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martes, 11 de marzo de 2014

¿La persecución continúa?

 

 

 

Tras la persecución de la Liturgia tradicional en los Franciscanos de la Inmaculada, ¿ha llegado el momento de erradicarla de los colegios y centros de estudios católicos?. Al menos eso es lo que, según informa la web Rorate Caeli, parece haber pasado en el Fisher More College, una institución educativa en Texas, Estados Unidos, que ha visto prohibida la celebración de la Santa Misa con la forma extraordinaria por el nuevo obispo diocesano, Monseñor Michael Olson, Obispo de Fort Worth. Los jóvenes que deseen la Misa tradicional ya no podrán encontrarla en su colegio y deberán dirigirse a una iglesia diocesana donde se celebra/tolera. En la capilla del colegio se celebraba la Misa tradicional diariamente desde hacía tres años.

Más allá de los inconvenientes que este impedimento acarrea a los alumnos, supone la prohibición, por parte del obispo, de una educación católica tradicional que incluya la liturgia. Evidentemente se trata de cercenar la posibilidad de que los jóvenes regresen progresivamente a la liturgia secular de la Iglesia.

Rorate Caeli publica incluso la carta del Obispo a la escuela, que constituye una vulneración flagrante del magisterio del Papa Benedicto XVI, establecido en el motu proprio Summorum Pontificum. Causa pavor pensar que iniciativas de este tipo no se deban a un exabrupto de un obispo desobediente, sino a un plan preconcebido para perseguir de nuevo la Liturgia tradicional de la Iglesia.

¿Qué va a pasar si los obispos no obedecen el magisterio de los Papas, expresado en documentos magisteriales? ¿Qué va a pasar si un Papa empiezan a contradecir a su antecesor y, aún peor, si no lo contradice formalmente pero tolera, fomenta o se desentiende de las desobediencias y menosprecios al propio magisterio papal? Nada bueno traería a la Iglesia: la confusión de los fieles (el escándalo a los jóvenes tan condenado por el Redentor), la relativización de las normas y la anarquía jerárquica, la destrucción de la paz litúrgica conseguida con tanto esfuerzo por Juan Pablo II y Benedicto XVI, el escándalo y la división en la Iglesia en definitiva. Todos estos son los riesgos a los que nos vemos abocados si desde Roma no se corrigen veleidades como la del Obispo de Fort Worth.

Y si desde Roma eso es lo que se desea y fomenta, que Su Santidad modifique o derogue Summorum Pontificum. Pero una "guerra sucia" contra la Liturgia tradicional no es digna de nuestros Pastores ni la merecemos los fieles.

Fuente: Rorate Caeli