jefes de esa congregación, después de haber escuchado a muchos consagrados.

“En primer lugar -ha dicho el cardenal Braz de Aviz - este Año está pensado en el contexto de los 50 años del Concilio Vaticano II y, en particular de los 50 años de la publicación del decreto conciliar “Perfecta Caritatis” sobre la renovación de la vida consagrada... Efectivamente porque reconocemos en estos 50 años que nos separan del Concilio un tiempo de gracia para la vida consagrada, en cuanto marcados por la presencia del Espíritu Santo que nos lleva a vivir también las debilidades e infidelidades como experiencia de la misericordia y del amor de Dios, queremos que este año sea una ocasión para recordar “con memoria grata” este pasado reciente. Este es el primer objetivo del Año de la Vida Consagrada”.

“Con la mirada positiva sobre este tiempo de gracia que va del Concilio a hoy, queremos y este es el segundo objetivo 'abrazar al futuro con esperanza'. Somos muy conscientes de que el momento actual es 'delicado y fatigoso' y que la crisis que atraviesa la sociedad u la misma Iglesia toca plenamente a la vida consagrada. Pero queremos asumir esta crisis no como la anticámera de la muerte sino como ...una ocasión favorable para el crecimiento en profundidad y, por tanto de esperanza, motivada por la certeza de que la vida consagrada no podrá desaparecer nunca de la Iglesia ya que 'fue querida por el mismo Jesús como parte irremovible de su Iglesia”.

“Esta esperanza -ha concluido- no nos ahorra, y de esto son muy conscientes los consagrados, 'vivir el presente con pasión', y este es el tercer objetivo del Año..que será un momento importante para 'evangelizar' la vocación propia y dar testimonio de la belleza de la 'sequela Christi' en las múltiples formas en que se desarrolla nuestra vida. Los consagrados recogen el testigo que les dejaron sus fundadores y... quieren despertar al mundo con su testimonio profético y...su presencia en las periferias existenciales de la pobreza y el pensamiento como pidió el Papa Francisco a los Superiores generales”.

Por su parte el arzobispo Rodríguez Carballo ha explicado las iniciativas e eventos que tendrán lugar en el Año de la Vida Consagrada que tendría que comenzar en octubre de 2014, en coincidencia con el aniversario de la constitución conciliar Lumen gentium.

Se piensa en una inauguración oficial con una celebración solemne en la basílica de San Pedro, posiblemente presidida por el Santo Padre, que podría ser el 21 noviembre, Jornada Mundial “Pro orantibus”. Seguirá, siempre en noviembre, una asamblea plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica cuyo tema será “El novum en la vida consagrada a partir del Vaticano II”.

También habrá diversos encuentros internacionales en Roma entre los cuales, el de los jóvenes religiosos y religiosas, novicios, profesos temporales y perpetuos con menos de 10 años de profesión, el de los formadores y formadoras, un congreso internacional de teología de la vida consagrada dedicado a “Renovación de la vida consagrada a la luz del Concilio y perspectivas de futuro, una exposición internacional sobre “La vida consagrada, evangelio en la historia humana”.

Para la conclusión del Año de la Vida Consagrada se prevé otra concelebración presidida por el Papa Francisco, probablemente el 21 de noviembre de 2015, a cincuenta años del decreto “Perfectae caritatis”. A lo largo del año el dicasterio publicará cada cuatro meses una circular sobre temas relativos a la vida consagrada, la primera de las cuales saldrá el próximo 2 de febrero y estará dedicada al magisterio del Santo Padre sobre la vida consagrada con el título “Alegraos”. Los días 8 y 9 de marzo, respondiendo a los deseos del Papa, el Antonianum de Roma será sede del simposio sobre la gestión de bienes patrimoniales y económicos por parte de los religiosos. Para las religiosas contemplativas habrá una serie de iniciativas acordes con su forma de vida, entre ellas una “Cadena mundial de oración entre los monasterios”

Monseñor Rodríguez Carballo ha informado además de algunos documentos que está preparando el dicasterio. Así, en estrecha colaboración con la Congregación para los Obispos y siguiendo el mandato del Santo Padre, se está revisando el documento “Mutuae relationes” sobre las relaciones entre los obispos y los religiosos en la Iglesia; siempre por mandato del Papa se procederá a la actualización de la instrucción “Verbi Sponsa” que trata de la autonomía y de la clausura de las religiosas enteramente contemplativas. Otro documento en preparación tratará de la vida y la misión de los religiosos, mientras que un cuarto abordará la cuestión de la gestión de bienes por parte de los consagrados para ofrecer líneas y orientaciones en las complejas situaciones que se presentan en este ámbito.

Por último, durante el Año de la Vida Consagrada se espera del Santo Padre una nueva constitución apostólica sobre la vida contemplativa en lugar de la actual “Sponsa Christi”, promulgada por Pío XII en 1950.

Francisco a la Congregación para la Doctrina de la Fe: la Fe debe transmitirse en su pureza a integridad

Radio Vaticana.

“Cuando la fe brilla en su sencillez y pureza, la vida eclesial se convierte en el lugar en el que la vida de Dios emerge con toda su fascinación y da fruto. La fe en Jesucristo, de hecho, abre nuestros corazones a Dios”. Es la exhortación del Papa Francisco a los participantes en la Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la fe a quienes recibió este viernes en el Vaticano.

“Desde los primeros tiempos de la Iglesia existe la tentación de entender la doctrina en un sentido ideológico, o de reducirla a un conjunto de teorías abstractas y cristalizadas. En realidad, la doctrina tiene el único propósito de servir a la vida del Pueblo de Dios y garantizar un fundamento cierto a nuestra fe. Desde luego, es grande la tentación de apropiarse de los dones de la salvación que viene de Dios, para domesticarlos - tal vez incluso con buena intención – siguiendo la opinión y el espíritu del mundo”.

Dice el Papa que el cuidado de la integridad de la fe es una tarea muy delicada que sirve para salvaguardar el derecho de todo el pueblo de Dios para recibir el depósito de la fe en su pureza y en su totalidad. Un trabajo que debe compartirse con los Pastores locales y con las Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales.

“En efecto, la Iglesia es el lugar de la comunión y, en cada nivel, todos estamos llamados a cultivar y promover la comunión, cada uno bajo la responsabilidad que el Señor le ha asignado. Estoy seguro de que cuanto mayor sea la colegialidad en nuestro trabajo, más brillará ante el mundo la luz de nuestra fe”.

El Santo Padre, en esta ocasión, agradeció a la Congregación para la Doctrina de la Fe sus esfuerzos en el tratamiento de temas sensibles sobre los llamados “delitos más graves”, en particular, los casos de abuso sexual de menores por parte de clérigos.

“Piensen en el bien de los niños y de los jóvenes, que en la comunidad cristiana siempre deben ser protegidos y apoyados en su crecimiento humano y espiritual. En este sentido, se estudia la posibilidad de conectar su Dicasterio con la específica Comisión para la Protección de los Niños, que he instituido y que quiero que sea un ejemplo para todos los que desean promover el bien de los niños”.