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lunes, 17 de febrero de 2014

¿Es conveniente para el sacerdote recitar todos los textos de la Misa?




Por PETER KWASNIEWSKI

En discusiones sobre liturgia uno siempre escucha algo como lo siguiente: "Concedido, las cosas fueron muy lejos, pero tienes que admitir que había algunas cosas en la Misa antigua que necesitaban cambiar. Sacrosanctum Concilium pedía cambios y expidió algunas verdaderas (aunque modestas) directivas -y quizás en una futura revisión del Misal Romano tradicional estas mejoras puedan hacerse."
Hoy en día me gusta preguntar siempre (y si estoy en la escena, lo hago) exactamente qué cambios tiene la persona en mente que cree que serían mejoras. Con pocas excepciones, los argumentos en favor de cambios en el texto del Misal, las rúbricas o las ceremonias no encuentran convicción en aquellos que entienden (y por tanto aman) el significado de esos textos, rúbricas o ceremonias. En este punto de mi vida, tras una larga experiencia de conocer y amar la liturgia tradicional in su pureza de doctrina, expresividad poética, conmovedor simbolismo, fácil integración del clero, la gente y los músicos, y (no menos) infalible psicología y pedagogía, tiendo a tener las más serias dudas sobre cualquiera de las "mejoras" propuestas que sugiere la gente. Tales "mejoras" serían obtenidas al costo de dañar la integridad litúrgica del rito, un costo demasiado elevado para pagar por ganancias discutibles.
Mi punto de vista no fue siempre así. Hubo un tiempo, años atrás, en que pensaba que la Misa antigua podía ser mejorada en este sentido o el otro. Por ejemplo, creía que era bastante evidente que el sacerdote no debería andar repitiendo las antífonas o las oraciones que la gente o la schola ya estaban cantando. Había leído expertos liturgistas que afirmaban que esto había resultado de la influencia de la Misa rezada sobre la Misa cantada, y que juzgaban una redundancia superflua; una suerte de sutil clericalismo que requería del sacerdote hacer todo o si no "su Misa" no estaría completa. Recuerdo haber discutido en un foro que durante el Gloria y el Credo el sacerdote no debería recitar el texto y luego sentarse, sino cantarlo con el pueblo, estando todo el tiempo de pie junto a ellos.
Pero ya no estoy más de acuerdo con los expertos racionalistas. He podido ver la belleza y la sabiduría en el desarrollo que llevó a la recitación personal del sacerdote de todos los textos en elusus antiquor de la Misa cantada; y aunque un artículo corto no puede hacer justicia al tema, quisiera ofrecerles algunos pensamientos disparadores con la esperanza de que los lectores (especialmente sacerdotes) se unan a la conversación por medio de comentarios.
Porque el sacerdote se para frente al altar in persona Christi, él se sitúa en persona del "todo Cristo", cabeza y cuerpo. Realiza gestos y recita oraciones ya en la dirección de Cristo a los fieles, la mediación descendente de las cosas sagradas, como en la dirección de los fieles a Cristo, el ofrecimiento ascendente de dones y oraciones. El momento de perfecta asimilación a Cristo el Sumo Sacerdote viene en el momento de la Consagración, cuando el sacerdote habla como si no fuera otro que Cristo Mismo, cuyo ícono viviente e instrumento es, en efecto: Hoc est enim Corpus meum . . . Hic est enim Calix Sanguinis mei . . .
La identidad ministerial del sacerdote es así consumada y escondida dentro de singular y perfecto sacerdocio ontológico de Jesucristo. Pero cuando el sacerdote dice en viva voz Nobis quoque peccatoribus, allí está representado a la gente, a los miembros del cuerpo místico de Cristo -porque en la cabeza de este cuerpo no hay pecado, mientras que en sus miembros hay imperfecciones que deben ser superadas para hacer su reincorporación definitiva. Por lo tanto, en su propia identidad sacramental el sacerdote representa a todo Cristo, cabeza y cuerpo, y es conveniente que mantenga este rol de completa representación desde el comienzo hasta el final -desde el comienzo de la Misa, haciendo reverencia delante del altar en humildad y confesión, hasta el final, bendiciendo a la gente y haciéndoles recordar de la sublime Encarnación del Verbo, plenum gratiae et veritatis. El dramático simbolismo de la liturgia no admite interrupción ni mensajes contradictorios.
