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sábado, 1 de febrero de 2014

La verdadera noticia de ese bautismo

 

 

Qué quiere decir el gesto de Francisco, que el domingo pasado bautizó en la Sixtina a la niña de una pareja que no se casó por la Iglesia.

Como se sabe, el domingo pasado, en la fiesta del Bautismo de Jesús, Bergoglio celebró los bautismos de 32 niños en la Capilla Sixtina. Entre ellos estaba Giulia, hija de una pareja que solo se casó por lo civil.

Dos de las reacciones que se registraron ante la noticia fueron incongruentes: la de los que subrayan la absoluta excepcionalidad de un gesto de ruptura y la de los que minimizan el hecho afiormando que se trata de una práctica normal. Ambas parten de un presupuesto real: fue un acto inédito para una celebración papal pública, pero sucede regularmente en las parroquias de todo el mundo.

Don Giorgio Mazzanti, sacerdote florentino y profesor de teología sacramental en la Urbaniana, observó ante los micrófonos de la Radio Vaticana que «En la “Evangelii gaudium” el Papa escribe que “Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera”. El gesto de la Sixtina concretiza esta afirmación. En el fondo, lo importante es permitir que cualquier persona encuentre una puerta abierta que la introduzca al misterio. Creo que el Papa intuye muy bien que la iglesia (y aquí uso una de sus imágenes) “no puede ser aduana”. Debe, en cambio, dejar que las personas encuentren a Jesucristo que es el verdadero Salvador».

Todo mundo sabe que esta actitud no es algo nuevo en Bergoglio; no se ha limitado a bautizar a los hijos de parejas unidas solo en matrimonio civil, sino también a los hijos de madres solteras, de parejas que no estaban casadas, etc... Lo que más le dolía, cuando era obispo, era descubrir que había párrocos que se negaban a bautizar a los niños que habíannacido fuera de un matrimonio religioso. Esta postura no es exclusiva de algunos sectores neo-clericales latinoamericanos, pues también se puede encontrar en Europa y en Italia. Es como si el aspecto de la “aduana”, es decir de la “regularidad” de los sacramentos de los padres, el aspecto de la “preparación” y de los “requisitos” prevaleciera por encima del bien del niño, como si la norma y el estatus de los padres fuera más importante que la gracia del bautismo.

El canon 868 del Código de Derecho Canónico dice: «Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere: 1) que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces; 2) que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres».Así pues, la «esperanza fundada» se puede basar en el compromiso del padrino o de la madrina del niño (estos sí tienen que ser católicos, según la norma canónica, y tienen que ser catóilicos, estar confirmados, haber recibido el sacramento de la Eucaristía y llevar «al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión» que asumen

El entonces cardenal Bergoglio decía: «El niño no tiene ninguna responsabilidad por el estado del matrimonio de sus padres. Y luego, a menudo el bautismo de los niños se convierte para los padres en un nuevo inicio. Normalmente se hace una prequeña catequesis antes del bautismo, de alrededor de una hora; después una catequésis mistagógica durante la liturgia. En seguida, los sacerdotes y los laicos visitan a estas familias, para continuar con ellos la pastoral post-bautismal. Y a menudo sucede que los padres que no se habían casado en la Iglesia, tal vez piden ir al altar para celebrar el sacramento del matrimonio. A veces sucede que los ministros y los agentes pastorales asumen casi una actitud “patronal”, como si estubiera en sus manos el arbitrio de conceder o no los sacramentos».

Sorprenden estas alusiones a esa «pequeña catequesis» y a la «catequesis mistagógica durante la liturgia». No se trata de largos recorridos y cursos (que también pueden ser la ocasión para volver a atraer a la vida parroquial a las familias que se han alejado), sino pequeñas catequesis. Confiando más en la gracia que actúa y transforma en el sacramento, que en la preparación. Con una mayor atención al «post» que al «pre», es decir, con la pastoral «post-bautismal».

«En su idea de Iglesia como “hospital de campo” –añadió don Mazzanti a Radio Vaticana–, Francisco esta convencido de que “los sacramentos son para la vida de los hombres y de las mujeres tal y como son”. No quiere humillar la práctica sacramental normal, sino vivir esta atención a las situaciones particulares. En general, podemos decir que ,aunque suceda, un sacerdote no podría negarse a administrar un sacramento. Los sacramentos son para las personas. Un sacerdote no puede adjudicarse el poder discriminante de decidir o no. Debe evaluar si existen las condiciones, por decirlo así, mínimas iniciales, pero no puede negar el don del sacramento a las personas que se lo piden. Está claro que está sujeto a un mínimo de discernimiento, pues no se puede administrar sacramento a ciegas, al primero que llegue. Pero cuando se expresa un deseo sincero y la voluntad de recibirlo, hay que saber acoger esta petición de vivir profundamente el misterio del sacramento».

