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miércoles, 9 de julio de 2014

MATTEO RICCI: ¿PUENTE ENTRE ROMA Y PEKÍN?

 

P_Matteo_Ricci

 

de Gerolamo Fazzini

Un punto de contacto valioso en el marco de las relaciones entre el Vaticano y China es (o al menos, podría serlo) la figura de Matteo Ricci.
No es un misterio que el jesuita originario de Las Marcas – primer extranjero enterrado en el corazón de Pekín por deseo del emperador de la época y que aún sigue sepultado allí, en la parte posterior de una escuela administrativa del partido comunista – es conocido en China y estimado también en ambientes no católicos.
Basta decir que en China las personas de cultura media, pertenecientes a cualquier tradición religiosa, conocen el personaje de Ricci y su historia, al menos de una manera general. No solo: su nombre aparece en el Monumento del Milenio, un enorme edificio que celebra la gloria de la civilización china. En él hay sólo dos extranjeros presentes, ambos italianos: uno es Marco Polo en la corte de Kublai Khan y el otro es Ricci, representado en hábitos confucianos mientras escruta el cielo.
Ahora bien, el Papa Francisco, primer pontífice jesuita de la historia, ya ha demostrado en varias ocasiones apreciar la misión de Matteo Ricci y su deseo de querer ponerla como modelo también para hoy.
A algunos perspicaces observadores como Lucio Brunelli y Gianni Valente, en el número de marzo de 2014 de la revista de geopolítica “Limes”, no se les ha escapado que la célebre expresión “casi a final del mundo” dicha por Jorge Mario Bergoglio la tarde de su elección a la cátedra de Pedro para indicar su procedencia representa, no tanto una referencia geográfica, cuanto una alusión explícita precisamente a “otro gran jesuita que amaba salir de los recintos católicos para ir hasta las periferias más extremas del planeta, ese Matteo Ricci que desde Pekín, hace cuatro siglos, escribía que se encontraba en “este final del mundo donde la obediencia me ha lanzado””.
Hay más. En la entrevista de septiembre de 2013 a "La Civiltà Cattolica", apremiado por su hermano, el también jesuita Antonio Spadaro, Bergoglio cita algunas de las más significativas etapas de la historia misionera de los jesuitas y de la misión a secas. Entre estas - junto al ejemplo de Malabar en la India y la epopeya de las "reducciones" de Paraguay, inmortalizadas en la famosa película "Mission" – menciona precisamente la extraordinaria aventura de Ricci y sus compañeros.
Pero esto no es todo. Como ha observado el vaticanista Luigi Accattoli, uno de los pasajes más interesantes del coloquio del pasado noviembre del Papa Francisco con los superiores generales de los religiosos (también publicado por "La Civiltà Cattolica") está dedicado a Matteo Ricci y su estilo misionero, que fue durante mucho tiempo incomprendido e incluso combatido.
He aquí las palabras de Bergoglio:
“El carisma no es una botella de agua destilada. Hay que vivirlo con energía, reinterpretándolo también culturalmente. Pero así haciendo se corre el riesgo de equivocarse, de cometer errores. [...] Esto no debe frenarnos, porque hay el riesgo de cometer errores mayores. De hecho, debemos pedir siempre perdón y mirar con mucha vergüenza los fracasos apostólicos causados por la falta de valentía. Pensemos, por ejemplo, en las intuiciones pioneras de Matteo Ricci que, en su época, se abandonaron".
Un experto en Ricci como el padre Gianni Criveller, misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, que ha presidido la comisión histórica en la fase diocesana del proceso de canonización del jesuita de Las Marcas, ha comentado en la revista "Credere":
“Las palabras de Bergoglio sobre Ricci son muy eficaces. Juan XXIII fue el primer Papa que, en 1959, habló de manera positiva sobre Ricci, sacándolo de la sombra de condena que gravaba sobre él después del dramático resultado de la controversia de los Ritos chinos, que tanto daño causaron a la misión en China. Pablo VI y Juan Pablo II le rehabilitaron totalmente, mientras que Benedicto XVI es, sin duda alguna, el Papa que más lo ha estudiado y mejor lo conoce, y que ha hablado de él con gran competencia y aprecio".
Tal vez sea atrevido decirlo, pero ahora que la causa del gran misionero-intelectual, concluida ya la fase diocesana del proceso, ha pasado a Roma, no parece improbable que el jesuita Bergoglio conceda un carril preferente hacia los altares a quien no sólo ha sido uno de los nombres de mayor relevancia de la Compañía de Jesús sino que, en general, ha sido uno de los protagonistas absolutos de la historia misionera de la Iglesia universal.
El precedente de Pedro Fabro - el jesuita saboyano canonizado el 17 de diciembre de 2013 por intervención directa del Papa Francisco - autoriza a esperar que sea así. La praxis adoptada para el beato Fabro - ha explicado Stefania Falasca en "Avvenire" – es la de la canonización denominada “equivalente”, práctica utilizada para figuras de especial relevancia eclesial para las cuales se ha verificado un culto litúrgico antiguo difundido y una fama de santidad y prodigios ininterrumpidos.
Hay que decir que en los deseos de Benedicto XVI estaba también que la beatificación de Ricci pudiera realizarse al mismo tiempo que la del más famoso converso chino, Xu Guangqi (el “doctor Pablo”, como es llamado en los escritos jesuitas de la época), discípulo también él de Ricci y fundador de la Iglesia católica de Shanghai.
Pero la situación de la diócesis de Shanghai, promotora de la causa, es - hoy por hoy - muy delicada. En el arco de pocos meses han muerto el obispo Aloisio Jin Luxian, jesuita de más de noventa años, reconocido por el gobierno, y el obispo “no oficial” José Fan Zhongliang, también él muy anciano, mientras su auxiliar y sucesor Tadeo Ma Daqin sigue estando sometido a graves restricciones de la libertad personal.
“Es cierto que las actuales dificultades de la diócesis de Shanghai hacen más lenta y complicada la causa de beatificación de Xu respecto a la de Ricci", admite el jesuita francés Benoît Vermander, en un artículo aparecido el pasado marzo en la página web del Instituto Ricci de Taipei. “Pero precisamente estas dificultades deberían empujar a Roma a instruir la causa con mayor diligencia: hay  muchos caminos a través de los cuales una causa de este tipo podría progresar. Han pasado más de cuatro siglos desde que Ricci llegó al paraíso. Estoy convencido de que esperaría con gusto algún año más con el fin de ser reconocido beato y santo en compañía de su amigo Xu Guangqi".
"Ricci – insiste el jesuita – inició su peregrinación china publicando un pequeño libro titulado ‘Sobre la amistad”. Su proceso de beatificación debería reflejar el espíritu con el cual realizó su compromiso misionero. En otras palabras: no beatifiquéis a Matteo Ricci sin beatificar al mismo tiempo a Xu Guangqi".
Según el padre Vermander, son al menos tres las buenas razones para unir a los dos amigos en una causa común:
“La primera es que también Xu Guangqi es un hombre cuya vida habla de santidad. La segunda es que esto cambiará el modo como es normalmente presentada la historia misionera. La tercera es que esto sería, sin duda alguna, el mejor regalo que Roma podría hacer a la Iglesia china y a China en general".
Es difícil no estar de acuerdo con estas afirmaciones.

Fuente: Sandro Magister