Con esta verdad en mente, queda más claro por qué la Divina Providencia permitió que continuara la práctica de que el sacerdote recite la Misa entera -todos los propios, lecturas y oraciones- aún cuando ministros subordinados, una schola o la gente reciten o canten algunas de ellas. Cuando el sacerdote recita el Introito, está en la persona de Cristo el profeta, anunciando algún misterio que ha sido realizado en la misión terrenal del Señor. Cuando el sacerdote recita el triple Kyrie con su ritmo silencioso y sombrío, está suplicando la misericordia del Dios todopoderoso, nuevamente actuando visiblemente en la persona del Sumo Sacerdote que ofrece el sacrificio en nombre de los pecadores. Cuando él entona el Gloria, actúa como representante de la gente, los miembros de Cristo, que rinde culto al Dios trino; esto también es acto sacerdotal, uno que pertenece a todos los fieles pero que sin embargo es más adecuado para él, en virtud de la posesión de los Órdenes Sagrados. Cuando lee el Evangelio, es como la imagen viviente de Cristo que la lee. Nada de esto le resta importancia o diluye los roles que otros ministros o fieles tengan o deberían tener; en cambio, se limita a la máxima unidad de acción litúrgica al hacerlo fluir desde y hasta el mismo Alfa y Omega, Cristo Mismo, cuya unidad de ser y operación en sensiblemente representada por el celebrante.
Muchos de estos ejemplos pueden darse desde la liturgia. El sacerdote realiza gestos y oraciones que convienen no sólo a la cabeza, Cristo el Sumo Sacerdote, sino también a los miembros del cuerpo de Cristo, la Iglesia, hueso de su hueso y carne de su carne. Reitero: él representa al Cristo todo, cabeza y miembros. Y por ello es altamente conveniente que él, que ha sido formado a la imagen y semejanza del Mediador entre Dios y el hombre, siempre tenga en sus labios y en su corazón la oración de la cabeza así como las oraciones de los miembros.
Es verdadero -y maravilloso misterio- que todos los cristianos compartimos un sacerdocio de Cristo: cada uno de los fieles está bautizado como sacerdote, profeta y rey. Este carácter sacramental impreso indeleblemente en nuestra alma por el bautismo es un título para rendir culto al verdadero Dios viviente, confiriéndonos el derecho a tomar parte de los otros sacramentos y, en última instancia, de recibir su fruto, la vida eterna. El carácter bautismal faculta al cristiano a recibir otros dones de gracia, a ofrecer un culto agradable, y, sobre todo, a recibir el precioso Cuerpo y Sangre de Cristo. Esto es doctrina clásica, enseñada por Santo Tomás de Aquino, muchos otros doctores de la Iglesias y el Magisterio mismo. Con lo cual no es menos correcto o conveniente que los fieles canten aquellas partes de la Misa cantada que les son propias, como el Ordinario -los diálogos, el Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei, etc.- y que realicen acciones externas por rúbrica o costumbre, y unan su ferviente oración silenciosa a la del sacerdote que los representa. Al hacerlo, realizan su oficio sacerdotal. Cada uno hace lo que le es propio hacer, y está unido en espíritu a todos los otros bajo la cabeza de Cristo.
Esto es verdaderamente  una visión de orden, armonía, paz y sabiduría. Es el orden que vemos en forma germinal en el Nuevo Testamento, manifestado en las distintas épocas de la historia de la Iglesia, inherente a la Tradición católica, expuesto en el desarrollo orgánico de la liturgia. Como empeñados que eran (y son) los reformistas litúrgicos y radicales para derrumbar esta jerarquía natural y sobrenatural, están golpeando contra el aguijón, como Saúl, y han de golpear contra una roca inmovible. Es nuestro privilegio como católicos el ser los muchos y variados miembros del Cuerpo Místico y encontrar nuestra santidad sirviendo humildemente en el lugar al que hemos sido llamados por la Divina Providencia. Esto incluye, por supuesto, al sacerdote sirviendo al máximo en su rol sacerdotal, sin vergüenza, apocamiento o dispersión.