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Fuente: Vatican Insider.

Cuando la Iglesia de Roma perdonaba las segundas nupcias

 

 

 

 

En los primeros siglos, a los divorciados vueltos a casar se les remitía la culpa y se les daba la comunión; pero más tarde, en Occidente, esta praxis fue abandonada. Hoy el Papa Francisco vuelve a proponerla, mientras los cardenales se baten en duelo.

Por Sandro Magister

ROMA, 31de enero de 2014 – A mediados de febrero los cardenales y los obispos del consejo de la secretaría del sínodo se reunirán para valorar las respuestas al cuestionario distribuido en octubre en todo el mundo.
El sínodo tiene por tema "los desafíos pastorales sobre la familia" y tendrá lugar en Roma del 5 al 19 de octubre. Entre las treinta y nueve preguntas del cuestionario, cinco conciernen a los católicos divorciados y vueltos a casar en segundas nupcias y su imposibilidad de recibir los sacramentos de la eucaristía y la reconciliación.
Sobre este punto la discusión es muy candente y las presiones para admitir en la comunión a los divorciados vueltos a casar son muy fuertes en la opinión pública, con el apoyo de obispos y cardenales de renombre.
De hecho, actualmente en la Iglesia católica la única vía para que los divorciados vueltos a casar y que se mantienen firmes en su segundo matrimonio sean admitidos a la comunión eucarística, es la verificación de la nulidad del precedente matrimonio celebrado en la iglesia.
La causas de la nulidad pueden ser numerosas y los tribunales eclesiásticos son generalmente comprensivos resolviendo por esta vía casos matrimoniales que son también difíciles.
Pero es imposible para los tribunales eclesiásticos hacer frente al gran número de matrimonios que supuestamente podrían ser inválidos. Según el Papa Francisco – que ha citado a este propósito al arzobispo de Buenos Aires que le precedió – los matrimonios nulos podrían incluso ser "la mitad" de los matrimonios celebrados en la iglesia porque han sido celebrados "sin madurez, sin darse cuenta de que es para toda la vida, por conveniencia social".
La gran parte de estos matrimonios inválidos ni siquiera es sometida al juicio de los tribunales eclesiásticos. No solo. Los tribunales eclesiásticos existen y funcionan sólo en algunos países, pero son inexistentes en amplias regiones de África, Asia y la misma América Latina. En algunas zonas de reciente evangelización el matrimonio monógamo e indisoluble ni siquiera ha sido aún aceptado por el sentir común católico en un contexto persistente de uniones inestables o polígamas.
Con este escenario, ¿cómo solucionar la imposibilidad de resolver por vía judicial el gran número de pasajes a segundas nupcias?
Joseph Ratzinger, como cardenal y como Papa, había avanzado en más de una ocasión la hipótesis de permitir el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar “que hayan llegado a la motivada convicción de conciencia sobre la nulidad de su primer matrimonio, pero cuya invalidez no puede ser demostrada por vía jurídica".
Benedicto XVI advertía que "el problema es muy difícil y aún se debe profundizar en él".
Mientras tanto, el acceso espontáneo de los divorciados vueltos a casar a la comunión se ha convertido en una praxis difundida, tolerada por sacerdotes y obispos e incluso animada y oficializada en algunas partes, como en la diócesis alemana de Friburgo. Con esto, se corre el riesgo de descargar todo sobre la conciencia del individuo, aumentando la distancia entre la visión alta y exigente del matrimonio tal como aparece en los Evangelios y la vida práctica de numerosos fieles.
En esta fase de acercamiento al sínodo sobre la familia, el Papa Francisco ha dado espacio a una confrontación entre posiciones distintas, si no opuestas, contribuyendo así él mismo a crear expectativas de "apertura".
Por un lado, ha querido que se publicara en "L'Osservatore Romano" del 23 de octubre, en siete idiomas, una nota del prefecto de la congregación para la doctrina de la fe Gerhard L. Müller, muy rigurosa afirmando la "santidad" indisoluble del matrimonio cristiano y rechazando "una adecuación al espíritu de los tiempos", como sería la concesión de la comunión a los divorciados vueltos a casar sobre la base simplemente de su elección de conciencia.
Por otra parte, el Papa ha dejado que obispos y cardenales – también de su declarada confianza como Reinhard Marx y Óscar Rodríguez Maradiaga – se expresaran públicamente contra Müller y a favor de una superación de la prohibición de la comunión.
Los fautores de este cambio, al explicitar sus posiciones, confían en última instancia en la convicción de conciencia de cada individuo.
¿Pero es la conciencia la única vía de solución al problema de los divorciados vueltos a casar?
Según cuanto sucedía en los primeros siglos del cristianismo, no. La solución, entonces, era otra.
*
La persona que, recientemente, ha recordado cómo afrontó la Iglesia de los primeros siglos la cuestión de los divorciados vueltos a casar es un sacerdote de Génova, Giovanni Cereti, estudioso de patrística y de ecumenismo, además de ser desde hace más de treinta años asistente del movimiento de espiritualidad conyugal de los “Equipes Notre-Dame”.
Cereti ha vuelto a publicar hace unos meses un docto estudio escrito por él y publicado por primera vez en 1977, reeditado en 1998, que lleva por título: "Divorzio, nuove nozze e penitenza nella Chiesa primitiva" (“Divorcio, nuevas nupcias y penitencia en la Iglesia primitiva”).
La piedra angular de este estudio – pletórico de referencias a los Padres de la Iglesia, que se debatían con el problema de las segundas nupcias – es el canon 8 del concilio de Nicea del 325, el primero de los grandes concilios ecuménicos de la Iglesia, cuya autoridad ha sido siempre reconocida por todos los cristianos.