... una imagen de jerarquía cósmica y celestial...


Ni siquiera he tocado la cuestión de valor devocional subjetivo o personal de la recitación de las antífonas, oraciones y lecturas por el celebrante, un valor que muchos sacerdotes que celebran elusus antiquor reconocen y aprecian como ayuda preciosa a su propia participatio actuosa en su culto al Señor. Mi argumento está fundado en cambio en hechos objetivos sobre la propia naturaleza de la liturgia y el sacerdocio, una objetividad que está bellamente simbolizada y extendida por la práctica de la costumbre en discusión y por tanto debidamente impresa en los fieles que asisten a la Misa.

Fuente: http://saeculorumvalue.blogspot.com.ar/

Llegan nueve días de fuego

 

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El consejo de los ocho cardenales, el consistorio y el sínodo. La disputa sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar. La reforma del IOR. Y aún más. Todo bajo la mirada del Papa.

CIUDAD DEL VATICANO, 17 de febrero de 2014 – La segunda mitad de este mes de febrero se caracteriza por una secuencia impresionante de citas para la Roma eclesiástica del papa Francisco.
Para comenzar, desde el lunes 17 al miércoles 19 se reúne el consejo de cardenales nombrado hace diez meses por Jorge Mario Bergoglio para hacerse ayudar en el gobierno de la Iglesia universal y en la reforma de la curia.
Se trata de la tercera reunión colegial de los ocho cardenales coordinados por el salesiano hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga. Se ocuparán de la reforma de la curia, que sin embargo no se preanuncia a corto plazo y tendrá un giro decisivo cuando sea finalmente instituida la comisión encargada de redactar la constitución apostólica que pondrá negro sobre blanco el nuevo ordenamiento del gobierno central de la Iglesia.
Se ha filtrado que estaría en estudio la creación de una nueva congregación, dedicada a los laicos, la reducción del número de consejos pontificios y la institución de la figura de un "moderador de la curia".
En tanto ha se anunció oficialmente la creación de una nueva comisión, para ocuparse del escabroso tema de los abusos sexuales llevados a cabo por clérigos. La noticia ha sido dada al término del anterior encuentro de los ocho cardenales en los primeros días de diciembre. Pero todavía no ha sido constituido el nuevo organismo.
Los ocho cardenales encontrarán también las dos comisiones instituidas por el papa Francisco sobre cuestiones financieras: la dedicada al IOR, que está presidida por el cardenal Raffaele Farina, y la otra sobre otros organismos económicos y financieros de la Santa Sede, que está presidida por el economista maltés Joseph Zahra, pero que hasta ahora ha sido noticia por sí sobre todo por la exuberante personalidad de uno de sus miembros, la “Public Relations” Francesca Immacolata Chaouqui.
En lo que respecta a estos temas se ha filtrado la hipótesis de la creación de un “ministerio de las finanzas” vaticano. Mientras que todavía no está claro si las dos comisiones citadas a las que nos hemos referido tendrán larga vida o si su rol a tiempo limitado, recientemente confirmado por el secretario de Estado, Pietro Parolin, está llegando a su término.

El jueves 20 y el viernes 21 de febrero se reunirán también en el Vaticano todos los cardenales, incluidos los nuevos que recibirán formalmente la púrpura el sábado 22.
Se trata de un consistorio que por voluntad del papa Francisco discutirá sobre la pastoral familiar.
La única exposición prevista ha sido confiada al cardenal alemán Walter Kasper, después habrá amplio espacio para las intervenciones libres. El debate promete ser más bien polémico, sobre todo en lo que se refiere al acceso a la eucaristía de los divorciados vueltos a casar y sobre el eventual acogimiento por parte de la Iglesia Católica de la disciplina católica ortodoxa que permite segundas y también terceras nupcias.
La elección de Kasper como expositor ha suscitado alguna irritación entre quien considera doctrinalmente insuperable la actual disciplina de la Iglesia Católica. Ya cuando era obispo de Rotenburgo-Stuttgart y también recientemente en una entrevista al semanario "Die Zeit", el teólogo y cardenal alemán se ha pronunciado dispuesto a admitir que las personas divorciadas y vueltas a casar puedan tener acceso a la comunión sacramental.

El sábado 22 de febrero, fiesta de la Cátedra de San Pedro, el papa Francisco creará los primeros nuevos cardenales de su pontificado y el día siguiente, el domingo 23, celebrará con ellos una Misa solemne en San Pedro.
La decisión del pontífice de destinar la mayor parte de las púrpuras a pastores de las Iglesias del sur del mundo es en efecto sin precedentes y recuerda, como gesto de giro, lo que hizo Pío XII, quien en dos consistorios dio un giro decisivo a la internacionalización del colegio cardenalicio, al premiar sobre todo a los pastores de diócesis a costa de los curiales y poniendo término en forma definitiva al predominio italiano durante siglos en el senado del Papa.
En lo que se refiere a Italia, por primera vez luego de un siglo será creado cardenal el titular de una diócesis – la de Perugia, de la que es arzobispo Gualtiero Bassetti – que no sea Turín, Milán, Venecia, Génova, Boloña, Florencia, Nápoles o Palermo. La última elección más allá de estas ocho sedes tradicionalmente cardenalicias fue la del arzobispo de Benevento, Alessio Ascalesi, creado cardenal por Benedicto XV en 1916.
Por el contrario, no recibirá la púrpura el titular de la diócesis que en el siglo XX ha dado a la Iglesia universal tres papas: el patriarcado de Venecia. De todos modos, nadie se ha lamentado públicamente de esta negativa, mientras que hace pocos años, luego que el arzobispo de la menos titulada sede de Florencia no fue creado cardenal, el historiador Alberto Melloni lamentó que a esa Iglesia no le fue reconocido "el rango que se merece".