El canon 8 del concilio de Nicea dice:
"A propósito de aquellos que se definen puros, en el caso de que quieran entrar en la Iglesia católica, este santo y gran concilio establece, […] antes de cualquier otra cosa, que estos declaren abiertamente, por escrito, que aceptan y siguen las enseñanzas de la Iglesia católica: es decir, que entrarán en comunión tanto con aquellos que han pasado a segundas nupcias, como con aquellos que han cedido en la persecución, para los cuales se establecen el tiempo y las circunstancias de la penitencia, siguiendo así en cada cosa las decisiones de la Iglesia católica y apostólica".
Los "puros" a los cuales se refiere el canon son los novacianos, los rigoristas de la época, intransigentes hasta la definitiva ruptura tanto con los adúlteros vueltos a casar, como con las personas que habían apostatado para salvar su vida aunque se hubieran arrepentido después. En ambos casos habían sido sometidos a la penitencia y habían sido absueltos de su pecado.
Exigiendo a los novacianos que para ser readmitidos en la Iglesia tenían que "entrar en comunión" con estas categorías de personas, el concilio de Nicea confirmaba por tanto el poder de la Iglesia de perdonar cualquier pecado y de volver a acoger en la plena comunión también a los "dígamos", es decir, a los adúlteros vueltos a casar y a los apostatas.
Desde entonces, en lo que concierne a los divorciados vueltos a casar, en la cristiandad han convivido dos tendencias, una más rigorista y otra más dispuesta al perdón. En el segundo milenio, en la Iglesia de Roma se impuso la primera. Pero en precedencia, durante muchos siglos, también en Occidente tuvo espacio la praxis del perdón.
El recién nombrado cardenal Müller, en su nota en "L'Osservatore Romano", escribe que "en la época patrística, los creyentes separados que se habían vuelto a casar civilmente no eran readmitidos oficialmente a los sacramentos, aun cuando hubiesen pasado por un periodo de penitencia". Pero inmediatamente reconoce que "en ocasiones, se buscaron soluciones pastorales para rarísimos casos-límites".
Más adherente a la realidad histórica ha sido Ratzinger, en un escrito suyo de 1998 que volvió a ser publicado el 30 de noviembre de 2011 en distintos idiomas en "L'Osservatore Romano", que resume así el estado de la cuestión según los más recientes estudios:
"Se afirma que el magisterio actual sólo se nutriría de un filón de la tradición patrística, y no de la entera herencia de la Iglesia antigua. Si bien los Padres se atuvieron claramente al principio doctrinal de la indisolubilidad del matrimonio, algunos de ellos toleraron, en la práctica pastoral, una cierta flexibilidad ante situaciones difíciles concretas. Sobre este fundamento, las Iglesias orientales separadas de Roma habrían desarrollado más tarde, junto al principio de la akribia, de la fidelidad a la verdad revelada, el principio de la oikonomia, de la condescendencia benévola en situaciones difíciles. Sin renunciar a la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio, esas Iglesias permitirían, en determinados casos, un segundo e incluso un tercer matrimonio que, por otra parte, es diferente del primer matrimonio sacramental y está marcado por el carácter de la penitencia. Esta praxis nunca habría sido condenada explícitamente por la Iglesia Católica. El Sínodo de Obispos de 1980 habría sugerido estudiar a fondo esta tradición, a fin de hacer resplandecer mejor la misericordia de Dios".
Más adelante, en ese mismo texto, Ratzinger indica en san León Magno y en otros Padres de la Iglesia a aquellos que "buscaron soluciones pastorales para raros casos límite" y reconoce que "en la Iglesia imperial posterior a Constantino se buscó una mayor flexibilidad y disponibilidad al compromiso en situaciones matrimoniales difíciles".
De hecho, el concilio ecuménico de Nicea fue convocado precisamente por Constantino y su canon 8 expresa justamente esta orientación.
Hay también que precisar que, en ese periodo, los que habían pasado a segundas nupcias y eran readmitidos en la comunión de la Iglesia permanecían junto al nuevo cónyuge.
En Occidente, en los siglos sucesivos, el periodo penitencial que precedía a la readmisión a la eucaristía, inicialmente breve, se prolongó poco a poco hasta convertirse en permanente, mientras en Oriente esto no sucedió.
En el segundo milenio, en Occidente, fueron los tribunales eclesiásticos los que se enfrentaron y resolvieron los "casos límites" de segundas nupcias, asegurando la nulidad del precedente matrimonio, pero cancelando con ello la conversión y la penitencia.
Hoy, quienes como Giovanni Cereti quieren centrar la atención sobre la praxis de la Iglesia de los primeros siglos, proponen la vuelta a un sistema penitencial similar al adoptado entonces, sistema que aún se conserva en una cierta forma en las Iglesias de Oriente.
Extendiendo el poder de la Iglesia de absolver todos los pecados también a aquellos que han roto el primer matrimonio y han entrado en una segunda unión, se abriría el camino – sostienen – a "una mayor valorización del sacramento de la reconciliación" y "a una vuelta a la fe de muchos que, hoy, se sienten excluidos de la comunión eclesial".
Tal vez el Papa Francisco estaba pensando en esto cuando, en la entrevista en el avión de vuelta de Rio de Janeiro, el 28 de julio de 2013, abrió y cerró "un paréntesis" – palabras suyas – sobre los ortodoxos que "siguen la teología de la 'economía', como la llaman, y dan una segunda posibilidad de matrimonio".
Añadiendo inmediatamente después:
"Creo que este problema [de la comunión a las personas en segundas nupcias] se debe estudiar en el marco de la pastoral matrimonial".

Fuente: Sandro Magister

El cardenal Eijk afirma que el Concilio de Trento sigue plenamente vigente y la rehabilitación de Lutero es imposible

 

 

El cardenal y arzobispo de Utrech (Holanda), S.E.R Willem Jacobus Eijk, ha asegurado en una entrevista concedida a la revista protestante «Calvinist Reformatorisch Dagblad» que «la doctrina y los anatemas del Concilio de Trento están plenamente vigentes». El periódico Trouw, haciéndose eco de dicha entrevista, afirma que «el cardenal Eijk es explícito en este tema: Las enseñanzas del Concilio de Trento son perfectamente válidas. Y eso se aplica a las convicciones de quienes rechazaron las enseñanzas del concilio, como es el caso de los protestantes». El prelado rechaza igualmente la petición de los luteranos para que la Iglesia rehabilite la figura del heresiarca Martín Lutero.

El cardenal Eijk explica en su entrevista a la revista calvinista que el Concilio de Trento es una prueba de «la capacidad de la Iglesia Católica de auto-reformarse» gracias a la «guía del Espíritu Santo». El concilio, añade, puso fin a los muchos abusos que surgieron en la Iglesia durante la Baja Edad Media, tales como la simonía y una incorrecta comprensión del ministerio pastoral, que contradecían la enseñanza bíblica. También acabó con la falta de disciplina entre el clero y los monasterios. «Cuando se implementaron todos los decretos, el orden fue restaurado en la Iglesia», constata el purpurado holandés.