Por último, el lunes 24 y el martes 24 de febrero se reunirá el consejo de la secretaría general del Sínodo de los Obispos, coordinado por el neo-cardenal Lorenzo Baldisseri.
En esa sede se comenzarán a evaluar las respuestas al cuestionario respecto al próximo sínodo extraordinario de octubre, dedicado siempre a la pastoral familiar.
Las conferencias episcopales de Alemania, Austria y Suiza ya han previsto, gracias a minuciosos comunicados de prensa, difundir en todo el mundo las respuestas que les fueron entregadas, con un desequilibrio en sentido progresista.
Pero esta divulgación ha sido juzgada como una “iniciativa unilateral” y “no correcta” por el mismo Baldisseri, quien ha confirmado en una entrevista que la publicación de estos materiales, que deberían ser enviados “reservadamente” al Vaticano, no estaba autorizada en absoluto.
No sólo eso. El neo-cardenal – siempre en la misma entrevista publicada el 11 de febrero en el "Quotidiano Nazionale" – definió también como "una interpretación posible" la que ve en la difusión de los datos una forma de presión para condicionar los trabajos del sínodo.

Consejo de cardenales, consistorio, sínodo. Son éstos entonces los eventos que caracterizan los próximos nueve días de la Roma eclesiástica.
Pero como si no bastara, en el mismo arco de días se insertarán también otras citas no carentes de interés.
La tarde del martes 18 de febrero la embajada italiana ante la Santa Sede será la sede de la acostumbrada recepción para festejar el aniversario de los históricos Pactos Lateranenses, que signaron la histórica reconciliación entre el Estado italiano y la Iglesia Católica luego de la conquista de la Roma papal por parte del reino de Saboya. En la ocasión, como es habitual, habrá un vértice entre la Secretaría de Estado vaticana y la Conferencia Episcopal Italiana por una parte, y los máximos cargos institucionales y gubernamentales de Italia por la otra.
Este año la cita es particularmente significativa porque por primera vez participarán el nuevo secretrario de Estado vaticano, Pietro Parolin, y el nuevo secretario general ad interim de la CEI, Nunzio Galantino.
El 24 y 25 de febrero está prevista además también la reunión del consejo de cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos de la Santa Sede, el organismo compuesto por una quincena de purpurados provenientes de los cinco continentes, ante quienes serán presentados los presupuestos y las cuentas definitivas de varios entes vaticanos.
Sin contar que en los próximos días está en agenda también la plenaria de la neo-confirmada Pontificia Comisión para América Latina, la primera que se celebra con el primer Papa de la historia proveniente justamente de ese mundo.
En síntesis, nueve días densos de encuentros y nombramientos. Todos bajo la mirada atenta del papa Francisco. Qué saldrá de ello ya se verá.

Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/

Santa Misa Tridentina del Domingo de Septuagésima en Filipinas

 

 

El 16 de febrero, Domingo de Septuagésima, el P. Michell Joe B. Zerrudo ofició la Santa Misa Tridentina en la parroquia de la Sagrada Familia de la diócesis de Cubao (Filipinas), a la que pertenecen estas imágenes, con la asistencia de los miembros de la Societas Ecclesia Dei Sancti Ioseph – Una Voce Philippines. Dei praesidio fultus.

Fuente: Catholicvs.

Audiencia de Francisco con el Card. Ranjith

 

 

Hace una semana autoalimentabamos nuestra esperanza de que el Card. Ranjith sea el nuevo Prefecto del Culto Divino, basados en unas imágenes (ver aquí). Ahora, las seguimos alimentando con una información de primera página de la edición diaria en italiano de L'Osseratore Romano, Feb-18-2014; la cual traducimos seguidamente.

El Santo Padre ha recibido en audiencia en la tarde del Sábado 15 [de Febrero] a Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, Arzobispo de Colombo (Sri Lanka).

 

Fuente: Secretum Meum Mihi.

Cardenal Zen, amigo de la Liturgia tradicional

 

 

Es sabido que Su Eminencia el Cardenal Joseph Zen, Obispo emérito de Hong-Kong es un gran amigo de la liturgia tradicional. Desde 2001 se celebra en Hong-Kong la Santa Misa con el misal del Beato Juan XXIII. Actualmente en la iglesia María Auxilio de los Cristianos, todos los domingos, a las 12,30 horas. Las celebraciones están a cargo de los Padres Salesianos, siendo frecuente que el celebrante sea el mismo Cardenal Zen, también salesiano.

Riposte Catholique

Visto en Acción Litúrgica.