El Concilio de Trento también reafirmó algunas «verdades de fe», precisamente para refutar los errores de la Reforma protestante. El cardenal sentencia que dichas doctrinas, «como por ejemplo la transubstanciación y la naturaleza del sacramento de la Eucaristía, continuan vigentes».

Imagen falsa de Dios y de la Iglesia Católica

El prelado holandés explica que las condenas y excomuniones se aplican a quienes «voluntariamente y a sabiendas» rechazan las enseñanzas de la Iglesia. «En cierta manera, esta es una cuestión teórica. Mucha gente tiene una imagen falsa de la Iglesia Católica porque es lo que se les ha enseñado. O tiene igualmente una imagen errónea de Dios, pero no puede ser considerada responsable personalmente». Con ello el cardenal hace referencia a la ignorancia invencible. «Solo Dios puede juzgar a cada hombre», ratifica el arzobispo de Utrech.

Finalmente, el cardenal Eijk se refiere a la petición de los luteranos de una rehabilitación de Martín Lutero: «En temas fundamentales él se desvió de la doctrina de la Iglesia. Y esa doctrina permanece tal cual. Por esta razón, las diferencias permanecen sin cambio y la rehabilitación es imposible».

Críticas al cardenal

Las palabras del cardenal han sido criticadas desde ámbitos ecuménicos, tanto protestantes como católicos. Se le ha acusado de fijarse más en las diferencias que en lo que une precisamente en la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos.

Fuente: InfoCatólica.

Análisis sobre la aplicación de Summorum Pontificum en los EEUU

 

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ESTADOS UNIDOS: LA RIQUEZA DE LA LITURGIA TRADICIONAL

CADA VEZ MÁS ACCESIBLE

«La carta apostólica motu proprio data «Summorum Pontificum» del Sumo Pontífice Benedicto XVI, del 7 de julio de 2007, que entró en vigor el 14 de septiembre de 2007, ha hecho más accesible a la Iglesia universal la riqueza de la Liturgia romana».

Instrucción Universæ Ecclesiæ del 30 abril de 2011

Casi tres años después de la aplicación de la instrucción sobre la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum, el efecto Summorum Pontificum no disminuye y la universalidad de la liturgia romana se afianza cada vez más. Para comenzar bien el año, este mes ofrecemos a nuestros lectores un panorama sobre los progresos de la forma extraordinaria en Estados Unidos.

A) Comencemos por New York, más precisamente, Staten Island. Después de 48 años de ausencia, el 12 de octubre de 2013, la misa tradicional ha vuelto. Todavía no se trata de una misa dominical y semanal, pero ha tenido un éxito notable, como manifiesta un fiel: «Contrariamente a lo que imaginaba –y probablemente, también a lo que imaginaban quienes programaron una misa a las 19.30 horas un sábado de octubre– éramos más de cien personas». Organizada en la iglesia del Sagrado Corazón, una iglesia histórica del barrio, esta misa fue celebrada por un sacerdote que declaró haber aprendido a celebrarla para dicha ocasión. Ahora bien, como señala el mismo fiel: « ¿Acaso un sacerdote se tomaría el trabajo de celebrar la misa extraordinaria sólo para satisfacer a un puñado de fanáticos una o dos veces por año? ¿O más bien, este sacerdote cree en el valor espiritual de esta misa y piensa introducirla de nuevo en su parroquia de modo regular? Si logra atraer un centenar de personas el sábado a la tarde, ¿cuántas vendrían el domingo a la mañana, a las 10.30 horas?». No sabríamos expresarlo mejor. Notemos, de paso, este detalle que nos confía el fiel: «Como sucede en todas las misas a las que asisto en New York, unas señoras filipinas nos esperaban en la entrada de la iglesia para distribuirnos con amabilidad unos libritos para poder seguir mejor y participar en la misa”.

B) Como lo muestra el caso de este párroco de Staten Island, y como lo hemos escrito a menudo, la formación de los sacerdotes es uno de los puntos fuertes del desarrollo de la misa en Estados Unidos. En una entrevista con la revista Regina, Byron Smith, secretario de Una VoceAmerica, nos informa al respecto que más de 1000 sacerdotes del país han participado en un seminario de aprendizaje de la misa tradicional. Los canónigos de Cantius (ver nuestra Carta 260en francés) se encuentran entre los divulgadores más eficaces de la liturgia tradicional: del 10 al 13 de octubre, realizaron un curso para los seminaristas de la diócesis de Detroit.

C) En el año 2013, la diócesis de Detroit ha sido en muchos aspectos un excelente símbolo del desarrollo armónico de la forma extraordinaria en Estados Unidos: además de la sesión de formación ya mencionada para los seminaristas diocesanos, la liturgia tradicional ha vuelto a la catedral del Santísimo Sacramento a fines de agosto –es uno de los obispos auxiliares, Mons. Hanchon, quien celebró en esa oportunidad– a pedido del grupo Juventutem local; algunas semanas antes, fue otro obispo auxiliar, Mons. Reiss, quien confirió el sacramento de la confirmación a 16 fieles de la comunidad Summorum Pontificum de la iglesia San Josafat. Implicación de los obispos, acceso a los sacramentos, formación de los seminaristas: ésta es una diócesis donde las riquezas del motu proprio se dispensan generosamente, una situación envidiable de este lado del Atlántico…

Catedral del Santísimo Sacramento de Detroit

D) En la diócesis de Galveston-Houston, el día de la Asunción, el arzobispo, cardenal DiNardo, puso a disposición de los fieles una parroquia personal de la cual se hizo cargo el padre Van Vliet, de la Fraternidad San Pedro (FSSP), durante una ceremonia presidida por el vicario episcopal. Bautizada Regina Cœli, esta parroquia todavía no posee iglesia propia, pero ha recibido autorización para construir en un terreno donado en el noroeste de la ciudad. Y para terminar bien el año 2013, el 23 de diciembre, el obispo de Springfield (Illinois), erigió la capellanía Santa Rosa de Lima, también atendida por la FSSP, en parroquia personal.

E) La costa del Pacífico no va a la zaga, gracias a dos arzobispos admirables: Mons. Sample, de Portland (ver nuestra Carta 38) y Mons. Salvatore Cordileone, de San Francisco. Este último, además de apoyar calurosamente la mayoría de las iniciativas Summorum Pontificum que se le proponen, no duda en presentar otras a su clero y a los fieles. Así, desde el domingo de la Santísima Trinidad, por pedido personal del arzobispo de San Francisco, la misa tradicional ha encontrado nuevamente derecho de ciudadanía en la iglesia Estrella del Mar. Todos los domingos y a las 11 horas: ¿qué más se puede pedir?

F) Estas buenas noticias provenientes de los Estados Unidos no significan que el motu proprio se encuentre en punto muerto en el resto del mundo. En Europa, por ejemplo, siguen apareciendo nuevas misas y otras ganan en visibilidad y facilidad de acceso. Así ocurre en España, donde la prensa local de Gijón acaba de informar que la misa local ha sido trasladada a una iglesia del centro histórico. Asimismo en Segovia, de ahora en más, está presente el apostolado del Instituto Cristo Rey a las 19 horas en la iglesia San Sebastián. Desde junio, Eslovenia cuenta también con una primera aplicación mensual del motu proprio, en Maribor. En Italia, a pesar del cierre de los numerosos lugares de misa atendidos por los Franciscanos de la Inmaculada, una nueva misa dominical se celebra en Palermo, todos los domingos a las 17.30 horas en la iglesia San Basilio.

G) Además de este desarrollo que podríamos llamar «orgánico» del motu proprio, cabe señalar que la promoción puntual de la forma extraordinaria no conoce respiro: infatigable servidor de la reforma litúrgica, Mons. Schneider celebró un triduo en Irlanda al comienzo del Adviento; Mons. Bartulis, obispo de Siauliai, Lituania, asiduo participante de la peregrinación a Chartres, celebró una misa pontifical este verano durante un seminario litúrgico en su diócesis; todavía más al este, el cœtus Summorum Pontificum de Moscú (que cuenta con una misa todos los domingos a las 17 horas en la cripta de la catedral), apadrinó un viaje de presentación de la misa tradicional en la ciudad de Berezniki, situada al pie de los Urales. Y finalmente, la comunidad de Hong Kong, anterior al motu proprio y de un dinamismo infatigable, inauguró el domingo deGaudete un ciclo de conferencias litúrgicas con una presentación realizada por Mons. Schneider sobre los beneficios y la necesidad urgente de la comunión de rodillas y en la boca, tema de su último libro, cuya traducción francesa está en curso gracias a Renaissance Catholique.

H) En suma, a pesar del cambio de pontificado, el efecto Summorum Pontificum no ha cesado en 2013. Esperemos que siga así en 2014. Por una sencilla razón: la demanda y la necesidad siguen vigentes.

Fuente: Paix Liturgique